Cinco meses sin rastro del submarino argentino pero las familias no se rinden

Por EFE
15 de abril de 2018 11:06 PM Actualizado: 16 de abril de 2018 12:20 AM

Cinco meses han pasado desde la desaparición del submarino argentino en aguas del Océano Atlántico y los familiares y allegados de los tripulantes hacen el duelo en las condiciones que pueden. En la base naval de Mar del Plata no olvidan y de ella han hecho algunos su casa.

Situado a 400 kilómetros de Buenos Aires, este asentamiento militar era el destino de viaje del submarino ARA San Juan y sus 44 tripulantes.La comunicación con la embarcación se perdió el 15 de noviembre de 2017 en su trayecto desde el puerto austral de Ushuaia y cuya búsqueda ha resultado infructuosa hasta el día de hoy.

«Estoy en la base para no abandonar a mi hijo, ese es mi lema, no voy a lucrar con su vida. Estoy acá para defender a mi hijo, para que lo sigan buscando y que los traigan, como sea», recalca a Efe Eva Zulma Sandoval, madre del submarinista Celso Óscar Vallejos.

Asentada en la base de la Armada Argentina, habilitada junto a un hotel de la zona para que los familiares puedan residir próximos al centro donde reciben el parte diario, Zulma, su marido y sus dos hijas cambiaron su vivienda habitual en la localidad por el puerto, a la espera de al menos una noticia esperanzadora.

«Yo estoy por algo bueno pero soy realista, si no está en esta vida lo voy a aceptar, pero necesito saber lo que pasó. La única manera de saberlo es estando acá, que me vean», remarca Zulma.

Porque para ella, «luchar es eso, estar acá las 24 horas del día» aunque también admite que cada familiar «reaccionó como pudo», especialmente cuando les hicieron saber que se había detectado una explosión en la zona de la última ubicación que se supo del buque.

Las pocas novedades procedentes del Gobierno se estiran y estiran para los familiares que aguardan que la causa judicial, como la comisión de investigación parlamentaria involucradas con el caso, arrojen algo de luz sobre su desasosiego.

«Tanta incertidumbre nos genera mucha angustia. El no poder estar junto a los demás familiares y hablar con mi nuera y mi nieta (esposa e hija del desaparecido) permanentemente, es un dolor que solamente conoce el que lo vive», lamenta Jorge Villareal, padre del jefe de operaciones del ARA San Juan, Fernando Villareal.

A diferencia de aquellos que pueden permitirse hacer un parón en su rutina, Villareal y su mujer viven a 750 kilómetros de la capital, un impedimento para acudir por ejemplo, a las sesiones de la Comisión Bicameral Especial que trata el tema en el Senado y así estar más cerca del foco de las noticias.

En esa sesión plenaria comparecerá mañana el ministro de Defensa, Óscar Aguad, donde se espera que haga entrega de un informe en el que se detalle lo ocurrido desde que se perdió la comunicación con el ARA San Juan el pasado noviembre.

«La vía legal es la única manera de conseguir que a los responsables se les dé el castigo que merecen; ellos no salían de viaje de placer sino de adiestramiento, estaban custodiando nuestra soberanía», asegura Villareal.

Ya hace más de dos semanas que algunos de los familiares intervinieron en la Comisión en la que instaron a la cartera de Aguad, a contratar a una empresa privada para mejorar la búsqueda, ya que solo un buque argentino permanece en la zona de operaciones, cercada a 430 kilómetros de la costa patagónica.

En cinco meses se han sucedido muchas noticias, pero sin una respuesta concisa por parte del Gobierno sobre lo ocurrido.

«No puedo decir que mi hijo no está porque no tengo nada concreto, no sé nada», dice Zulma.

Así y todo, la mayoría de los seres queridos demandan una atención acorde para la situación por la que están pasando.

Una petición que impulsó hace dos días a Jessica Gopar, esposa del cabo principal electricista Fernando Santilli, a difundir en sus redes un video en el que afirma que muchas se encuentran «desamparadas» y sin recursos para compensar la pérdida de no solo un ser querido, sino una parte sustentadora de la familia.

«La gente nos ha ayudado mucho pero quien tiene que estar presente, que es el Estado y las Fuerzas Armadas, están totalmente ausentes. No nos abandonen», suplica Gopar.

Desde Buenos Aires, Mar del Plata, Necochea, Punta Alta (ciudades de la provincia bonaerense) y otros puntos del país, cada uno continúa con su lucha desde donde le permite su fortaleza emocional.

«Estamos enteros», admite Zulma, sí, pero sin una razón de ser.

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