Microcefalia en niños: ¿causada por el virus Zika o por plaguicidas?

12 de Febrero de 2016 Actualizado: 12 de Febrero de 2016

A finales de octubre de 2015, el estado brasileño de Pernambuco, situado en el noreste del país, comenzó reportando un aumento dramático en el número de bebés nacidos con microcefalia, una condición caracterizada por una cabeza y cerebro encogidos. A los casos de Pernambuco lo siguieron pronto otros similares en estados cercanos a Bahía y Paraíba.

Los casos de microcefalia parecían estar conectados al brote del virus Zika, conocido por primera vez en Uganda en la década de 1940. Zika se transmite por el Aedes aegypti, una especie de mosquito que crece en aguas estancadas. Igual que los de la malaria, el dengue y el Chikungunya, la infección del virus Zika tienen síntomas parecidos: fiebre, dolor articular y erupciones cutáneas.

Por eso, siniestramente paralelo al aumento del número de mujeres embarazadas infectadas con el virus Zika, hubo un aumento de casos de microcefalia en sus hijos. Como tomografías computarizadas del cerebro de los bebés mostraron signos de calcificación asociados generalmente a una enfermedad infecciosa, muchos expertos pensaron que más que una anormalidad genética, la microcefalia la causaba el virus Zika.

Equivalentemente, en 2014 hubo en todo Brasil 150 casos de microcefalia. En 2015 se reportaron 3.893 casos de microcefalia – Pernambuco representa casi un tercio del número total de casos. Entonces, parecía claro que el virus Zika estaba causando la microcefalia en los bebés.

Agentes trabajan en el empañamiento de plaguicidas para combatir las larvas de Aedes aegypti, el mosquito transmisor del virus Zika, en el barrio Butanta de Sao Paulo, Brasil, el 29 de enero de 2016. (Victor Moriyama/Getty Images)
Agentes trabajan en el empañamiento de plaguicidas para combatir las larvas de Aedes aegypti, el mosquito transmisor del virus Zika, en el barrio Butanta de Sao Paulo, Brasil, el 29 de enero de 2016. (Victor Moriyama/Getty Images)

Sin embargo, la Dra. Margaret Chan, directora general de la Organización Mundial de la Salud (OMS) sugiere PRECAUCIÓN: “Aunque no exista una relación causal entre la infección Zika en el embarazo y la microcefalia, debo enfatizar, no se estableció la evidencia circunstancial, eso es sugerente y muy preocupante”, dijo ella.

A la opinión de la Dra. Chan, le hizo eco el de la Dra. Patricia Pestana Garcez, experta en neuro desarrollo que estudia microcefalia en la Universidad Federal de Rio de Janeiro en Brasil. Pestana dijo, “No hay ninguna evidencia directa de que el virus cause microcefalia”. Agregó que sin embargo las evidencias circunstanciales eran lo suficientemente fuertes como para aconsejar a todo el mundo no tomar riegos.

Al mismo tiempo que se está estudiando el papel del virus Zika en la producción de microcefalia en los niños, algunos activistas ambientales llamaron la atención sobre el papel de los plaguicidas como posible causa de esta anormalidad en los niños.

Muchos expertos y defensores del medio ambiente alertaron sobre cómo algunos agroquímicos a los que reguladores de Estados Unidos clasificaron como “altamente tóxico” – como el paraquat, y que han sido prohibidos o eliminados en los principales países industrializados, se siguen usando ampliamente en muchos otros países en desarrollo, especialmente en Brasil. Particularmente se utiliza en el noreste de Brasil, donde casi un tercio de los casos de microcefalia se producen hasta hoy.

Un avión fumigador con pesticidas aerosoles Lanate, está prohibido en la mayoría de los países europeos, para el algodón y la patata en campos cerca de la Ciudad de Arvin, California, el 7 de mayo de 2008. Arvin tiene un historial de incidentes de salud relacionados con los pesticidas. (David McNew/Getty Images)
Un avión fumigador con pesticidas aerosoles Lanate, está prohibido en la mayoría de los países europeos, para el algodón y la patata en campos cerca de la Ciudad de Arvin, California, el 7 de mayo de 2008. Arvin tiene un historial de incidentes de salud relacionados con los pesticidas. (David McNew/Getty Images)

En los últimos años Brasil se convirtió en uno de los mayores exportadores de jugo de naranja, azúcar, café, carne, pollo y soya. Probablemente la enorme producción de Brasil de estos artículos se debe, en parte, a la amplia utilización de pesticidas, muchos de ellos altamente tóxicos para los seres humanos.

Según la OMS, a nivel mundial hay cada año más de 3 millones de casos de envenenamiento por pesticidas y más de 220.000 muertes, sobre todo en los países en desarrollo.

La exposición de algunos plaguicidas puede causar una amplia gama de problemas de salud como la pérdida de memoria, pérdida de coordinación, efectos conductuales y habilidades motoras reducidas. Además, pueden causar asma, alergias, cáncer, trastornos hormonales y problemas con la reproducción y el desarrollo fetal, tales como la microcefalia. Los niños están en mayor riesgo de exposición a los pesticidas debido a su tamaño y a que su sistema inmunológico aún no está completamente desarrollado.

Teniendo en cuenta que estos efectos tóxicos de plaguicidas se utilizan mucho más en la región noreste de Brasil, no es descabellado pensar que, al menos en algunos casos, la microcefalia se puede deber al excesivo uso de pesticidas tóxicos y a que estos efectos son desenmascarados por la infección del virus Zika. También es posible pensar que la microcefalia en los niños puede tener un origen causal múltiple.

Esta situación plantea la urgente necesidad de investigar más a fondo los efectos de los plaguicidas que causan microcefalia en los niños; y para las autoridades de salud pública de los países más amenazados por este virus, coordinar las acciones para un control más efectivo de la epidemia y el virus Zika.

El Dr. César Chelala es un consultor de salud pública mundial para varias agencias de las Naciones Unidas y otros organismos internacionales. Ha llevado a cabo misiones relacionadas con la salud en 50 países en todo el mundo. Vive en Nueva York y escribe extensivamente sobre los derechos humanos y cuestiones de política exterior y es el receptor de premios del Overseas Press Club of America, ADEPA y Chaski y recientemente recibió la Medalla de Oro, cedro del Líbano. Es también autor de varias publicaciones oficiales U.N. sobre temas de salud.

Las opiniones expresadas en este artículo son los puntos de vista de los autores y no reflejan necesariamente los de La Gran Época.

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