“Vuelve a China y te meteré en la cárcel”: Jueza china amenaza a una residente de Nueva York

Por SHUHAN ZHAO
27 de Julio de 2021
Actualizado: 27 de Julio de 2021

Mientras navegaba por Internet, una residente de Nueva York hizo un descubrimiento aterrador: su esposo en China será juzgado dentro de pocos días, por nada más que negarse a renunciar a su fe.

Ren Haifei, de 45 años, es un practicante de Falun Gong en la ciudad portuaria de Dalian, en el noreste de China. Falun Gong ha sido brutalmente reprimido por el régimen comunista durante más de dos décadas. Millones de practicantes de la disciplina espiritual han sido detenidos o encarcelados.

Ren será juzgado el 29 de julio.

Su esposa, Wang Jing, sabe lo que esto significa: un juicio de exhibición que conduce a una condena casi segura. Es el mismo trato que el régimen comunista da a la mayoría de los practicantes de Falun Gong, según ella.

“Quiero rescatarlo ahora”, dijo Wang, una exenfermera que ahora reside en el estado de Nueva York, a The Epoch Times.

Wang Jing y su esposo Ren Haifei en Dalian, China, en abril de 2012. (Cortesía de Wang Jing)

Wang quiere salvar a su esposo de otra larga temporada en prisión. Ren pasó anteriormente siete años y medio en la cárcel, durante los cuales sufrió numerosas formas de tortura.

Se suponía que Ren nunca volvería a estar en esta posición. Se suponía que debía escapar del país con Wang en 2018 después de soportar décadas de persecución y acoso por parte de Beijing.

Pero cuando los dos estaban a punto de irse, los padres ancianos de Ren se enfermaron. Él eligió quedarse en China para cuidarlos.

Por temor a la vigilancia de las autoridades chinas, la pareja ha limitado sus comunicaciones a unas pocas llamadas breves de larga distancia durante los últimos tres años.

Wang solo pudo enterarse del juicio de Ren cuando entró en Minghui.org, un sitio web con sede en Estados Unidos que documenta la persecución a los practicantes de Falun Gong.

Falun Gong, también conocido como Falun Dafa, es una disciplina espiritual compuesta de ejercicios de meditación y un conjunto de enseñanzas morales centradas en los principios de verdad, compasión y tolerancia. En la década de 1990 hasta 100 millones de personas lo practicaban, según estimaciones oficiales en ese momento.

Al ver esto como una amenaza a su control totalitario, el Partido Comunista Chino (PCCh) lanzó una amplia campaña de persecución contra los practicantes de Falun Gong en julio de 1999, con el objetivo de eliminar sus creencias.

Buscando ayuda

Wang buscó la ayuda de su representante federal, el congresista Sean Maloney (D-N.Y.), durante una reunión reciente en el ayuntamiento.

“Defendemos los derechos humanos a Falun Gong y otros”, dijo Maloney en la reunión del 18 de julio, donde se comprometió a enviar una carta a la Embajada de Estados Unidos en China pidiendo la liberación de Ren.

El representante Sean Patrick Malony (D-N.Y.) habla durante un foro ciudadano sobre su apoyo a los derechos humanos en China, el 18 de julio de 2021. (Du Guohui/The Epoch Times)

Después de varias rondas de llamadas telefónicas a las autoridades chinas, Wang finalmente pudo comunicarse con la juez Jin Hua, quien está a cargo del caso de Ren en el tribunal de Ganjingzi, en Dalian.

Wang le contó a Jin sobre la mala salud de su esposo y le pidió a la juez que lo liberara de inmediato. También mencionó la declaración del representante Maloney.

“Haz lo que quieras”, respondió Jin. “Vuelve a China y te meteré en la cárcel también”.

La juez colgó y Wang no pudo localizarla de nuevo.

Arresto sin orden judicial

Hace un año, la policía irrumpió en el apartamento de Ren, confiscó sus ahorros, pertenencias personales y lo arrestó sin una orden judicial.

Mientras estuvo detenido, Ren fue enviado a la sala de emergencias luego de una brutal golpiza por parte de la policía la cual le causó insuficiencia cardíaca y renal. Estuvo hospitalizado durante 19 días.

Luego, mientras aún se encontraba en muy mal estado de salud, Ren fue encarcelado en un centro de detención, donde los guardias seguían dándole drogas desconocidas. No se le permitió revelar el incidente a un abogado hasta meses después. El abogado de Ren luego le contó estos detalles a Wang.

Desde entonces, las autoridades han detenido a Ren sin cargos, dijo Wang.

Después del arresto de Ren, Wang llamó a todas las autoridades chinas relacionadas con el caso, con la esperanza de conectarse con su esposo. Todas le impidieron contactarse con él.

Vidas al revés

A finales de los 90, Wang y Ren tenían veintitantos años y ocasionalmente se encontraban durante las sesiones matutinas de meditación grupal en un parque local en Dalian.

“Ren era un tipo cálido, cariñoso y gentil”, dijo Wang sobre sus primeras impresiones. “Siempre estaba dispuesto a ayudar a la gente”.

Pero en julio de 1999, su rutina matutina cambió cuando el PCCh lanzó su persecución contra el grupo. A partir de entonces, meditar al aire libre significó arrestos y golpizas por parte de la policía.

Wang, junto con miles de otros practicantes locales, fue a protestar dos días después de que comenzara la persecución. Formaron una cadena humana y se detuvieron en el gran campo frente al Ayuntamiento de Dalian.

“Nadie planeó la protesta”, recordó Wang. “Cada uno de nosotros sintió que teníamos que hacer algo, así que fuimos.

“Entonces, apareció la policía. Uno por uno, la policía arrastró a los practicantes fuera de nuestra cadena humana. Algunos de los practicantes quedaron inconscientes y luego se los llevaron. Algunos estaban sangrando”, dijo Wang.

“Muchos policías eran jóvenes. No dijeron nada mientras arrastraban a los practicantes, como si estuvieran cumpliendo una misión”.

Wang recordó haber visto a policías vestidos de civil grabando a cada practicante. Días después, la policía comenzó a aparecer en sus puertas, en sus lugares de trabajo, obligándolos a firmar declaraciones de renuncia a su fe. Incluso los familiares de los practicantes fueron acosados y amenazados.

Ren fue arrestado en 2001 mientras estaba en casa haciendo volantes que tenían como objetivo contrarrestar la propaganda de odio del régimen contra la práctica y sus seguidores. Terminó en la cárcel por siete años y medio.

Wang perdió su trabajo como enfermera. Presionada por las autoridades, el hospital en el que trabajaba la reasignó para fregar los pisos. Sus pacientes anteriores caminaban mirándola con tristeza e incredulidad, recordó Wang.

“Pagando el precio con sangre y lágrimas”

Wang y Ren revivieron su amistad después de que salió de prisión en 2008.

Al principio, Wang no pudo reconocer a Ren en absoluto, dijo. El joven vivaz que recordaba se había ido. Ren solía llorar mientras relataba los brutales asesinatos de practicantes a su alrededor en la prisión, dijo.

Después de unos años, los dos se casaron y vivieron juntos hasta 2018.

Como otros, Ren fue severamente torturado. Estuvo encerrado solo en una habitación de tres por tres pies durante días, con grilletes y esposas. Le costó encontrar palabras que pudieran describir todo lo que vivió, incluso le costaba decírmelo, dijo Wang.

“Mi esposo se mantuvo fiel a sus creencias e hizo todo lo posible por enfrentar la vida con positividad”, dijo. “Pero una sombra oscura fue implantada en lo profundo de su corazón”.

A solo días antes del juicio de Ren, Wang espera un milagro.

“En China, hay un grupo de buenas personas que solo quieren aferrarse a su fe. Pero están pagando el precio con sangre y lágrimas”, dijo.

“El PCCh está destruyendo sus vidas y las vidas de sus familias. Espero que gente amable de la comunidad internacional eche una mano y se ponga del lado de la justicia”.


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