Trump dice que Estados Unidos nunca será un país socialista

Por Ivan Pentchoukov - La Gran Época
06 de Febrero de 2019 Actualizado: 06 de Febrero de 2019

El presidente Donald Trump rechazó la invasión del socialismo en Estados Unidos durante su discurso anual sobre el Estado de la Unión el 5 de febrero, generando aplausos de los republicanos y miradas de piedra de los demócratas.

Trump, un ferviente crítico del socialismo y el comunismo, hizo los comentarios mientras hablaba sobre el colapso económico en Venezuela, uno de los últimos ejemplos del fracaso del socialismo. Probablemente el Presidente lo hiciera como respuesta a la promoción por parte de demócratas de alto perfil en el Congreso de políticas socialistas como “Medicare para todos” y el “Nuevo Trato Verde” que permitirían la expansión masiva del gobierno en los sectores de la salud y la energía.

“Aquí, en Estados Unidos, estamos alarmados por los nuevos llamados a adoptar el socialismo en nuestro país”, dijo Trump a los republicanos entre el público.

“Estados Unidos se fundó sobre la base de la libertad y la independencia, no sobre la coerción, la dominación y el control del gobierno. Nacemos libres y seguiremos libres”, continuó, recibiendo una ovación de pie del Partido Republicano, mientras que Bernie Sanders, un autoproclamado socialista, se mantuvo sentado en su asiento, con los labios apretados y la mano apoyada en su barbilla.

Los republicanos cantaron “USA, USA” en respuesta.

“Esta noche, renovamos nuestra determinación de que Estados Unidos nunca será un país socialista”, dijo Trump, provocando nuevamente una ovación de pie de los republicanos y algunos demócratas.

El presidente condenó el brutal régimen socialista de Nicolás Maduro, diciendo que su política socialista llevó a Venezuela, rica en petróleo, a “un estado de abyecta pobreza y desesperación”.

Aunque la promoción de políticas socialistas recibió una gran atención de los medios de comunicación durante y después del ciclo electoral de mitad de período de 2018, las propuestas no son nuevas para la política estadounidense. “Obamacare” casi alcanzó el sueño socialista de que el gobierno controlara toda la industria y fue un paso hacia las metas consagradas en “Medicare para todos”.

Estados Unidos nunca será un país socialista

Bajo la apariencia de progresismo, el socialismo –una etapa preliminar del comunismo– ha penetrado profundamente en la política, la educación superior y la cultura de Estados Unidos.

Trump reconoció a Juan Guaidó como presidente encargado de Venezuela el mes pasado. La Asamblea Nacional de Venezuela, elegida democráticamente, declaró a mediados de enero que la presidencia de Maduro era ilegítima. Guaidó asumió el control interino, pero Maduro se negó a ceder el control.

El enfrentamiento entre ambos líderes se convirtió en un referéndum mundial sobre el socialismo, con las naciones del mundo libre –como Estados Unidos, Alemania y Australia– del lado de Guaido. Mientras tanto, los regímenes socialistas y comunistas, como China, Corea del Norte y Cuba, apoyan a Maduro. Hay exclusiones potenciales al patrón, como Rusia, que estaría apoyando a Maduro después de haber invertido fuertemente en petróleo venezolano o como una forma de oponerse a los Estados Unidos en el escenario global.

En respuesta al discurso de Trump, Ocasio-Cortez dijo a Fox News que ella pensaba que “fue genial. Creo que está asustado”.

Ocasio-Cortez está promoviendo el Nuevo Acuerdo Verde, una política que obligaría a todo Estados Unidos a dejar de utilizar combustibles fósiles en 12 años. La propuesta del Nuevo Acuerdo Verde reconoce que el costo de tal programa sería astronómico.

“Incluso si todos los multimillonarios y las empresas se unieran y estuvieran dispuestos a invertir todos los recursos a su disposición en esta inversión, el valor agregado de las inversiones que podrían hacer no sería suficiente”, afirma la propuesta.

La propuesta, en cambio, pide al banco de la Reserva Federal que emita nuevos créditos para financiar el masivo proyecto.

No importa cómo decida un gobierno financiar un programa de este tipo, en última instancia serían los contribuyentes los que pagarían la factura, ya sea para devolverle al acreedor o para cubrir las pérdidas en caso de que los megaproyectos estatales propuestos tuvieran problemas, como históricamente ha sido el caso (pdf).

Con la contribución de Petr Svab, de La Gran Época.

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