La verdad sobre la miocarditis causada por las vacunas

Por Rav Arora
18 de Enero de 2022 8:25 PM Actualizado: 19 de Enero de 2022 7:22 AM

Comentario

El siguiente ensayo ha sido rigurosamente verificado por el Dr. Jay Bhattacharya, profesor de medicina de Stanford y experto en enfermedades infecciosas. Las afirmaciones científicas relativas a la miocarditis posvacunal están totalmente en consonancia con la literatura médica actual.

En los últimos meses, me he enfrentado a retos insuperables para publicar mis ensayos sobre la miocarditis posvacunal, basados en entrevistas y que han sido verificados exhaustivamente, un tema que me preocupa personalmente por razones obvias: la población de mayor riesgo son los hombres jóvenes. Mis puntos de vista sobre el tema han estados basados completamente en los mejores expertos en enfermedades infecciosas y cardiólogos —de instituciones como Harvard y Stanford— en esta lista (1).

Mi incapacidad para publicar un solo artículo sobre este tema me parece un alejamiento vergonzoso de mi motivación original para convertirme en periodista hace un año y medio: sacar a la luz historias descuidadas, distorsionadas y ocultadas por los medios de comunicación liberales de élite.

Ya es suficiente.

Simplemente no puedo permanecer en silencio sobre este tema durante otros seis meses, no mientras los jóvenes varones son coaccionados y obligados a recibir inyecciones adicionales de la vacuna sin datos sobre su seguridad.

La desinformación se está extendiendo como un incendio. La censura está haciendo metástasis. Lo más alarmante es que nuestro régimen de triple vacunación universal está victimizando a más y más jóvenes varones. Y los medios de comunicación, tanto conservadores como liberales, han ignorado por completo el problema.

Esta publicación de Substack está dedicada exclusivamente a la espiritualidad, la experiencia mística y la autorrealización. Sin embargo, he decidido hacer una excepción y publicar una serie de ensayos en varias partes sobre las verdades poco reconocidas que rodean a la miocarditis inducida por las vacunas. Este ensayo detallado es la primera parte. Debo comenzar compartiendo la gota que colmó el vaso:

Un nuevo análisis del riesgo relativo de miocarditis realizado por investigadores de Oxford que publicaron un artículo en Nature Medicine el 14 de diciembre. Los autores encuentran tasas más altas de miocarditis inducida por la vacuna que de miocarditis por infección en varones de 16 a 39 años de edad entre las múltiples dosis de la vacuna: dosis 2 y 3 de Pfizer y dosis 1 y 2 de Moderna. Este gráfico compara las tasas:

Epoch Times Photo

Sin embargo, este análisis subestima el riesgo de la vacuna en determinados grupos demográficos. Como destaca el Dr. Vinay Prasad, si los investigadores utilizaran datos más precisos de seroprevalencia de la infección viral (lo que aumentaría el denominador) y analizaran el riesgo en los varones más jóvenes de entre 16 y 24 años específicamente (el grupo de mayor riesgo), la relación riesgo-beneficio se inclinaría aún más en contra de la administración a esta población de las dosis de las vacunas arriba mencionadas.

El hecho de que el gobierno y el sistema médico no reconozcan esta realidad científica básica ha dado lugar a que numerosos jóvenes tomen decisiones médicas irreversibles que resultan en daños cardíacos con posibles implicaciones a largo plazo. Antes de siquiera interesarme por este tema, solo en mi ciudad llegué a conocer tres casos verificados de miocarditis posvacuna en varones jóvenes que requirieron hospitalización:

  • Un varón de 16 años después de la segunda dosis de Moderna
  • Un varón de 17 años después de la primera dosis de Pfizer
  • Un varón de 25 años después de la primera dosis de Moderna

Al varón de 25 años, que pidió permanecer en el anonimato, se le diagnosticó taquicardia ventricular y arritmia de “alto riesgo”, es decir, latidos irregulares del corazón que causan que no bombee suficiente sangre al resto del cuerpo. Pasó 5 días en el hospital tras sufrir dolores punzantes en el pecho y dificultad para respirar después de la vacunación. Ahora tiene que ausentarse 3 meses del trabajo y no puede realizar ningún tipo de ejercicio físico. Los médicos le han dicho que incluso subir las escaleras de su casa podría agravar su estado cardíaco.

Hablé personalmente con él y su testimonio me dejó desolado:

“Me sentí muy presionado para vacunarme. Quería llevar una vida normal y poder viajar donde quisiera. Y ahora soy básicamente incapaz de hacer algo sin temer poner en riesgo mi condición cardíaca… mi vida está arruinada al menos durante los próximos meses”.

Este hombre de 25 años no forma parte de una minoría excepcionalmente pequeña de personas afectadas por la vacuna para las que este efecto secundario no podía preverse.

Como se ha establecido desde hace tiempo, la miocarditis es la reacción adversa más documentada de las vacunas de Pfizer y Moderna. Varios estudios han establecido que el riesgo de miocarditis está muy estratificado según la edad y el sexo. Un estudio realizado en Israel concluyó que los varones de entre 16 y 29 años eran los que corrían un mayor riesgo, ya que alrededor de 11 de cada 100,000 varones desarrollaban miocarditis tras la vacunación. La edición preliminar de un estudio del año pasado en el que se comparaban los riesgos por infectarse frente a los de vacunarse descubrió que los varones de entre 12 y 15 años tenían entre cuatro y seis veces más probabilidades de desarrollar una miocarditis a causa de la vacuna que de ser hospitalizados por cualquier afección relacionada con el COVID-19 (en el sentido más amplio posible, incluyendo los casos incidentales, lo que significa que el riesgo relativo de miocarditis probablemente se subestima).

Los científicos aún no han identificado el punto específico de la causalidad, ya que las vacunas son experimentales y no se conocen del todo sus implicaciones a largo plazo. Un artículo reciente del Wall Street Journal recopila las principales hipótesis sobre la causa de este efecto adverso. Una de las nuevas teorías está relacionada con la forma en que se inyecta la vacuna en el cuerpo:

“Se supone que las vacunas se inyectan en el músculo del hombro, también conocido como músculo deltoides. Si la inyección llega accidentalmente a una vena, podría llevar parte de la vacuna al corazón a través de los vasos sanguíneos”.

En cuanto al riesgo específico del género, algunos científicos especulan que se debe a los mayores niveles de testosterona en los hombres:

“El hecho de que la miocarditis parezca darse más entre los varones jóvenes después de la vacunación que en otros grupos de edad y sexo sugiere una relación con la hormona testosterona, que suele presentarse en niveles altos en los varones jóvenes, según los investigadores. La testosterona puede aumentar la respuesta inmunitaria inflamatoria, dijo el Dr. Bozkurt, lo que conduce a la miocarditis en algunos adolescentes y hombres jóvenes”.

El riesgo detectado de forma sistemática en varones jóvenes en diferentes países, revistas médicas e institutos de investigación justifica una seria precaución y una reevaluación de la vacunación completa de varones jóvenes sanos, dado su riesgo extremadamente bajo de enfermedad grave o muerte por COVID-19. Los funcionarios de salud pública de Noruega, el Reino Unido y Hong Kong han actuado con una prudencia admirable, ofreciendo solo una dosis de la vacuna a los jóvenes, ya que los casos de miocarditis se concentran después de la segunda dosis. Otros países como Finlandia, Francia y Alemania han desaconsejado la administración de la vacuna de Moderna en varones menores de 30 años debido a las mayores tasas de miocarditis en comparación con la vacuna de Pfizer.

Sin embargo, tanto Canadá como Estados Unidos han adoptado una política universal, sin hacer recomendaciones médicamente adaptadas a los adolescentes y adultos jóvenes.

Como hombre sano de 20 años, que ha sufrido pequeñas complicaciones cardíacas en la adolescencia (palpitaciones irregulares), he decidido no vacunarme. Como resultado de mi decisión personal de salud asesorada por mi médico, mi bienestar social y físico se ha visto significativamente comprometido. El gobierno canadiense (tanto provincial como federal) ha implementado políticas de vacunación coercitivas y draconianas, limitando las libertades de los no vacunados en varias partes de la sociedad.

Gran parte de mi vida social en Vancouver se ha visto restringida y mi capacidad para mantenerme en forma —medida preventiva que reduce el riesgo de padecer COVID-19 grave— se ha visto radicalmente obstaculizada. Con el resto de los canadienses no vacunados mayores de 12 años, se me prohíbe hacer ejercicio en un gimnasio, ir a clubes nocturnos, bares, grandes reuniones y bodas. Lo peor es que ahora no puedo salir del país para hacer apariciones en los medios de comunicación de Estados Unidos y visitar a mi familia en la India. Hace poco tenía previsto ir a Florida para estar en el programa de Ben Shapiro, pero el gobierno no me deja ni siquiera subir a un vuelo nacional.

¿En qué mundo es esto justo?

Bajo la presión gubernamental, las organizaciones públicas también han intensificado sus esfuerzos para obligar a los jóvenes a vacunarse. En Ontario, Canadá, la mayor liga de hockey juvenil (OMHA) ha ordenado recientemente la vacunación de todos los jugadores mayores de 12 años. El presidente de la OMHA, Bob Hill, hizo una declaración sobre la decisión de la liga:

“Sabemos que el entorno al que regresamoa a jugar es una preocupación real para una gran parte de las familias de hockey (…) Nuestro juego se desarrolla en un entorno cerrado donde puede haber un contacto estrecho, y debemos hacer todo lo posible para reducir el riesgo de cualquier transmisión en la pista de hielo. Es un deber para nuestros jugadores, nuestros funcionarios y nuestras comunidades”.

A menos que uno esté dispuesto a dar a su hijo una vacuna de refuerzo insuficientemente probada con una frecuencia aproximada de 6 meses, este razonamiento que se utiliza para impulsar las órdenes de vacunación infantil se desmorona bajo un escrutinio más detallado. La eficacia de las vacunas contra la infección disminuye significativamente con el tiempo (una idea que hasta el verano pasado se consideraba una conspiración de la derecha). Un estudio publicado en The Lancet mostraba una reducción del 55% en la eficacia de la vacuna contra la infección cinco meses después de la vacunación, una tendencia que se va reduciendo con el tiempo. Cualquier beneficio público que la vacunación infantil pudiera aportar es temporal.

Le pregunté al Dr. Mike Hart (conocido por su aparición en el podcast de Joe Rogan), uno de los médicos que consulté y que dirige una importante clínica médica en Ontario, su opinión de tal orden:

“No creo que sea una buena política. Para las poblaciones vulnerables, las vacunas tienen sentido; pero para los jóvenes sanos, los riesgos de la vacuna pueden superar los beneficios”.

“El riesgo de miocarditis por COVID es mucho mayor que el riesgo de miocarditis por la vacuna en la población general, pero en grupos más jóvenes, las mejores pruebas disponibles sugieren que eso no es cierto”.

Desgraciadamente, los expertos médicos como el Dr. Hart que consideran tanto los costes como los beneficios de la vacuna han sido marginados por los portavoces del sistema médico que están comprometidos con vacunar a todo el mundo sin tener en cuenta el riesgo-beneficio individual.

Cuando el principal corresponsal médico de la CNN, el Dr. Sanjay Gupta, apareció en el podcast de Joe Rogan y se le preguntó repetidamente sobre el riesgo de miocarditis en varones jóvenes, respondió con la afirmación de que la mayoría de los pacientes con miocarditis experimentan síntomas leves y se recuperan rápidamente. Cuando el célebre médico Dr. Oz recibió la misma pregunta de FOX 29 Philadelphia a principios de este año, respondió de forma casi idéntica: la miocarditis es una afección médica leve y fácil de curar y no debería desanimar a los adolescentes varones sanos a recibir la vacuna.

Sin embargo, la miocarditis está documentada desde hace tiempo como causa de fatiga crónica, falta de aliento y dolor en el pecho, lo que provoca interrupciones en la actividad física. Varios de los mejores cardiólogos del país —como el Dr. John Mandrola, la Dra. Amy Kontorovich y el Dr. Venk Murthy— se han pronunciado públicamente en contra de restar importancia a la miocarditis inducida por la vacuna.

Según la Dra. Kontorovich, profesora de medicina y cardiología en la Escuela de Medicina Icahn de Mount Sinai:

“[M]uchos de los afectados son jóvenes que antes estaban sanos y ahora toman tres o más medicamentos para el corazón y posiblemente no puedan trabajar debido a los síntomas, incluso si su función cardíaca ‘vuelve a ser normal'”.

El Dr. Venk Murthy, cardiólogo de la Universidad de Michigan, también ha señalado:

“A las personas con miocarditis se les suele aconsejar que limiten su actividad, se les administran uno o más medicamentos y corren un mayor riesgo de sufrir complicaciones cardíacas durante toda su vida. Esto puede tener profundas consecuencias. … [Se les] suele decir que limiten la actividad durante varios meses, a veces más. Esto significa no hacer deporte. A algunos niños se les dice que no carguen libros para ir a la escuela”.

En sus intentos por restar importancia a estos riesgos reales y cuantificables, los que tienen las voces más poderosas en la comunidad médica realizan trucos de distorsión claramente refutables de la investigación científica en las cadenas principales. En su aparición en el programa de Erin Burnett en la CNN, el Dr. Sanjay Gupta abordó la preocupación pública de la miocarditis por la vacunación de los adolescentes presentando un estudio que concluye que la miocarditis inducida por la infección supone un mayor riesgo en comparación con la vacuna.

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(Captura de pantalla/CNN)

Una lectura rápida del estudio revela que es irrelevante para el análisis de coste-beneficio de la vacunación de jóvenes varones sanos. La tasa de miocarditis posvacunación de 2.7 por cada 100,000 personas procede de una población muy diversa (en edad y género) con una edad promedio de 38 años en el estudio. Además, el grupo de edad específico de mayor riesgo de miocarditis —de 12 a 15 años— no se incluyó en la población estudiada. La preocupación alarmante se centra en los varones jóvenes específicamente, no en la población general. Y, sin embargo, el segmento de la CNN se cerró con Erin Burnett resumiendo esta falsedad total basada en el análisis asombrosamente deshonesto del Dr. Gupta sobre el tema:

“El riesgo número uno [de la vacuna] del que se oye hablar para los chicos jóvenes es la miocarditis. Usted dice que el riesgo de contraerla es cinco veces mayor por el Covid que por la vacuna. Creo que es una estadística increíblemente poderosa y básica para que la gente la conozca”.

Otro clip viral de Joe Rogan hablando sobre la miocarditis ha sido aprovechado por los medios de comunicación para promover su agenda de vacunación universal:

El estudio que aparece en el artículo que Rogan analiza en el que se encuentra un mayor riesgo de miocarditis inducida por la infección que por la vacuna tiene muchos errores. Como ha señalado la médica y epidemióloga Tracy Høeg, los autores del estudio infravaloran enormemente tanto la incidencia de las infecciones por Covid (exagerando así el riesgo de infección) como la miocarditis posvacunal. Esta última se subestima por un factor de tres o cuatro como mínimo.

Como resultado, los autores concluyen de manera falaz que la miocarditis posinfección supone un mayor riesgo que la miocarditis posvacuna en varones jóvenes.

La antes mencionada edición preliminar de un estudio de los investigadores de Oxford, publicada el mes pasado, es el análisis más completo, sólido y riguroso del riesgo relativo de miocarditis.

(Nota: la Dr. Høeg fue la investigadora principal del convincente estudio que encontró una incidencia de cuatro a seis veces mayor de miocarditis relacionada con la vacuna que cualquier forma de hospitalización por Covid en varones de 12 a 15 años. Lea la cobertura de The Guardian aquí).

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Al igual que nuestras conversaciones en torno al cambio climático, la justicia penal y el racismo, el tema de la vacunación se ha convertido en algo dolorosamente polarizado según líneas maniqueístas. Cualquier desviación del apoyo a la vacunación obligatoria universal suscita acusaciones indefendibles de ser un “antivacunas”, una realidad con la que se topó el jugador de la NBA Jonathan Isaac, de 23 años, no vacunado (que tiene inmunidad natural), en un artículo engañoso de Rolling Stone.

Ni el riesgo de COVID-19 ni los efectos secundarios de la vacuna se distribuyen por igual entre la población. Aunque el riesgo general es minúsculo, el riesgo individual de miocarditis inducida por la vacuna en varones jóvenes de entre 18 y 24 años es de aproximadamente 1 entre 2000, según un estudio reciente realizado por la Dra. Katie A. Sharff, una de las mejores especialistas en enfermedades infecciosas. Según este cálculo, un millón de vacunas administradas a este grupo de edad produciría 500 casos de inflamación del corazón en chicos que, por lo demás, tenían un riesgo casi nulo de COVID-19.

Las implicaciones de estos datos son devastadoras si las autoridades de salud pública siguen fomentando, y peor aún, obligando a los jóvenes varones a aplicarse dosis de refuerzo como se está haciendo en Princeton, NYU, Stanford, UMass Amherst, Dartmouth y otras grandes universidades estadounidenses (más sobre esto pronto).

Muchos en los medios de comunicación y en el sistema médico promueven legítimamente la vacunación para prevenir enfermedades graves o la muerte, pero reaccionan a cualquier información que deslegitime o cuestione en lo más mínimo la seguridad y eficacia de la vacunación con una especie de estricta oposición religiosa. “Segura y eficaz” se ha convertido en un mantra utilizado para acallar la oposición a la vacunación universal.

Apoyar la vacuna significa discutir honestamente los riesgos reales de la vacunación en grupos demográficos específicos, sin minimizarlos ni exagerarlos. Por otro lado, ofuscar, minimizar y engañar al público socava la confianza en la vacuna, una innovación científica milagrosa que ha transformado el curso de la pandemia al evitar millones de muertes y casos de enfermedades graves.

La honestidad, los matices y la compasión son especialmente necesarios cuando se trata de decisiones personales sobre la salud. Solo nacemos con un cuerpo y debemos tomar decisiones con conocimiento por nuestra propia voluntad, sin coacciones gubernamentales ni presiones políticas.

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  1. Expertos médicos en los que se basó el análisis de este ensayo: Dr. Vinay Prasad, Dr. Tracy Hoeg, Dr. Jay Bhattacharya, Dr. Martin Kulldorff, Dr. Ramin Farzaneh-Far, Dr. John Mandrola, Dr. Aseem Malhotra.

Este artículo se publicó originalmente en Noble Truths with Rav Arora.


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Las opiniones expresadas en este artículo son propias del autor y no necesariamente reflejan las opiniones de La Gran Época

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