Los Hermanos Musulmanes son una organización terrorista con raíces en el socialismo

Por Joshua Philipp - La Gran Época
06 de Mayo de 2019 Actualizado: 06 de Mayo de 2019

Comentario

Mientras el gobierno de Trump se prepara para designar a los Hermanos Musulmanes como organización terrorista, es importante conocer sus orígenes y de qué se trata realmente. La razón por la que los Hermanos Musulmanes y su modelo internacional goza del apoyo de los movimientos socialistas—a pesar de que la hermandad se opone a toda tendencia “progresista” que estos movimientos dicen creer—es que todos ellos creen en las mismas teorías básicas de gobierno totalitario.

Los Hermanos Musulmanes no es una forma de islamismo tradicional. La organización comenzó en 1928 como un movimiento de “modernización” que fusionaba el Islam con ideas del socialismo. Promueve un sistema de socialismo teocrático, y desde el inicio impulsó una “jihad ofensiva” para difundir el sistema de gobierno totalitario.

Uno de los modelos principales de teocracia socialista fue invención de Sayyid Qutb, considerado padre fundador de los Hermanos Musulmanes Egipcios. Sus libros “Milestones” (1964) y “En la sombra del Corán” (escrito entre 1951 y 1965), jugaron un importante rol en crear los nuevos regímenes islámicos que han llenado al mundo árabe.

Qutb también promovía la “jihad ofensiva”, la cual estimuló la creación de regímenes tiránicos bajo esta nueva forma de “islamismo”.

Según el Dr. Zuhdi Jasser, presidente del Foro Islámico Americano por la Democracia, las revisiones al islam de Qutb deformaron el concepto de sharia (ley islámica) para fusionar la política socialista en un sistema de gobierno teocrático. En una entrevista previa, explicó que Qutb “evoca mucha de la ideología islámica para promover la teocracia”.

Jasser explica que bajo este modelo, las críticas al gobierno se vuelven sinónimo de ataques a la religión. Esto permite a los tiranos socialistas asesinar a críticos y opositores políticos bajo la pretensión de defender la religión.

Seguramente debido a sus raíces políticas, los tiranos socialistas de Occidente promueven la aceptación de los Hermanos Musulmanes a pesar de la evidente contradicción con lo que pregonan. Por debajo de la superficie está el mismo empuje por el control social y poder político.

Este nuevo tipo de Islam “se ocupa del comunismo, el socialismo, el nacionalismo, el liberalismo y todas las corrientes de Occidente”, según el libro de 2005 “El enigma saudita: Una historia” de Pascal Ménoret, que cita al académico islámico de izquierda Ali al-Umaym.

Al mismo tiempo, esta mezcla de socialismo e islamismo fue un factor clave detrás del terrorismo islámico moderno. Una parte llegó con los movimientos de “frente de liberación” de la Unión Soviética, como el Frente por la Liberación de Palestina de Yasser Arafat. Otra parte clave llegó con la influencia de los Hermanos Musulmanes detrás del grupo terrorista Al Qaeda.

El hermano de Qutb fue mentor de Osama bin Laden, y las ideas de Qutb ayudaron a inspirar Al Qaeda. El New York Times informó en 2003 que, “en el corazón de esa única escuela de pensamiento se encontraba, hasta su ejecución en 1966, un filósofo llamado Sayyid Qutb –el héroe intelectual de cada uno de los grupos que finalmente entraron en Al Qaeda, su Karl Marx (por decirlo así), su guía”.

Si se echa una mirada a países como Irán y Afganistán antes de que se estableciera esta nueva forma de teocracia socialista, se puede notar algo interesante: las ciudades se ven como las de los países occidentales. Las mujeres se vestían similar a las mujeres de Estados Unidos en los 70. Desde entonces, se han vuelto víctimas de este sistema tiránico de socialismo religioso.

¿Y han notado que, a pesar de que los socialistas en Occidente apoyan al Islam internacional, esos mismos socialistas parecen oponerse al modelo de Arabia Saudita? Esto podría ser porque el modelo saudita nunca adoptó por completo al Islam socialista —adoptó algunas partes, pero en su mayoría mantuvo el antiguo modelo conservador.

Durante los 50 y los 60, el “modelo egipcio” de islamismo de los Hermanos Musulmanes llegó a las puertas de Arabia Saudita bajo la bandera de la “modernización”.

Los movimientos socialistas y comunistas se diseminaban por Arabia Saudita, pidiendo “reformas egipcias” para reemplazar la forma tradicional de monarquía conservadora. Entre estos movimientos estaban el Comité Central de Trabajadores Árabes, la Organización de Comunistas Sauditas y el Frente de Liberación Nacional, que luego se convirtió en el Partido Comunista de Arabia Saudita.

Un grupo de príncipes sauditas se unió a estos movimientos, lo que desembocó en el movimiento de los “Príncipes libres”. Su principal líder fue el padre del progresismo saudita moderno, Al-Waleed bin Talal, conocido como “el príncipe rojo”. Se los calificó como una forma de comunismo velado, y su intento de golpe fue desbaratado. Sin embargo, y a pesar de esto, individuos como bin Talal aún siguen promoviendo su plan.

Desde entonces, Arabia Saudita ha designado a los Hermanos Musulmanes como organización terrorista. Así también lo ha hecho Bahrain, Egipto, Rusia, Siria y los Emiratos Árabes Unidos.

Estados Unidos probablemente haga pronto lo mismo, a pesar de la fuerte presión de los grandes medios de información y de los políticos socialistas.

La secretaria de prensa de la Casa Blanca, Sarah Sanders, dijo en una declaración: “El Presidente ha consultado con su equipo de seguridad nacional y líderes de la región que comparten su preocupación, y la designación está en curso dentro de los procedimientos internos”.

Los musulmanes que se oponen al modelo teocrático de los Hermanos Musulmanes respaldan la decisión. Mohamad Tawhidi, un imán reformista y defensor de la paz, escribió en Twitter: “Si el presidente Trump designa a los Hermanos Musulmanes como organización terrorista, será el acierto más grande para el movimiento islámico global. [Los Hermanos Musulmanes] tienen la red más organizada de instituciones, políticos y bancos. Esto sacudirá su imperio. Hágalo. Lo más pronto posible”.

Las opiniones expresadas en este artículo son la opinión del autor y no reflejan necesariamente las opiniones de La Gran Época.

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