Perro callejero se convirtió en el primer can en subir uno de los picos más altos del Himalaya

Por Jesús de León – La Gran Época
08 de Marzo de 2019 Actualizado: 08 de Marzo de 2019

Una perra callejera se convirtió en el primer can que llegó hasta la cima de unos de los picos más bellos, altos y empinados del Himalaya, la montaña Baruntse situada en Nepal.

La perra llamada Mera alcanzó los 7.129 metros de altura una vez que se hizo amiga de los alpinistas del Summit Club, con base en Katmandú, a los que no dejó de seguirlos en su ascenso.

Billi Bierling, del registro de montañismo en el Himalaya nepalí Himalayan Database, comentó a la revista Outside que no conoce de algún otro perro haya llegado a una cima de la expedición en Nepal, aunque hubo unos pocos casos de perros que siguieron a los alpinistas hasta alturas de 5.364 y 6.492 metros.

Esta cima, es a menudo ignorada ya que se encuentra a la sombra de algunas de las montañas más altas del mundo, pero es una subida empinada y desafiante por derecho propio.

“Aparte de una corto tramo de tirolina que ayudó, Mera hizo toda la ascensión sin ningún otro apoyo”, según Outside Magazine.

Mera, cuya edad se desconoce y pesa unos 20 kilos, se cree que es un cruce entre un mastín tibetano y un pastor del Himalaya.

La describieron como que posee un nivel de confianza extraordinario en relación con su pequeño cuerpo.

Aunque es delgada tiene grandes músculos que probablemente fueron perfeccionados por años de viajar por terrenos montañosos y escabrosos en el valle de Khumbu. Tiene un pelaje negro suave, con las patas y hocico bañados en amarillo dorado, sus orejas pequeñas caen hacia adelante y tiene ojos bondadosos.

Mera se incorporó al equipo de escaladores liderado por el alpinista de Seattle, Don Wargowsky, en el décimo día de su expedición que dura todo un mes.

La expedición al pico Baruntse tuvo lugar en noviembre de 2018, pero Wargowsky, que llegó a convertirse en el mejor amigo de Mera, publicó las fotos en su cuenta de Facebook recién este 6 de marzo.

Mera pasó rápidamente a ser la mascota del equipo.

Wargowsky y ella se convirtieron en inseparables. El alpinista le dio una colchoneta y una chaqueta, y a cambio, ella se convirtió en la pareja ideal para la tienda de campaña durante tres semanas: “tranquila, cariñosa, agradable y con un estómago pequeño”, la describió el alpinista.

En una ocasión, durante el camino de bajada, parecía asustada por la pendiente y no quiso seguir a los alpinistas de vuelta al campamento base.

Pasó dos noches durmiendo en el glaciar a 6.126 metros de altura. Wargowsky pensó que Mera había muerto a causa del frío y los fuertes vientos. Pero Mera sobrevivió. Ese día las patas le sangraban y tenía rotos los nudillos y las uñas.

Al principio el equipo toleraba al can porque le gustaba mucho a Wargowsky, pero con el pasar de las horas, al apreciar sus destrezas de alpinismo ―Mera adelantaba a los demás en el ascenso y podía cubrir en dos horas la distancia que les llevaría siete horas en completar― la empezaron a tratar con reverencia.

“Nunca habían visto nada parecido. Los demás dijeron que era una perra especial que trajo suerte a la expedición. Algunos incluso pensaron que estaba bendecida”, confesó Wargowsky a Outside.

El día siguiente en que iban a comenzar el ascenso a la cumbre Wargowsky dejó atada a la perra para que no los siguiera, pero Mera masticó la cuerda y alcanzó al equipo menos de una hora después de que se había ido.

Sin embargo, el equipo tuvo que detener el ascenso durante 4 días debido a una tormenta.

Finalmente, cuando salieron hacia la cumbre, Mera todavía estaba durmiendo. Wargowsky se sintió aliviado. Aunque ella había demostrado una gran habilidad para escalar, él no quería que ella los siguiera. Ya la había visto resbalar una vez peligrosamnete y la tuvo que salvar.

Mera durmió hasta el amanecer y luego corrió a buscar al equipo.

Se movió rápidamente por una parte de la ruta moderadamente escarpada y glaciada, y solo tardó dos horas en cubrir lo que los humanos tardaron siete en completar.

Parecía no sentirse molesta por la línea empinada y las enormes caídas, iba saltando por delante del grupo y luego regresaba corriendo como si estuviera molesta por el lento ritmo. “No tengo ni idea de si había estado allí antes, pero parecía muy segura de lo que estaba haciendo”, dijo Wargowsky.

Al llegar a la cumbre Mera corrió por delante de Wargowsky y del único otro alpinista que pudo continuar con el ascenso, y los esperó en la cima con la lengua afuera y jadeando.

“Nunca había estado encima de algo así con un perro. Se apoyaba contra mí y quería que la acariciara. Fue bastante surrealista. A una altitud en la que incluso los seres humanos en la mejor forma de sus vidas se ven obligados a gatear, Mera podía correr”, dijo sorprendido Wargowsky.

Después de conquistar la cima del Baruntse, Mera no fue dejada a merced del destino.

Ahora vive con el administrador del campamento base de la expedición, Kaji Sherpa, que le puso un nuevo nombre, Baru, nombre del famoso pico al que llegó con sus 4 patas.

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