Una pareja con 2 hijos biológicos y 7 adoptados, adopta otros 2: “Dios guio nuestros pasos”

Por Louise Bevan
20 de Noviembre de 2021
Actualizado: 20 de Noviembre de 2021

Una pareja de Arizona con dos hijos biológicos y siete adoptados acaba de darle la bienvenida otros dos hermanos adoptados a su hogar, convirtiéndose en una familia de 13. Los orgullosos padres, que llaman a todos sus hijos “joyas preciosas”, afirman que Dios los ha guiado en todo momento.

Maria Hansen-Quine, consejera de escuela primaria de Phoenix, y su esposo, Sam Quine, que también fue un niño adoptado, dijeron a The Epoch Times que, para ellos, la fe lo es todo.

“Tenemos dos hijos de Ghana de África Occidental, cuatro hijos de China y ahora tres adoptados de Estados Unidos, además de nuestros dos hijos biológicos”, dijo María. “En cada ocasión, Dios guió nuestros pasos”.

“Cada una de sus historias de adopción está cargada de muchos detalles inesperados, extraordinarios y milagrosos de Dios. Detalles que declaran con audacia que el Dios del Universo escribe las mejores historias. Cada vez la fe nos ha llamado, y cada vez la fe nos ha sostenido. Cada vez la fe nos ha dado el valor para salir de lo que ha parecido una locura e imposible”.

“El milagro de nuestro día a día no se me escapa. Quiero decir, pensar que una niña de las Islas Feroe se casó con un chico de Corea del Sur, que ahora vive en Phoenix, Arizona, con un total de 11 joyas. Es una locura, ¿verdad?”.

Maria Hansen-Quine (izq.) y Sam Quine (der.) con sus 11 hijos. (Cortesía de Maria Hansen-Quine)

Sobre su reciente adopción, María dijo que estuvo trabajando con una estudiante durante 18 meses cuando supo que tanto la niña como su hermano pequeño necesitaban desesperadamente un hogar permanente. María y Sam, gestor de créditos en una gran compañía de manufactura, dijeron que no pensaban adoptar más.

“No estoy segura de qué nos inspiró específicamente, excepto Dios”, dijo ella. “No lo teníamos previsto, ni lo esperábamos. Estaba devolviendo la llamada de su asistente social cuando me di cuenta de la magnitud de la necesidad”.

María tenía una conexión especial con la niña, hasta el punto en que animó a cinco de sus compañeros de trabajo a adoptarla. Pero cuando se enteró por la asistente social que ella y Sam podían convertirse en un ” lugar de acogida por parentesco”, algo tuvo sentido. “Fue como si, en ese momento, Dios abriera literalmente nuestros ojos para verlos como nuestros hijos”, recuerda María. “Dos semanas después, los recibimos en nuestra casa y, diez meses más tarde, se convirtieron legalmente en nuestro hijo y nuestra hija”.

La adopción fue aprobada por un juez en octubre. Después de aproximadamente 1825 días en régimen de acogida, los hermanos tenían por fin una casa a la cual podían llamar hogar.

De hecho, Sam fue adoptado en los años 70 por una pareja de la Marina estadounidense que tenía dos hijas, y vivían en Japón. Encontraron a Sam después de muchos intentos de adoptar a un bebé en un orfanato de Corea del Sur; lo dejaron en la puerta en una caja. Inicialmente, el personal temió que estuviera demasiado débil para desarrollarse y pidió a la pareja que regresara en unos meses.

Pero una empleada muy dedicada lo cuidó y alimentó hasta que sus nuevos padres pudieron llevárselo a casa, a Estados Unidos.

María, que ha estado trabajando en un libro sobre el proceso de su familia, describió la historia de la adopción de Sam con estas palabras: “Dios sabía que iba a luchar, y por eso ya había planeado una historia. (…) Dios puso al niño en el corazón de una mujer, una mujer cuyo nombre es desconocido. Esta mujer se conmovió tanto que pasó los siguientes meses sentada junto a su cuna. Se sentaba allí día y noche, alimentándolo. Dios utilizó inesperadamente a esta mujer para darle vida al niño. Cuando la pareja regresó, su hijo era un bebé sano y gordito”.

María y Sam. (Cortesía de Maria Hansen-Quine)

María dice que habló de adoptar con Sam incluso antes de casarse.

“Esto estaba en el corazón de ambos”, dijo. “Cuando nos casamos, la adopción hacia parte de nuestro plan de vida; hablábamos de tener una joya adoptada y otra biológica”.

María describe su primera adopción como “inesperada, extraordinaria y milagrosa”. Cuando iba a cumplir los 30 y con cinco años de matrimonio, ella y Sam vivían en Nueva Jersey mientras María estudiaba Trabajo Social Clínico en la Universidad de Rutgers.

“No teníamos hijos y, literalmente, nos convertimos en padres en un fin de semana”, dijo. “Por supuesto, hubo muchos detalles que Dios organizó antes del fin de semana”.

Mientras cuidaban a unos gemelos para unos amigos, la pareja invitó a María y a Sam a acompañarlos a conocer a la madre biológica de los gemelos al día siguiente; ella quería una familia adoptiva para su hija recién nacida. Nunca se lo esperaron, como dice María, y la pareja ya había planeado regresar al estado de Washington, pero algo hizo que se sintieran obligados.

“A la mañana siguiente, muy temprano, condujimos tres horas hasta el estado de Pensilvania para conocer a la madre biológica y a su preciosa hija”, recuerda María. “Pasamos todo el día en el hospital y, al final, nos dijo que quería que tuviéramos a su hija. Nos eligió a nosotras, y en ese momento, Dios me dijo que mi nueva hija sería el mejor regalo que me haría.

“Han pasado 19 años y todavía se me salen las lágrimas al recordar este momento tan precioso y sagrado”.

María y Sam con sus 11 hijos. (Cortesía de Maria Hansen-Quine)

Cuando la gente le pregunta cómo es su vida hoy, la respuesta de la madre es doble: “Bendita y ardua, todo al mismo tiempo”. Algunos de sus hijos tienen necesidades especiales, y sabe que hay un trauma inherente para cualquier niño adoptado que no pueda permanecer con su familia biológica.

Pero María y Sam se han dedicado a aprender sobre los efectos del trauma en el desarrollo temprano del cerebro y a criar a sus hijos con compasión. “Nos gusta pensar en nosotros mismos como padres traumatizados, padres basados en la capacidad cerebral o padres comprometidos”, dice ella.

“Intentamos ver a nuestras joyas de forma holística e individual, conscientes de que cada uno necesita algo diferente de nosotros. Mezclamos esto con gracia, mucha gracia —para ellos y para nosotros”.

(Cortesía de Maria Hansen-Quine)

Los Quine tienen un hogar feliz. María y Sam predican la bondad, y la familia se divierte unida haciendo senderismo, montando en bicicleta, nadando, esquiando e inventando juegos. La pareja dice que se esfuerza por ayudar a todos sus hijos a progresar.

Aunque muchos afirman que los niños son afortunados, María asegura que ella y Sam son los más afortunados. Nunca han mirado atrás.

“Adoptamos porque hemos sido muy profundamente amados y bendecidos por Dios, ¿por qué no íbamos a querer compartir ese amor?”, dijo. “Adoptamos porque hay una gran necesidad en algunas familias, y nosotros podemos satisfacer esa necesidad”.

“Sinceramente, nunca nos propusimos tener que adoptar o tener muchos hijos; simplemente nos propusimos vivir la vida al máximo, decir sí cada vez que Dios nos pidiera que hiciéramos algo, y ‘carpe diem’ en el camino”.

(Cortesía de Maria Hansen-Quine)

Con información de Arshdeep Sarao.


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