Mortandad de peces por la marea roja espanta a turistas de costa de Florida

Por EFE
19 de septiembre de 2018 12:23 PM Actualizado: 19 de septiembre de 2018 3:15 PM

La marea roja, con sus olores fétidos, aguas amarillentas y mortandad de peces, ha ahuyentado a los turistas de la costa suroeste del «Estado del Sol» y tiene alarmados a los comercios floridanos que subsisten de esa industria.

«Llegamos aquí esta mañana y había dos peces muertos y en este momento ya hay como dos mil, ¡esto es una locura!», manifestó July Castellanos a Efe, quien apenas pudo expresarse por la irritación de la garganta.

Castellanos es una de las muy pocas bañistas que se atrevió a ir este fin de semana a una playa de la Isla de Ana María, al sur de la Bahía de Tampa y al norte de Sarasota en las costas del Golfo de México.

Allí la marea roja, como se conoce la contaminación por una microalga tóxica, regresó con más fuerza después de unos días de calma.

Los pocos presentes en esta playa que atrae a turistas extranjeros se quejaron de dolor de cabeza y ardor en los ojos, debido al vapor que genera la alga tóxica.

«Obviamente estamos tosiendo, no estaba tan mal hasta ahora», se lamentó Castellanos.

Esta toxina neurológica ataca el sistema nervioso de los humanos y también el de los animales, lo que ha provocado la muerte de miles de peces, y de por lo menos un centenar de manatíes y delfines en los últimos meses.

El fenómeno se extiende aún a lo largo de 125 millas (233 kilómetros) de la costa suroeste del Estado con altos niveles de toxinas, y por primera vez se ha detectado en la costa noroeste de Florida, según la Comisión para la Conservación de la Pesca y la Fauna (FWC).

El Departamento de Protección Ambiental de Florida anunció hoy un fondo adicional de 4 millones de dólares para combatir los efectos de la «marea roja», según informó la oficina del gobernador Rick Scott.

El monto dado a conocer este martes eleva a 13 millones de dólares el total de fondos que desde el pasado mes de julio las autoridades estatales han dado a comunidades -muchas de ellas que viven del turismo- afectadas por este fenómeno producido por la contaminación generada por una microalga tóxica que ha dejado a cientos de miles de peces muertos en las orillas de las playas.

«Definitivamente la marea roja está ocasionando que menos y menos personas vengan a comprar, está afectando seriamente a los negocios», manifestó Linda Gilbert, encargada de una heladería en el corazón de la paradisíaca isla.

Argumentó que con la difícil situación económica muchos negocios están subsistiendo gracias a la buena voluntad de vecinos, que acuden como clientes solidarios.

El desplome de los negocio ha sido general en la zona.

Ken Perks, dueño de un restaurante, explicó que en septiembre suele haber una disminución del turismo por los estudiantes que regresan al colegio, pero que suele ser compensada con el turismo europeo.

«¡Está muy lento! En esta misma temporada usualmente tenemos más viajeros de Europa, y hoy está más bajo de lo que solía estar», precisó.

Al norte de la Isla de Ana María, a poco más de 4 millas (unos 6 kilómetros), hasta el histórico Fuerte de Hernando de Soto en el condado Pinellas, la mortandad de peces es aún mayor.

En ese lugar además de las aguas del mar, llegan aguas de río afectadas por la putrefacta y espesa alga azul-verdosa que se forma a raíz de las descargas controladas de agua contaminada del lago Okeechobee.

En esta área del condado de Pinellas yace un afamado parque histórico, que este fin de semana estuvo desolado pese a que la entrada es gratuita.

En ese condado y en los de Manatee, Sarasota, Charlotte y Lee, la FWC ha detectado en la última semana una «alta concentración» del microorganismo «Karenia brevis» (causante de la marea roja), de hasta más de «un millón de células por litro».

Tanto la marea roja y el alga azul-verdosa han espantado a los turistas.

El florecimiento de la marea roja, que según la FWC, se extiende hasta 10 millas (16 kilómetros) mar adentro en algunas áreas, ha alterado el ecosistema debido a la descomposición de los peces muertos, que consume todo el oxígeno.

Se trata de un fenómeno que se ha extendido más de lo normal, desde noviembre de 2017.

Entre tanto, el desagüe del lago Okeechobee a los estuarios de los ríos St. Lucie y Caloosahatchee, cuya contaminación debida al exceso de nutrientes es propicia para la formación de esas otras algas tóxicas, es un problema frecuente en los últimos inviernos.

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