Nuevo informe sobre COVID-19: China está ocultando algo

Por Anders Corr
30 de Agosto de 2021
Actualizado: 30 de Agosto de 2021

Comentario

Un informe de inteligencia estadounidense no clasificado, resumido para el público el 27 de agosto, deja claro que los primeros casos de COVID-19 se produjeron al menos el 19 de noviembre de 2019, y que el primer grupo de casos se produjo al menos en diciembre de 2019 en Wuhan.

El informe deja claro que China está ocultando información sobre los orígenes del COVID-19. Pero otras investigaciones científicas de la Universidad de Harvard indican su posible origen el 1 de agosto de 2019. El nuevo resumen de inteligencia del presidente Joe Biden no aborda estos importantes datos.

Junto con la publicación del viernes del análisis de inteligencia, Biden denunció a China por ocultar los orígenes del virus. Pero su administración no va lo suficientemente lejos como para señalar un posible origen en agosto de 2019, asignar la culpa y exigir reparaciones por al menos 19 billones de dólares que se deben a nivel mundial, debido a 6.9 millones de vidas perdidas. Esta suma no incluye las cantidades adicionales que se deben por daños económicos, sufrimiento no letal, costos médicos, sanciones penales y daños futuros.

Biden, que habló al público sobre el informe, denunció la falta de cooperación de China en la investigación. Dijo en una declaración: “Existe información crítica sobre los orígenes de esta pandemia en la República Popular China, pero desde el principio, los funcionarios del gobierno de China han trabajado para impedir que los investigadores internacionales y los miembros de la comunidad mundial de la salud pública tengan acceso a ella. Al día de hoy, la República Popular China sigue rechazando las solicitudes de transparencia y reteniendo información, incluso cuando el número de víctimas de esta pandemia sigue aumentando. Necesitábamos esta información rápidamente, de la RPC, cuando la pandemia aún era nueva”.

Biden insinuó que China estaba siendo irresponsable en su falta de transparencia. “Las naciones responsables no eluden este tipo de responsabilidades ante el resto del mundo”, dijo. “Las pandemias no respetan las fronteras internacionales, y todos debemos comprender mejor cómo surgió el COVID-19 para prevenir nuevas pandemias”.

El presidente dijo que seguiría presionando a China para que diera más información. “Estados Unidos continuará trabajando con socios afines de todo el mundo para presionar a la RPC para que comparta plenamente la información y coopere con la fase II  de la determinación, basada en pruebas y dirigida por expertos, sobre los orígenes del COVID-19 de la Organización Mundial de la Salud, incluso proporcionando acceso a todos los datos y pruebas pertinentes. También seguiremos presionando a la RPC para que se adhiera a las normas y estándares científicos, incluyendo el intercambio de información y datos de los primeros días de la pandemia, los protocolos relacionados con la bioseguridad y la información de las poblaciones animales”.

La declaración de Biden no hace suficiente hincapié en las posibles señales del COVID-19 en Wuhan del 1 de agosto de 2019. Según el estudio de Harvard, que se llevó a cabo en la escuela de medicina, las estadísticas de búsqueda en Internet de 2019 y las imágenes de satélite del tránsito de automóviles alrededor de cinco hospitales importantes en Wuhan son señales de una propagación de COVID-19 mucho antes.

El Dr. John Brownstein de Harvard dijo a ABC News el pasado mes de junio que el aumento del tránsito, medido a lo largo de dos años con 108 imágenes de satélite utilizables desde aproximadamente marzo de 2018 hasta mayo de 2020, y que se incrementó en el otoño de 2019, coincidió con un aumento de las consultas de búsqueda en Internet en China para “síntomas que más tarde se determinarían como estrechamente asociados con el nuevo coronavirus”.

Epoch Times Photo
Un trabajador médico realiza un  raspado bucal a un residente para ser analizado por COVID-19 en Wuhan, China, el 14 de mayo de 2020. (STR/AFP vía Getty Images)

Los datos muestran un aumento de los vehículos estacionados alrededor de los cinco hospitales a partir de aproximadamente el 1 de agosto de 2019, alcanzando un máximo el 1 de diciembre de 2019, que fue la fecha del primer caso confirmado de COVID-19, y cayendo rápidamente en marzo de 2020, presumiblemente debido a las contramedidas, incluido el cierre de Wuhan a partir del 23 de enero de 2020. ¿Podrían las contramedidas chinas haber comenzado ya el 1 de diciembre de 2019, mientras esperaban para decírselo al mundo hasta que los datos comenzaran a filtrarse el 30 de diciembre de 2019?

Algunos de los aumentos de otoño de 2019 en el tránsito en los hospitales que Harvard midió son de hasta el 90 por ciento en comparación con la misma época del año anterior.

Brownstein no respondió inmediatamente a una solicitud de comentarios.

Los servicios de inteligencia estadounidenses se enteraron del virus a finales de noviembre y alertaron al Pentágono, según cuatro fuentes de ABC News.

Médicos chinos a título individual intentaron alertar al público del virus desconocido el 30 de diciembre de 2019. Al día siguiente, las redes sociales chinas comenzaron a censurar la información sobre el virus. Los funcionarios chinos esperaron hasta ese día —el 31 de diciembre de 2019— para notificar formalmente a la OMS del virus que surgió en Wuhan.

Biden ordenó el informe de inteligencia de agosto de 2021 en mayo, para reevaluar el origen del virus y determinar si se debía culpar a los científicos chinos. También debería haber ordenado más análisis sobre la secuencia de eventos para controlar el virus una vez que el Partido Comunista Chino (PCCh) se dio cuenta de que se transmitía entre humanos. Al parecer, el PCCh se dio cuenta de dicha transmisibilidad, pero comenzó a censurar las advertencias procedentes de los médicos en China ya el 31 de diciembre de 2019, poniendo así en riesgo al mundo.

Biden recibió el nuevo informe de inteligencia la semana pasada, el 27 de agosto, según el Financial Times. El gobierno publicó un resumen ese día, en el que se afirmaba: “Es muy probable que se necesite la cooperación de China para llegar a una evaluación concluyente de los orígenes del Covid-19”. Añadía: “Beijing, sin embargo, sigue obstaculizando la investigación mundial, se resiste a compartir información y culpa a otros países, incluido Estados Unidos”.

El expresidente Donald Trump, así como el secretario de Estado Mike Pompeo, afirmaron que el virus podría haberse filtrado desde el Instituto de Virología de Wuhan (WIV), una hipótesis que los científicos están considerando cada vez más ante el fracaso de encontrar una especie a través de la cual el virus podría haber saltado naturalmente a los humanos.

A principios de este año, el Wall Street Journal reportó que en noviembre de 2019 (tres meses después del aumento del tránsito en los hospitales de Wuhan), tres de los investigadores del laboratorio de Wuhan fueron hospitalizados con síntomas similares a los del COVID. Estos reportes aparentemente impulsaron a Biden a ordenar la última investigación.

Una de las cuatro agencias de inteligencia que participaron en el informe tenía una “moderada confianza” en que el laboratorio de Wuhan fuera el origen del virus, debido a su arriesgado trabajo con los virus. El laboratorio de Wuhan albergó años de investigación sobre los coronavirus de los murciélagos, incluida la manipulación de ganancia de función de los códigos genéticos de los virus para ver cómo podían ser transmisibles a los humanos.

Esta investigación de ganancia de función en los virus es claramente poco ética, sabiendo lo que sabemos ahora: que podría conducir a fugas de laboratorio que causen pandemias.

Sin embargo, el informe echó un balde de agua fría sobre las teorías de que los científicos del PCCh desarrollaron el SARS-CoV2 como arma biológica. Ninguna de las cuatro agencias creyó en esta teoría. El informe descartó que los funcionarios chinos conocieran el virus antes de su aparición entre los humanos en 2019. Esta falta de conocimiento es lo que convenció, aunque con un bajo nivel de confianza, a las agencias para concluir que la enfermedad se propagó de forma natural de los animales a los humanos.

Independientemente, el PCCh es culpable por su mal manejo del brote inicial, su censura de las advertencias que comenzaron el 30 de diciembre de 2019, de médicos individuales en China, y su fracaso para controlar el virus una vez que surgió en una epidemia. El gobierno de Biden guarda un silencio erróneo y relativo sobre todo esto y, lo que es más importante, no ha exigido la reparación de los billones de dólares que el PCCh debe al mundo por lo que debería considerarse una negligencia criminal.


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Las opiniones expresadas en este artículo son propias del autor y no necesariamente reflejan las opiniones de La Gran Época

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