Una historia sobre persecución y perseverancia en la China moderna

18 de Octubre de 2015 Actualizado: 18 de Octubre de 2015

TORONTO-Tuvieron que pasar seis meses viviendo en Canadá antes de que Zhen Dong dejara de mirar por encima del hombro, dejara de preguntarse si la persona que caminaba detrás de ella pudiera estar trabajando para las fuerzas de seguridad o tuviera malas intenciones.

Eso fue en el 2009. El 10 de octubre, seis años más tarde, ella está marchando por las calles del centro de Toronto con cientos como ella, mostrando su apoyo a los más de 180.000 personas en China y en otros 27 países que han presentado demandas contra el ex cabecilla chino Jiang Zemin.

La mayoría de estas demandas fueron presentadas por personas que todavía viven en China. Es un reto audaz contra el hombre que envió a tantos como ellos a la muerte.

Para Zhen, hoy es un día feliz. Ella está libre y puede ejercer su creencia. Su historia comienza con su amor por su cultura tradicional.

“Verdad, Benevolencia y Tolerancia”

Zhen tenía una pasión por la filosofía tradicional china, y había estudiado budismo y taoísmo buscando comprensión acerca de la vida.

“Los libros de Falun Gong explican mucho más de lo que yo estaba buscando, en relación con la antigua sabiduría de la cultura china”, explicó.

“Falun Gong está basado en Verdad, Benevolencia y Tolerancia. Yo creo que estos son los valores universales para la gente de todo el mundo”.

Al igual que otras 100 millones de personas, empezó a practicar Falun Gong, también conocido como Falun Dafa. Presentada en China en 1992, es una práctica de meditación y mejoramiento personal que rápidamente ganó popularidad a través de transmitirse de boca a boca, debido a sus beneficios para la salud física y mental.

Cada fin de semana en un gran estadio cerca de la Universidad  Austral Normal de China en Guangzhou, provincia de Guangdong, donde Zhen asistió a la universidad, unas 6.000 personas se reunían a practicar.

“La práctica de Falun Gong realmente nos hizo tener una muy buena salud. Creo que esa es una de las razones principales por las que la  gente practicaba una o dos horas por la mañana”, dijo.

“Yo era una de ellas”.

Zhen era una de las tres personas que solían llevar el reproductor de música que se utiliza para la  música de los ejercicios. Por esta razón, la policía más tarde la etiquetaría como una organizadora clave, una etiqueta que se convirtió en una pesada carga en el sistema de campos de trabajo forzados chino.

En 1999, el ex cabecilla chino Jiang Zemin prohibió Falun Gong y comenzó un intenso esfuerzo por difamar la práctica. Hubo arrestos esporádicos antes de eso, pero de la noche a la mañana se puso en marcha una campaña masiva de persecución.

“Es una buena práctica” que beneficia a la gente

Zhen dijo que al principio fue ingenua. Ella pensó que todo era un malentendido, e hizo varios intentos para apelar al gobierno.

“Realmente quería dejarle saber al gobierno que a partir de mi experiencia personal, es una buena práctica. Es algo que beneficia a la gente y el gobierno debería permitir que continuara”.

Le tomaría  ser secuestrada cuatro veces y ser torturada en un campo de trabajo forzado antes de que ella finalmente entendiera que el régimen no le importaba si Falun Gong era inocente, y no era un malentendido. El Partido Comunista chino (PCCh), de conformidad con Jiang, simplemente quería acabar la práctica, a cualquier costo para el pueblo chino o la nación.

El primer arresto de Zhen fue el 22 de julio de 1999, dos días después de que comenzara la persecución. Ella trató de volar directamente a Beijing para apelar. Pero la policía ya la había identificado como una organizadora, ya que las fuerzas de seguridad encubiertas habían estado tomando fotografías y reuniendo información sobre los practicantes de Falun Gong meses antes de que oficialmente se lanzara la persecución.

“En el aeropuerto, no pude tomar el avión. De hecho fui secuestrada a una pequeña habitación y me mantuvieron allí. Entonces vi a muchos otros en esa habitación también”.

La policía trató de obligarlos a ver CCTV, la emisora ​​estatal, y noticieros difamando la práctica, pero para las personas encerradas en esa habitación eran simplemente puras tonterías.

“No decían la verdad. A partir de nuestra propia experiencia personal, junto con miles de personas que practicaban cada semana, sabíamos muy bien que era una buena práctica, por lo que no es algo que el gobierno pueda cambiar mostrándolo como algo malo de la noche a la mañana”.

Ella tenía 23 años en ese momento, en su último año de sus estudios de posgrado en literatura inglesa. Ella encontró ridícula la idea de que el gobierno tratara de forzarla a ella y a otros a que abandonaran la práctica.

“Pero esta no es la forma en que al gobierno chino le gusta que piensen los jóvenes. Me  iba a meter en un gran problema”.

Los manifestantes, en su gran mayoría practicantes de Falun Gong, marchan por las calles de Toronto, en apoyo de los más de 180.000 demandas penales presentadas contra el ex líder chino Jiang Zemin por su persecución a Falun Gong, el 10 de octubre del 2015. (Evan Ning / La Gran Época)
Los manifestantes, en su gran mayoría practicantes de Falun Gong, marchan por las calles de Toronto, en apoyo de los más de 180.000 demandas penales presentadas contra el ex líder chino Jiang Zemin por su persecución a Falun Gong, el 10 de octubre del 2015. (Evan Ning / La Gran Época)

Arrestos y detenciones

Los repetidos intentos de Zhen para apelar y el hecho de que ella ayudaba a llevar la música al sitio de práctica la convertirían en un objetivo.

Cada detención se volvería más severa. En total pasaría casi dos años en centros de detención y campos de trabajo.

Su último arresto se produjo una noche cuando ella estaba visitando a unos amigos, compañeros practicantes de Falun Gong. Eran cinco personas, a punto de cenar. La policía lo llamó una “reunión ilegal”.

“Puedes ser encarcelado debido a esto. Por reunirte con amigos. Por hablar con las personas que practican Falun Gong. Después de tantos años, mirando hacia atrás, es totalmente absurdo que si hablas con un compañero practicante, por eso te puedan meter en la cárcel”.

No hubo juicio. Fueron arrebatados, primero a un centro de detención, y luego a un campo de trabajo. Cuando a Zhen se le dio una razón por su encarcelamiento, no lo podía creer. Ella fue acusada de perturbar el orden social.

“Eso fue ridículo porque yo estaba visitando a mis amigos, y estábamos hablando dentro de la casa. Y así era como ellos consideraban que yo perturbaba el orden social. Eso ocurrió en 1999”.

Torturas y palizas

Esa fue la última vez que Zhen vio a muchos de sus amigos. Ellos fueron enviados a diferentes centros de detención, y después a diferentes campos de trabajo forzado, y se les dio diferentes sentencias. Algunos de esos amigos perdieron la vida. Zhen se mantiene tranquila contando la historia, pero comienza a tragar saliva con más frecuencia, y la sonrisa alegre que suele tener en su rostro se desvanece. Uno de los que fueron asesinados era un amigo muy querido.

“A él se le puso en un campo de trabajo forzado masculino y perdió su vida. Era el 2002 o 2003, no recuerdo exactamente. Más tarde me enteré que fue golpeado muy severamente con el bastón eléctrico porque continuó practicando, incluso cuando estaba en la cárcel”.

Ella conoce muchas historias similares a esta. Su propia historia podría haber fácilmente terminado de la misma manera. Ella también fue golpeada severamente y torturada en formas que no creía que fueran posibles. Ella dijo que nunca imaginó que pudiera haber tantas maneras de torturar a una persona.

“Simplemente no lo hubiera creído, si no lo hubiera experimentado por mí misma, que hubieran tantos tipos de tortura. En realidad les dan nombres como volar el avión”.

Esta tortura requiere que la víctima se incline con los brazos extendidos y que aguante en esa posición durante horas. “Y después te dan patadas con botas grandes”.

Es muy doloroso. Y a diferencia de otras formas de tortura, no agota a los guardias. Por extraño que pueda parecer, las palizas y otras formas de tortura pueden ser físicamente agobiantes. Esa fue la razón de que una de las sesiones de tortura de Zhen terminara.

Una mujer policía la había llevado a una celda privada y luego la golpeó con zapatos pesados.

“Ella golpeó cada parte de mi cuerpo con los zapatos, [usándolos] como  armas, hasta que se cansó. No fui yo quien se cansó, ella golpeó incesantemente hasta que se cansó”.

Después Zhen fue colocada en una celda privada, donde otros no verían sus heridas. Este es uno de los métodos utilizados para mantener la tortura en secreto.

“En ese momento, yo estaba un poco asustada, porque pensé que si yo moría allí mi familia nunca sabría dónde había muerto y cuál había sido la causa”, recuerda. Ella dice que tuvo suerte, ya que muchos otros no sobreviven, y para muchos la historia de su muerte permanece oculta al mundo.

Pero incluso en ese momento, Zhen todavía tenía alguna esperanza de que el régimen chino se daría cuenta de la bondad de Falun Gong. Ella todavía tenía la esperanza de que los esfuerzos de los practicantes detenidos contaran a los guardias y a los oficiales de las prisiones sobre la pacífica práctica y los ayudarían a darse cuenta de que eran solamente personas que querían seguir su creencia, tratar de lograr Verdad, Compasión y Tolerancia en su vida cotidiana. Estos son los ideales que guían a los practicantes de Falun Gong en su búsqueda de la iluminación espiritual.

Mirando hacia atrás, Zhen piensa que tal vez fue demasiado ingenua. Cuando se le preguntó qué la hizo cambiar de opinión sobre el régimen, qué fue lo que hizo perder la esperanza de que el régimen comunista llegaría a tener una mejor comprensión de Falun Gong, dijo que fue después de que haber experimentado demasiada tortura.

La vida en un campo de trabajo forzado

Durante gran parte de los casi dos años que pasó en prisión, Zhen estuvo en un campo de trabajo forzado en una isla en Guangzhou. Había que viajar en lancha para llegar allí.

Sus días consistían en 16 horas haciendo flores de plástico para exportación. Ella sabía que eran para la exportación por la forma inglesa de empacar y por los comentarios del personal en el campo de trabajo forzado.

“Muy mala comida, muy pocas horas de sueño, muchas horas de trabajo, esa es la vida en un  campo de trabajo forzado”, dijo.

Un recuerdo que guarda en su memoria es cuando el familiar de un practicante entró de contrabando una copia de Zhuan Falun en la cárcel. Este libro es el texto principal de Falun Gong.

“Eso fue muy importante para nosotros”, dijo Zhen.

El libro fue finalmente incautado por un guardia de la prisión. Esto llevó a que 10 practicantes entraran en una huelga de hambre. Cuando llevaban una semana de huelga, Zhen desistió porque había amenazas de alimentación forzada, un procedimiento violento que a menudo resulta en heridas internas.

“Tenía a un compañero practicante, y él fue la primera persona que murió en Guangzhou y fue debido a la alimentación forzada. Su nombre era Gao Xianmin”.

“Tenía miedo de que algún desastre pudiera pasar, así que renuncié a la huelga de hambre, pero tres de mis amigos no desistieron”.

Después de la alimentación forzada, estaban cubiertos de sangre. Fue entonces cuando Zhen vio algo que no creía posible: el pelo de uno de sus amigos se volvió blanco durante la noche.

“Ahora creo que el cabello de una persona puede volverse blanco de la noche a la mañana debido a la presión, la tortura. Esto es algo que no puedo olvidar”.

Zhen fue puesta en libertad cuando sus familiares firmaron un contrato con la prisión de que iban a supervisarla fuera del campo de trabajo forzado y evitar que practicara Falun Gong. A menudo, las familias también pagan severas multas, pero la familia de Zhen escapó a esa injusticia.

Huida a Canadá

Eso fue en el 2001. Zhen luego trató de reanudar sus estudios. Pero cuando envió una solicitud para un doctorado, le dijeron que no sería capaz de pasar el examen político debido a su historial de practicar Falun Gong.

“En ese momento me di cuenta de que nunca iba a tener alguna oportunidad en mi estudio o futura carrera en China”.

Hay una política en China de que todos los departamentos relacionados con el gobierno y las oficinas no pueden emplear a los practicantes de Falun Gong.

Sin embargo Zhen encontró un trabajo; se las arregló para asistir a una universidad privada para convertirse en una maestra. Luego planeó su salida de China, para emigrar a Canadá.

Para entonces estaba casada. Esto fue después de un noviazgo que se había extendido a ocho años, ya que tanto ella como su novio cumplieron varias sentencias en cárceles y campos de trabajo forzado por practicar Falun Gong.

Ella eligió a Canadá como su nueva patria y llego aquí en 2009.

El día que salió de China, estaba asustada. Se preguntaba si los guardias en el aeropuerto podrían arrestarla como lo hicieron la primera vez que había tratado de volar a Beijing desde Guangzhou. No lo hicieron.

“Me sentía como un pájaro volando en el cielo, en el momento en que salí de China. Por supuesto, me sentí triste al mismo tiempo, ya que es el país en que nací y crecí. Y sabía que no volvería por un largo tiempo”.

Llorando, Zhen recuerda la primera vez que asistió a un lugar de estudio grupal en Canadá. Fue 10 años después del último de estos grupos de estudio al que había asistido en China.

Desde entonces, se ha unido a muchas actividades y ha trabajado para crear conciencia sobre la persecución que aún sucede en China. En Canadá ella comparte un profundo aprecio por su vida.

“Creo que todas las personas merecen esta libertad, incluida toda la gente en China”, dice ella.

“La libertad y la democracia son como el aire para todo el mundo. Todos lo necesitamos, pero es lamentable que en China, ellos no la tengan”.

Zhen dijo que no se dio cuenta de inmediato cuán diferente era Canadá. Durante los primeros seis meses que estuvo aquí, todavía sentía la presión fantasmal que persigue a los chinos.

“Creo que todavía estaba bajo la presión y el miedo, mirando alrededor para ver si había alguien sospechoso cerca. Es algo inculcado muy profundamente en tu mente”.

Pero poco a poco el miedo se desvaneció. Zhen dijo que es como algo en tu sangre que tiene que ser purificado. El tiempo es una ayuda.

“Ya no tengo más ese miedo. Puedo sentir, respirar y pensar como cualquier persona en un mundo libre. Estoy disfrutando el mejor estado de ser una persona, de ser un humano”.

Demandando a Jiang Zemin

Zhen es una de las que está presentando demandas contra Jiang. Ella todavía está escribiendo todos los detalles de su persecución. La cárcel, las torturas, las cosas que vio que les hicieron a sus amigos.

Dijo que algunas personas en China todavía no se dan cuenta de la naturaleza del Partido Comunista Chino, el régimen que gobierna el país. Para otros, es simplemente demasiado difícil de expresar. Tienen miedo. El PCCh tiene la policía, los tribunales, y una fuerza masiva de seguridad. Para aquellos que se dan cuenta de la naturaleza siniestra de este régimen, expresarse libremente es una perspectiva aterradora.

“Creo que muchos chinos viven en el miedo toda su vida. Incluso puede ser que sean ricos, podrían estar mejor que antes, pero ese temor no va a desaparecer. Así que este tipo de mentalidad los perseguirá por el resto de sus vidas”.

El resultado es este: ellos viven sus vidas evitando la ira del régimen, obedeciendo cualquier cosa que diga el gobierno, tratando de actuar de la manera que se supone deben actuar, pensando de la forma en que se supone deben pensar.

Jiang se enfrenta ahora a más de 180.000 demandas criminales por su papel central al orquestar la violenta persecución a Falun Gong. En la actual situación en China, muchos de los aliados de Jiang están siendo encarcelados por cargos de corrupción por el líder del PCCh, Xi Jinping.

Muchos de los que marcharon en Toronto el 10 de octubre creen que es sólo cuestión de tiempo antes de que Jiang sea uno de los purgados en China.

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