Los chinos se enfrentan a una grave crisis matrimonial

05 de Septiembre de 2017 Actualizado: 06 de Septiembre de 2017

Ding Haihong, natural de Shanghai, se casó a los 25 años de edad, siguiendo el guión marcado para las chicas de su generación en la década de 1990: formar una familia lo antes posible. Su hija Jenny Xu, de 21 años, tiene otras preferencias.

Para empezar, ni siquiera reside en China, sino que se encuentra en Australia completando sus estudios de Educación Infantil, y por ahora no se plantea buscar pareja, aunque si lo hiciese, tiene muy claro a quién recurrir en busca de consejo, y no es precisamente a su madre.

“Hoy en día es más fácil salir fuera del país. Podemos conocer gente de todo el mundo, ya no hace falta quedarse con los mismos de siempre. Internet y las nuevas tecnologías nos lo ponen hoy más fácil que nunca”, dice.

El marcado contraste entre madre e hija refleja a la perfección el drástico cambio de tendencia en materia matrimonial.

Una tradición confuciana

“Los dieciocho eruditos” por un artista anónimo de la Dinastía Ming. La pintura representa a los dieciocho eruditos confucianos reunidos por el emperador Taizong de Tang, cuando estableció el Instituto de Estudios Literarios. (Dominio público)

La familia constituye un pilar básico de la civilización china desde hace miles de años. Una de las obligaciones del ‘hombre noble’ confuciano era tener descendencia para honrar así a los antepasados.

La tradición imponía, además, la obligación de tener al menos un hijo varón, una costumbre que ha permanecido intacta hasta nuestros días y cuya consecuencia más palpable es el mayor número de hombres que existe hoy en la pirámide poblacional.

Un buen trabajo, un buen salario y un piso en propiedad

Actualmente casi todos los nuevos matrimonios están compuestos por hijos únicos, la mayoría de ellos varones, nacidos a partir de la década de 1980. Una generación de chinos excesivamente exigentes a la hora de buscar pareja, movidos por las altas demandas de sus progenitores, quienes en la práctica son los que deciden con quién, cómo y a qué precio tienen que casarse.

Esas ‘condiciones mínimas’ suelen ser especialmente sangrantes en el caso de las chicas, cuyos padres exigen al futuro yerno que sea capaz de garantizar una elevada solvencia económica.

(Peter Rogers / Newsmakers)

Un buen trabajo, un buen salario y un piso en propiedad, a ser posible sin hipoteca. Estas son las tres condiciones que debe tener un buen pretendiente que resida en una gran ciudad.

“El requisito económico y el precio alto de la vivienda hacen que muchos hombres de ingresos medios o bajos no tengan ninguna oportunidad de encontrar pareja”, dice Steven Yuan, de 39 años, director financiero de una multinacional en Shanghai, oriundo de la provincia sureña de Yunnan.

Mujeres sobrantes

Al otro lado de la balanza cada vez son más las mujeres que quedan solteras. La mayoría acaban engrosando las filas de las llamadas shengnü, o ‘mujeres sobrantes’, un término acuñado para referirse a las chicas mayores de 27 años que no han conseguido contraer matrimonio.

En las grandes ciudades muchas de ellas son mujeres con estudios superiores que han retrasado la formación de la familia en pos de su carrera profesional. Según datos oficiales, en China, hasta un 50 % de las mujeres con estudios superiores o universitarios están solteras, un 10 % más que los hombres con este nivel educativo.

Para Xu Ziping, un informático de Shanghai de 33 años, el problema radica en la presión ejercida por los padres (sobre todo las madres) de los novios, quienes “exigen tener una nuera de menos de 33 años que pueda tener hijos”.

Miao Yinghua, Hou Lijun, Hu Wenjing y Zhuang Lili son compañeras de trabajo en la sede central del China Construction Bank de Shanghai. Aunque todas ellas rondan los 35 años de edad, ninguna está casada. La familia aprieta, pero no ahoga a estas mujeres independientes que, sin embargo, todavía viven con sus padres.

Gozan de libertad y tiempo libre, dos cualidades que valoran y que en muchos casos les hace ser incomprendidas por gente de su generación. “Muchos familiares, amigos o compañeros de trabajo nos tratan como si tuviéramos una enfermedad rara”, dice Miao YingHu, quien declara sin tapujos que, al casarse, las mujeres en China se convierten en “esclavas”.

Una generación más abierta

Una mujer posa para una foto de una boda en frente del distrito financiero de Pudong en Shanghai el 19 de marzo de 2015. (JOHANNES EISELE / AFP /Getty Images)
Una mujer posa para una foto de una boda en frente del distrito financiero de Pudong en Shanghai el 19 de marzo de 2015. (JOHANNES EISELE / AFP /Getty Images)

Los chinos nacidos en los años ´90 tienen otro orden de prioridades. La excesiva presión que reciben por parte de la familia parece estar decantando la balanza hacia el lado contrario: el de una generación movida por intereses personales que se interesa mucho más por su bienestar individual que en responder a lo que la sociedad y sus progenitores esperan de ellos.

Es el caso de Zhao Qinyi, estudiante universitaria de 19 años de edad, para quien la búsqueda de pareja no aparece en sus planes, ni siquiera a largo plazo. Admite que en su día a día solo le queda tiempo para una de las dos cosas: estudiar o buscar pareja.

Cuando se le pregunta qué requisitos debería cumplir su pretendiente, afirma con rotundidad que lo importante es la belleza. “Si eres feo, pierdes la mitad de las oportunidades”, sentencia.

Para Xulio Ríos, director del Observatorio de Política China, este cambio de tendencia se reafirmará con el paso de tiempo y dará lugar a una ruptura con la mentalidad tradicional.

“Los futuros padres chinos serán más abiertos con sus hijos”, agrega.

Además, asegura que “actualmente la gente joven tiende más a elegir una vida de soltero sin importar la presión familiar. La clave –matiza- es que ahora tienen más libertad para decidir acerca de su matrimonio”.

Un país de viejos

El descenso en el número de matrimonios preocupa tanto a Beijing que en 2015 el Ejecutivo abandonó definitivamente la política de hijo único para contrarrestar el descenso de población.

Según Ríos, el principal problema radica en el modelo económico y laboral de China.

“El trabajo lo ocupa todo y las relaciones afectivas están en un segundo plano”, afirma. “En las grandes ciudades muchas parejas jóvenes no es que no quieran, es que no pueden permitirse un segundo hijo”, sentencia.

Quizá esta deriva poblacional pueda revertirse si los chinos dejan de considerar el matrimonio como una obligación familiar y pasan a concebirlo como un derecho individual, una decisión personal y libre.

La joven Jenny Xu parece tenerlo claro. “Vivimos en una sociedad global, por eso es más fácil vivir de una forma distinta”. Cuando uno le pregunta si le gustaría casarse en el futuro, manifiesta tajantemente que en China “el matrimonio está pasado de moda”.

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