Tratado sobre Pandemias de la OMS realmente quita soberanía a los países, dice exfuncionario

Por Masooma Haq y Jan Jekielek
30 de Mayo de 2022 11:24 AM Actualizado: 30 de Mayo de 2022 11:33 AM

Un exfuncionario de la Organización Mundial de la Salud (OMS), el Dr. David Bell, dijo que está preocupado por las enmiendas propuestas al Reglamento Sanitario Internacional de la ONU de 2005, también llamado tratado o acuerdo sobre pandemias. Bell afirmó que, de ser ratificado, el tratado cedería el poder a un pequeño grupo de funcionarios de la OMS y le quitaría en la práctica la soberanía a los países del mundo.

“Hay muchas maneras de que, aunque no cambie directamente la soberanía, en efecto lo hace y le quita a la población de ese país la capacidad de tomar sus propias decisiones”, dijo Bell durante una entrevista en el programa American Thought Leaders de EpochTV.

Bell es el exjefe del programa de la OMS para la malaria y las enfermedades febriles en la Fundación para Nuevos Diagnósticos Innovadores (FIND) en Ginebra y director de Tecnologías Sanitarias Globales en la fundación Intellectual Ventures’ Global Good Fund. Actualmente forma parte de la junta directiva de Pandemics Data & Analytics (PANDA), un grupo que estudia la respuesta mundial contra COVID-19.

Las enmiendas al Reglamento Sanitario Internacional fueron consideradas en el borrador inicial (pdf) del tratado mundial sobre pandemias por la Asamblea Mundial de la Salud entre el 22 y 26 de mayo, cuyo borrador final deberá ser aprobado por el 50 por ciento de los países miembros el próximo año. A continuación el tratado deberá ser ratificado por los gobiernos individuales de dos tercios de los países miembros de la OMS.

El miembro principal de la subcomisión de salud mundial de la Cámara de Representantes de Estados Unidos, Chris Smith (R-N.J.), advirtió que los posibles cambios en el Reglamento Sanitario Internacional, concretamente los que pretende el gobierno de Joe Biden, socavan la soberanía de Estados Unidos.

“La absurda propuesta de la administración Biden de entregar la soberanía de Estados Unidos a la corrupta Organización Mundial de la Salud (OMS) es una flagrante violación del principio constitucional, lo que conducirá a una menor responsabilidad y a una mayor mala conducta por parte de esta problemática agencia de la ONU”, dijo Smith en una declaración de prensa.

El representante Chris Smith habla mientras el secretario de Estado de EE. UU., Antony Blinken testifica ante el Comité de Asuntos Exteriores de la Cámara de Representantes en Washington el 10 de marzo de 2021. (Ken Cedeno/AFP vía Getty Images)

El gobierno de Biden está impulsando enmiendas que darían al director general de la OMS, Tedros Adhanom Ghebreyesus, la autoridad unilateral para declarar una emergencia de salud pública en cualquier nación, basándose en las pruebas que él decida.

Entre las enmiendas propuestas por Estados Unidos, una de ellas elimina el requisito existente en la sección 9, por la OMS debe “consultar y tratar de obtener la verificación” de los funcionarios de una nación en la que se sospeche una crisis sanitaria antes de hacer cualquier declaración pública.

En el primer día de la 75ª sesión plenaria de la Asamblea Mundial de la Salud, el 22 de mayo, Ghebreyesus calificó el posible tratado como una parte importante de la “arquitectura global para la preparación de emergencias sanitarias”.

“El acuerdo internacional, que los Estados miembros están negociando ahora proporcionará un marco jurídico general fundamental bajo el cual hacemos 10 recomendaciones en tres áreas clave. En primer lugar, necesitamos una gobernanza coherente, inclusiva y responsable. En segundo lugar, necesitamos sistemas y herramientas más fuertes para prevenir, detectar y responder rápidamente a las emergencias sanitarias. Además, en tercer lugar, necesitamos una financiación adecuada y eficiente a nivel nacional e internacional”, dijo el director general de la OMS.

El Dr. Bell indicó que el poder que el tratado otorga al director general y a los directores regionales sería destructivo para la soberanía de las naciones porque estos funcionarios de la OMS tendrían poder sobre las propias instituciones de los países.

“Esto tiene enormes implicaciones para el comercio y la economía, en la que estamos otorgando poder a una persona y a un comité de emergencia al que el director general consulta y que ha sido creado en virtud de las enmiendas del Reglamento Sanitario Internacional, pero [el director general] no está obligado a seguir las conclusiones de ese comité. Él puede anular ese comité y seguir declarando una emergencia de salud pública si lo considera oportuno”, dijo a continuación.

Además, a Bell le preocupa que las empresas privadas aporten miles de millones de dólares a la OMS y a las iniciativas contra la pandemia y que los donantes privados puedan influir en el director general o en los directores regionales. Estos donantes podrían influir “esencialmente en asuntos que tienen un enorme impacto en la salud y la libertad de las personas y las poblaciones”.

El director general de la Organización Mundial de la Salud, Tedros Adhanom Ghebreyesus, asiste a una conferencia de prensa en la sede de la OMS, en Ginebra, el 3 de julio de 2020. (Fabrice Coffrini/Pool/AFP vía Getty Images)

El tratado no solo otorga demasiado poder a la Dirección General, sino que podría beneficiar a ciertos países, indicó Bell.

La OMS “ciertamente está impulsando una forma muy nueva de gestionar la salud y de gestionar la toma de decisiones en materia de salud, especialmente en los brotes epidémicos, que es claramente ventajosa para estos donantes de la OMS. También esto es potencialmente, debido al daño que parece estar haciendo a las economías y a la democracia, algo que va potencialmente en beneficio de ciertos países dentro de la OMS”, dijo Bell. “Así que sería extraño si los países no aprovechan toda esta situación para promover sus intereses estratégicos por encima de los intereses de los países rivales”.

El cambio de financiación se hizo evidente en marzo de 2020 porque se estaban abandonando las políticas ortodoxas de respuesta de salud pública para hacer frente a COVID y se emplearon los cierres a pesar de los costos no previstos. Las políticas ortodoxas tienen en cuenta el análisis costo-beneficio, incluyendo la salud social y mental, pero los cierres por COVID causaron más daños que beneficios, añadió el especialista.

Las normas tradicionales de salud pública no incluyen los cierres porque los profesionales de la salud pública saben que confinar a la población tiene costos no deseados, especialmente durante largos períodos de tiempo.

El Dr. Bell dijo que lo que más le preocupa es que el tratado sobre la pandemia pondrá en marcha un mecanismo de revisión periódica, que examinará la preparación de los países para la pandemia para ver si cumplen las recomendaciones del Reglamento Sanitario Internacional.

“Suena como si fuera a tener algunos poderes sobre la censura y el control de la información, lo que de nuevo es extremadamente difícil si uno tiene una burocracia cuya existencia depende de las pandemias, porque tendrán un gran interés en encontrar brotes, declararlos pandemias potenciales y luego responder. Es la forma en que sobrevivirán”.

Las pandemias ocurren con poca frecuencia, y “aparte de la era preantibiótica han tenido una mortalidad muy baja”, dijo a continuación.

El tratado “hará que los cierres, esencialmente, parezcan una característica permanente de las respuestas a las pandemias”, según Bell.

Debido a los recientes confinamientos, “se han sumado 140 millones de personas o más al borde de la inanición”, así como a la falta de atención médica, el daño a las cadenas de suministro, la educación y las economías. Si se restablecen los cierres, solo se agravarán estos problemas, añadió.

También es extraño que la OMS establezca una estructura burocrática que usurpe el poder de los gobiernos en materia de “emergencias sanitarias”, cuando las pandemias no se producen de forma natural con tanta frecuencia, indicó Bell.

Si la Asamblea Mundial de la Salud aprueba el tratado sobre pandemias, “estamos ante una burocracia cuya existencia dependerá de la vigilancia para tratar de encontrar brotes de virus posiblemente haciendo surgir modelos (…) los que aumentarían exponencialmente, lo cual no es realmente plausible desde el punto de vista biológico. Además eso se utilizaría para provocar pandemias, para cerrar fronteras, para hacer estas cosas”, dijo a continuación.

La respuesta al brote de COVID no fue normal y fue contraria a lo que era mejor para la salud pública porque se centró en los productos farmacéuticos, añadió Bell. El especialista cree que el aumento de la financiación por parte de donantes privados y de las grandes farmacéuticas dará lugar a respuestas similares a futuras “emergencias sanitarias” declaradas por el director general de la OMS.

Un trabajador de UPS engancha un camión de UPS a un remolque que contiene envíos de la vacuna contra COVID-19 de Pfizer y BioNTech en el Aeropuerto Internacional de la Región Capital en Lansing, Michigan, el 13 de diciembre de 2020. (Rey Del Rio/Getty Images)

“Así que, si se mira esto desde un punto de vista comercial. (…)Es una estrategia comercial muy sensata”, dijo Bell. “Uno se concentra en vender el producto para la enfermedad que tienen”.

Este profundo interés privado ha cambiado la OMS y sus políticas de salud pública, añadió.

Bell dijo que las enmiendas del Reglamento Sanitario Internacional y el borrador del tratado sobre la pandemia hablan de la “amenaza” de una pandemia y que el sector privado estaría reuniendo los datos y desarrollando modelos para determinar esta “amenaza”.

“Es importante destacar que [la definición de pandemia] (…) no incluye la gravedad. Es una definición muy poco precisa que no está claramente definida dentro de la OMS, pero es esencialmente [la] amplia propagación de un patógeno, un virus o una bacteria. No tiene por qué matar a la gente. No tiene que ser grave. Solo tiene que ser generalizada”.

Los mismos proveedores de fondos privados que financian los proyectos de la OMS están financiando escuelas de formación en colegios y universidades de Norteamérica y Europa, indicó Bell.

“Se trata de formar a las personas que trabajan en estas organizaciones. Están financiando la investigación de muchas de estas enfermedades (…) y están financiando grupos de modelado”, como los del Imperial College de Londres y el Institute for Health Metrics and Evaluation de la Universidad de Washington en Estados Unidos, añadió.

“Pero al final, esto significa que una persona o un grupo muy pequeño de individuos es extremadamente influyente”.

El Dr. Bell sugiere a los lectores que se pongan en contacto con sus representantes y les hagan preguntas, sobre la salud pública, la estructura y las políticas de la misma y dónde se encuentran los conflictos de intereses, para que los países puedan tomar decisiones racionales “que se basen en la población y no en el lucro”.


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