Nuestro propio aislamiento único

Por CARLY OSBORN
26 de Junio de 2020
Actualizado: 26 de Junio de 2020

Me siento aislada. ¿Es esto un estado o una emoción? En lugar de entrar en la semántica del lenguaje, haré otra pregunta: ¿Cómo se siente el aislamiento?

El aislamiento se siente como estar atrapada en el sofá a pesar de tener tiempo para un paseo. El aislamiento se siente como el consuelo de comer nachos y vino de caja.

Nuestros cuerpos están cansados. Nuestras mentes se deslizan y patinan entre el aburrimiento en blanco y el ansioso pensamiento excesivo. ¿Qué nos está sucediendo aquí en nuestros hogares, lejos de las rutinas e interacciones que solían dar forma a nuestros días?

Me siento aislada.

Los estudiosos de las emociones hablan de los sentimientos como juicios —nuestra respuesta considerada a lo que está sucediendo. Estos juicios tiñen nuestra experiencia a medida que la vivimos: como los epítetos transferidos del personaje del autor P. G. Wodehouse, Bertie Wooster, conocido por epitafios como “pinchando una tenedorada malhumorada” de huevos, o “equilibrar un terrón de azúcar pensativo” en su cucharita de té. La experiencia nos llega a través de estos filtros de juicio.

Esta mañana me hice una solitaria pieza de pan tostado y estoy escribiendo este artículo bebiendo una taza de té agradecida por la guardería gratuita.

Para una taza de té realmente buena, necesitas buenas hojas de té y buena agua. (Steven Joyce)

Cada persona solitaria está sola a su manera

Algunos efectos del aislamiento son comunes en todos los seres humanos, a través de los tiempos y lugares. Los humanos son seres comunitarios que viven en familias y comunidades. Sentimos dolor cuando estamos aislados y nos sentimos más seguros y felices con la conexión social.

Más allá de estas constantes humanas, nuestras experiencias emocionales están poderosamente moldeadas por nuestras circunstancias individuales. Nuestras historias sociales y personales afectan nuestras expectativas de vida y nuestras respuestas a los acontecimientos. En este sentido, su sentimiento de aislamiento es diferente al mío. Al gual que las familias desdichadas de León Tolstoi, cada uno de nosotros siente esta crisis a su manera.

Los investigadores médicos del aislamiento notan este flujo recursivo de emociones: los síntomas como el mal sueño y la presión arterial alta no se correlacionan con las medidas de aislamiento objetivo de los pacientes, sino con su aislamiento perceptivo.

La agonizante soledad de una persona son las aburridas vacaciones en casa, de otra. Estamos tan aislados como nos sentimos.

Sofá
Imagen Ilustrativa. (pxhere/CC0 1.0)

Esto no significa que nuestros sentimientos no sean reales. Son, de hecho, la única realidad que podemos conocer. Hay una diferencia significativa entre preguntar “¿cómo estás?” y “¿cómo te sientes?”

Sensación del cuerpo entero

Nuestros sentimientos son experimentados por todo nuestro ser: cuerpo, mente, emociones, todo está entrelazado.

Sentimos la ausencia del contacto humano, sentimos ansiedad al obsesionarnos con las estadísticas diarias, nos sentimos agotados por los viajes para ir de compras que parecen aventuras en tierra de nadie, sentimos pena por los horribles titulares de las muertes y frustración por las respuestas del gobierno. Sentimos pérdida y confusión sobre nuestra identidad y valor mientras los empleos desaparecen.

Los que contraen COVID-19 informan no solo del miedo a la muerte, sino del aburrimiento y la ira por estar aislados de la familia y los amigos.

Nos sentimos aislados. A pesar de nuestra singularidad tolstoiana, encontramos consuelo en sentimientos compartidos. Compartimos memes sobre interminables reuniones de Zoom, la educación en casa o la bebida del día. Nos sentimos vistos, escuchados, comprendidos —menos aislados. Estos se llaman comportamientos afiliativos y son una poderosa estrategia de afrontamiento para todo tipo de crisis. De alguna manera nuestro sufrimiento es más soportable si otro ser humano sabe cómo nos sentimos, y lo siente también.

Conectarse con el otro y sentir que estamos juntos en esto, puede mitigar parte del dolor del aislamiento. Los que sufrieron durante las pandemias anteriores que sentían que su aislamiento servía como un objetivo altruista de proteger a sus vecinos informaron menos emociones negativas sobre el aislamiento.

A lo largo de la historia, los exiliados políticos han encontrado formas de soportar el aislamiento. Las primeras monjas inglesas modernas exiliados en los conventos europeos recurrieron a la historia antigua para reconfortarse, identificándose con las historias bíblicas de sufrimiento que finalmente se resuelven con el regreso a casa y la restauración de la comunidad.

Los prisioneros en confinamiento solitario han dependido de cosas simples como la luz del sol y las voces humanas en la radio para mantener lo peor a raya.

Ellos se sienten aislados. El aislamiento se siente como estar solo, pero también se siente como ir más allá de nuestras esferas habituales, sintiendo una nueva empatía con personas que antes eran extrañas.

El aislamiento es un estado a largo plazo para muchos. Desde las mujeres profesionales que entran a campos dominados por hombres, los trabajadores del cuidado de la salud, personas en comunidades remotas, hasta todas las formas de minorías.

Las personas que solicitan asilo y están detenidas informaron profundos sentimientos de aislamiento e invisibilidad. Sus poemas ahora se abren para nosotros de una nueva forma.

Los nuevos padres, especialmente las madres, experimentan el aislamiento con sentimientos que nos son familiares para muchos de nosotros en este momento: “la impotencia, la insuficiencia, la culpa, la pérdida, el agotamiento, la ambivalencia, el resentimiento y la ira”. Los jóvenes, los pobres y los solteros especialmente corren el riesgo de sentirse aislados, abrumados y preocupados.

En nuestra empatía, estamos conectados a través de las brechas sociales y económicas.

Fuerza emocional

Nos estamos sintendos aislados. Ahora, nuestras emociones compartidas se convierten en una parte central de cómo damos sentido a la crisis.

La emoción colectiva compartida puede ser un fuerte impulsor de la actividad colectiva. Suficientes emociones compartidas pueden hacer que nos sintamos como una nación unificada, nuestra humanidad en común es más fuerte que nuestras diferencias superficiales. A la inversa, las chispas emocionales pueden crear círculos políticos que se unen en torno a la ira compartida hacia otros grupos.

Los estudiosos de las emociones las describen como una fuerza, no solo que se siente en el interior, sino que actúa sobre el mundo exterior. Las emociones hacen cosas. Las grandes emociones colectivas hacen grandes cosas. Solo estamos empezando a descubrir lo que el aislamiento nos está haciendo.

Carly Osborn es una investigadora invitada en la Universidad de Adelaida en Australia. Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation.


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