El espíritu de dar y la caridad en la antigua China

Por CINDY CHAN, la gran época
08 de marzo de 2020 12:43 PM Actualizado: 09 de marzo de 2020 1:25 PM

La cultura tradicional china, por medio de su arraigado énfasis en la benevolencia hacia los demás, ofrece inspiración acerca de la sabiduría y el espíritu de dar y la caridad.

Un antiguo proverbio chino de hace más de 2000 años declara: «Tener ciudadanos virtuosos que sean amables con sus vecinos, es un tesoro precioso para un país».

Estas palabras expresan no solo las antiguas aspiraciones del pueblo chino sobre las buenas relaciones con los demás en su propio país. Sino que también reflejan el deseo de la gente por un mundo de paz, donde similares relaciones de unidad y armonía son cultivadas por todas las naciones.

Otro dicho de la misma época nos dice: «Ayudar a los que están sufriendo dificultades y tener compasión por nuestros vecinos, es seguir el Tao. Los que siguen el Tao serán bendecidos».

En muchas historias de la China clásica, podemos encontrar personas de carácter noble cuya bondad hizo que cambiara todo para los menos afortunados. Sus corazones se centraron no en sí mismos, sino en el bienestar de los demás. Su compasión les obligó a ayudar a sus vecinos, incluso dándoles el medio por el cual podían ayudarse a sí mismos. A cambio, los benefactores encontraron bendiciones y buena fortuna en sus propias vidas.

Aquí hay tres historias que transmiten la sabiduría de la bondad.

Dumplings de bondad y sanación

La clásica empanada china, llamada jiaozi, ha sido un alimento chino muy querido por casi 2000 años. Según el folklore, el jiaozi fue inventado por Zhang Zhong Jing, un eminente médico y gobernador de condado muy conocido por su amabilidad, que vivió durante la dinastía Han del Este (25-220 d. C.).

Cuando Zhang se retiró de su cargo y regresó a su ciudad natal, se entristeció al ver a muchas personas pobres viviendo una vida muy dura. En el invierno, muchos sufrieron de grave congelamiento de las orejas y Zhang decidió ayudarlos.

Lo hizo mediante la creación de un remedio llamado sopa para «aleja el frío de las delicadas orejas». La receta comienza con la preparación de un relleno de carne picada de cordero, ají y hierbas medicinales eficaces en el fortalecimiento del cuerpo para resistir el frío. El relleno era envuelto en una masa fina con forma de oído humano que luego eran cocidas en agua hirviendo.

Según el folklore, Zhang Zhongjing, un eminente médico y gobernador del condado conocido por su amabilidad, vivió durante la dinastía Han del Este (25-220 d. C.) inventó los dumplings. (CC BY-SA 3.0/WikimediaCommons).

Este tipo de ravioli o empanadilla china se conocía como «jiao’er», literalmente «oído delicado». Comer el jiao’er en un tazón de sopa caliente durante un período de tiempo finalmente curó los oídos de todos.

Zhang suministró el remedio para las personas durante todo el invierno hasta el Año Nuevo chino, cuando el clima comenzaba a calentar y era hora de prepararse para la siembra de primavera en los campos.

La gente luego comenzó a hacer una masa similar llamada jiaozi, que se convirtió en una comida popular durante todo el año, pero especialmente durante el solsticio de invierno y la víspera del Año Nuevo Chino.

Caridad hacia los vecinos

Zi Rudao, que vivió durante la dinastía Yuan (1279 a 1368 d. C.), fue otro personaje histórico conocido por sus obras de caridad.

Cuando algunos aldeanos cayeron en desgracia y empobrecieron, Zi les dio a cada uno un pedazo de tierra de labranza como propiedad, para que pudieran a su vez arrendar a los agricultores. Esto les dio los medios para ganarse la vida por sí mismos. Zi no reclamó la tierra a sus paisanos hasta que fueron ancianos.

Una vez, una plaga se extendió a través de la aldea de Zi y se dijo que la única cura era comer un tipo de melón que inducía la sudoración como una manera de limpiar el cuerpo y repeler la enfermedad.

Las personas que reciben bondad, muestran honor a su benefactor. «Tener ciudadanos virtuosos que son amables con sus vecinos es un precioso tesoro para un país», un antiguo refrán chino. (Zhiching Chen / La Gran Época)

Aprendiendo de esto, Zi compró muchos de estos melones, junto con otros alimentos para distribuir a sus vecinos. A pesar del riesgo de contraer la peste, Zi no se preocupaba de sí mismo, y entregó personalmente la comida a todos los hogares de la zona, salvando así muchas vidas.

Zi también fue conocido por prestar semillas a los necesitados en la primavera sin  ningún interés a cambio, y solo aceptar el pago después de la cosecha. Si había una mala cosecha de ese año y los prestatarios no tenían suficientes cosechas para pagar la deuda, Zi simplemente quemaba las notas de crédito y les decía que no se preocupasen por el reembolso.

Zi a menudo le decía a su familia: «La razón por la que almacenamos granos, en primer lugar, es para resguardarnos del hambre. Por lo tanto, si nos encontramos con un año de mala cosecha, ciertamente debemos ayudar a nuestros vecinos menos afortunados».

El cielo protege el generoso «dos mitades de calabaza»

Otra historia acerca de la bondad y la generosidad nos habla de un hombre rico, de apellido Yang, que siempre estaba feliz de ayudar a otros.

Yang estaba muy dispuesto a prestar granos a los paisanos necesitados sin pedir el reembolso. Su deseo era que les permitiera mejorar sus vidas por medio de sus propios esfuerzos. Sin embargo, él también entendía el principio fundamental cuando los aldeanos le decían que lo correcto era pagar la deuda.

Entonces se le ocurrió una idea. Yang cortó una calabaza en dos, con el fin de hacer dos recipientes para medir el grano. Hizo uno grande y otro pequeño. Cuando prestaba los granos, utilizaba la taza grande. Luego, cuando aceptaba la devolución del grano, usaba la pequeña taza para medir la cantidad a devolver.

Yang cortó una calabaza para hacer dos tazas para medir el grano. Usó la taza grande cuando prestó el grano, y la pequeña cuando aceptó el pago, recuperando mucho menos de lo que había dado. (Epoch times)

Pasó mucho tiempo antes de que los habitantes del pueblo se dieran cuenta de que Yang había estado dando mucho más de lo que recibía a cambio. De esta forma comenzó a ser conocido respetuosamente como «Dos mitades de calabaza».

Un día de otoño durante el tiempo de cosecha, cuando Yang tenía ya 80 años y estaba frágil, decidió caminar con el bastón a través de los campos de trigo para ver la cosecha. De repente, un trueno rugió e iluminó, señalando que una gran tormenta se avecinaba.

Yang sintió que era poco probable que fuera capaz de encontrar su camino a casa a tiempo. Creía que había llegado al último día de su vida, por lo que pacíficamente se acostó en los campos de trigo y se preparó para el fin.

Años más tarde, el frágil y anciano Yang fue protegido por los cielos cuando fue atrapado en una tormenta. (La Gran Época)

En ese momento, escuchó una majestuosa voz de los cielos que ordenó: «Dios del Trueno, Diosa del relámpago, dragón del agua, escuchen esto: Ni una sola gota de lluvia está permitida sobre la tierra de Dos mitades de la calabaza y sus campos».

La tormenta llegó entonces, maltratando el campo con vientos fuertes y lluvias torrenciales. Se prolongó durante mucho tiempo. Cuando todo terminó, Yang se levantó lentamente para echar un vistazo. De hecho ni una sola gota de lluvia había caído sobre él o sus campos, pero las plantas de trigo en los campos de los alrededores yacían todas aplastadas en el lodo.

La familia de Yang lo había estado buscando ansiosamente y se quedaron atónitos cuando finalmente lo encontraron sano y salvo y perfectamente seco.

Yang y su familia agradecen sinceramente al Cielo por proteger a Yang y su cosecha de la tormenta. (La Gran Época)

Yang les contó lo que había sucedido y toda su familia se arrodilló para expresar sincera gratitud por la bendición del Cielo.

La naturaleza amable de la humanidad brilla no sólo en historias como estas. Muchos de nosotros seremos capaces de pensar en cuidar a las personas que conocemos en nuestras propias vidas.

Tal vez por medio de actos de bondad y caridad, podamos ayudar a lograr una mayor bondad en el mundo.

Fieles a la sabiduría de la bondad, podemos encontrarnos quizás a nosotros mismos, a nuestras comunidades y nación, bendecidos con salud y felicidad en el camino hacia el más brillante de los futuros.

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