Acosado por las crisis, Xi Jinping se escuda en las masas

El nacionalismo y la "prosperidad común" contradicen los intensos desafíos, desde la escasez de poder hasta las luchas políticas, que enfrentan el régimen comunista y su líder.
Por Leo Timm
11 de Octubre de 2021
Actualizado: 11 de Octubre de 2021

Análisis de noticias

En agosto, el periódico estatal de China, Diario de Información Económica, publicó un artículo mordaz de 6000 palabras que condenaba a la industria de los videojuegos online del país por promover el “opio espiritual”, acumulando miles de millones y creando una adicción a las “nuevas drogas” entre la gente, especialmente entre los jóvenes. El artículo se volvió a publicar en docenas de medios y le siguieron comentarios similares en los medios estatales y publicaciones oficiales en las redes sociales.

En unos días, las acciones de los gigantes chinos de los videojuegos como Tencent y NetEase cayeron en 300,000 millones de yuanes; el 30 de agosto, Beijing impuso estrictas regulaciones sobre los juegos online, limitando a tres horas el tiempo que los menores pueden jugar a la semana.

El ataque de la prensa y de las autoridades contra la industria de los videojuegos se produjo inmediatamente después de importantes incidentes que involucraron a otros actores importantes en el enorme sector tecnológico de China. El 30 de junio, la aplicación de viajes compartidos, Didi Chuxing, debutó en la Bolsa de Valores de Nueva York sin la aprobación de Beijing, lo que le valió un rápido castigo.

Desde el año pasado, el Partido Comunista de China ha aumentado constantemente la presión sobre Jack Ma, fundador del gigante del comercio electrónico Alibaba y uno de los hombres más ricos de China. Lo que habría sido una oferta pública inicial (OPI) récord de USD 30,000 millones por parte de Ant Group, propiedad de Ma, se canceló abruptamente en noviembre de 2020; según el Wall Street Journal, la OPI habría presentado graves riesgos financieros para el Partido Comunista Chino (PCCh). Ma desapareció durante meses y ahora mantiene un perfil bajo.

La represión en el sector tecnológico es solo un aspecto del ambicioso proyecto del líder chino Xi Jinping para remodelar la sociedad, en la que además de formas cada vez más invasivas de vigilancia y censura, recientemente se incluyó una prohibición total de las tutorías extracurriculares. Las acciones del líder chino incluyen, además, una cruzada en el negocio de la cultura pop de China en donde la actriz multimillonaria Zhao Wei fue borrada de Internet y estrellas masculinas fueron acusadas de promover una estética feminizada entre los varones.

El 17 de agosto, Xi presidió una reunión de una comisión económica del PCCh, que se centró en la promoción de la “prosperidad común” entre la población china. El programa pide un sistema “universal” de redistribución socialista para garantizar “el sustento de la gente”.

Un logotipo de Didi Chuxing en Hangzhou, en la provincia oriental china de Zhejiang, el 4 de septiembre de 2018. (STR/AFP vía Getty Images)

Control versus caos

A menudo se dice que el enfoque de gobierno de mano dura de Xi, resumido en sus frecuentes declaraciones de que “el Partido lidera todo”, se inspira directamente en Mao Zedong, líder fundador de la China comunista. Muchas de las medidas de Xi, y especialmente las recientes medidas drásticas, se han comparado con la infame Revolución Cultural de Mao, que entre 1966 y 1976 sumió a China en una década traumática de un mortal fanatismo político.

Donde Mao tenía el “Pequeño Libro Rojo”, el Partido Comunista de hoy exige la aplicación “Estudiar el país fuerte de Xi” para que los chinos adquieran competencias con respecto al “Pensamiento de Xi Jinping“. La diplomacia del “guerrero lobo” de los funcionarios chinos bajo Xi recuerda los focos de tensión de la Guerra Fría entre el PCCh y sus rivales. A pesar de las garantías de Xi, de que la reforma económica todavía está en la agenda, tanto los observadores occidentales como los chinos lo culpan por descartar las políticas de los líderes anteriores del Partido que enfatizaban el crecimiento y las ganancias por encima de las manifestaciones externas y extremas de ideología.

Las similitudes entre Xi y Mao son profundas, pero también las diferencias.

Mao había lanzado la Revolución Cultural intentando retomar el poder después de ser marginado por su papel en la desastrosa campaña del Gran Salto Adelante, que resultó en la muerte por inanición de unos 45 millones de chinos. Uno de los ensayos cortos de Mao, “Bombardear el cuartel general”, capturó el espíritu de violencia imprudente y rebelión que pronto se apoderó del país, lo cual hizo que volviera al poder.

Por el contrario, la retórica y las políticas de Xi contienen poco del llamado a la iconoclasia y destrucción de base que se apoderó de China bajo Mao. Si bien millones de funcionarios del Partido han sido disciplinados en la campaña anticorrupción de Xi, las purgas son llevadas a cabo exclusivamente por la agencia disciplinaria del Partido y por los tribunales chinos.

En lugar de condenar el pasado antiguo de China, como era el tema del lema de la Revolución Cultural de “aplastar a los cuatro viejos”, el PCCh bajo Xi ha convertido la cultura y la historia chinas en una narrativa de grandeza nacional. Las empresas privadas y los servicios financieros deben estar bajo la administración oficial, en lugar de atacarse directamente.

Los cambios políticos bajo Xi tienen una fuerte motivación social e ideológica, particularmente cuando las crisis como la pandemia de COVID-19, la escasez de alimentos y los mercados inmobiliarios sobrecalentados amenazan la estabilidad y quizás, incluso, ponen en peligro al propio PCCh.

Un hombre usa una mascarilla mientras camina por la comunidad Evergrande Changqing el 24 de septiembre de 2021, en Wuhan, China. Evergrande, el desarrollador inmobiliario más grande de China, se enfrenta a una crisis de liquidez con deudas totales cercanas a los USD 300,000 millones. Los problemas que enfrenta la empresa podrían afectar la economía de China y la economía mundial en general. (Getty Images)

“Prosperidad común”

La reunión del 17 de agosto de la Comisión Central de Asuntos Económicos y Financieros del PCCh produjo 10 puntos clave que se dieron a conocer por los medios estatales. La mayoría de los puntos se centraron en el objetivo de lograr la “prosperidad común”.

En particular, el resumen de la reunión pide que las personas y empresas chinas adineradas “retribuyan más a la sociedad”. El Partido también planea “limpiar y estandarizar los ingresos irrazonables, rectificar el orden de distribución del ingreso y prohibir resueltamente los ingresos ilegales”.

Según Ming Chu-cheng, profesor emérito de ciencias políticas en la Universidad Nacional de Taiwán (NTU), la “prosperidad común” puede lograr separar a los ricos de su riqueza, pero es poco probable que los chinos comunes se beneficien sustancialmente.

“Este no es un programa para ayudar a los pobres, sino para ayudar al PCCh”, dijo Ming en “Era Money”, un programa de entrevistas taiwanés.

Diversos factores han afectado gravemente a la economía china, desde la guerra comercial entre Estados Unidos y China hasta la recesión económica mundial provocada por los bloqueos del COVID-19. “El comercio exterior se ha reducido. La tasa de desempleo es alta. Todo esto pesa sobre el presupuesto nacional”, dijo Ming.

Evergrande, el desarrollador inmobiliario más grande de China, no cumplió con dos pagos de bonos en el extranjero durante septiembre, lo que generó temores de que la compañía pudiera colapsar, haciendo estallar la burbuja inmobiliaria de China y provocando un “momento Lehman” para el país.

Además, China enfrenta actualmente una escasez masiva de energía que afecta a más de 20 provincias en las regiones más ricas y productivas del país. Según los medios de comunicación estatales, el racionamiento eléctrico se está imponiendo debido al rápido aumento de los precios del carbón.

La falta de electricidad resultará muy costosa, y quizás mortal, cuando China entre en invierno, especialmente en áreas como el noreste, donde las temperaturas bajo cero y las fuertes nevadas son comunes.

Ming dijo que el giro hacia la “prosperidad común” por parte del PCCh refleja la incapacidad de Xi para impulsar las reformas económicas necesarias que dinamicen el crecimiento saludable propio del libre mercado.

Al principio, Xi no quería imponer políticas de redistribución al estilo socialista, dijo el académico. “Pero después de estar en el poder, descubrió que China había llegado al punto en que era básicamente imposible promulgar reformas”.

SinoInsider, una consultora de riesgos con sede en Nueva York que se especializa en el análisis político de China, escribió en un boletín del 19 de agosto que la prosperidad común es un eslogan conveniente para “sentirse bien” que el PCCh impulsa a la hora de capear la crisis económica.

El boletín señaló que anteriormente, Xi había defendido una estrategia de “circulación dual”, que exigía que el país gastara menos divisas sin renunciar a las exportaciones rentables. Sin embargo, los choques económicos globales, más el comportamiento alienante del régimen, han enfriado el comercio exterior. Ahora, el régimen está desesperado por apuntalar sus arcas y dirigir la indignación pública hacia los ultraricos.

“Si los riesgos financieros explotan, el PCCh ha sentado las bases para sacrificar a la élite adinerada y emerger como el ‘salvador del pueblo’”, se lee en el análisis.

“Pero la ‘redistribución’ corre el riesgo de sofocar aún más la actividad económica y generar un fuerte rechazo de la élite contra Xi”.

Logotipo de la sede de Ant Group, en Hangzhou, provincia de Zhejiang, en el este de China, el 13 de octubre de 2020. (STR/AFP a través de Getty Images)

Enfrentamiento político

Más allá de someter a la sociedad a un control más firme del PCCh y de prepararse para los tiempos difíciles que se avecinan, gran parte de la actividad reciente de Xi refleja una lucha de larga data entre él y sus rivales políticos dentro del propio Partido.

Si bien los regímenes comunistas tienden a presentar un “frente unido” monolítico al público, están dados a complejas luchas internas entre diferentes facciones, una dinámica que a menudo se pasa por alto en los informes de los principales medios occidentales. Estas luchas dentro del régimen pueden desempeñar un papel crucial en el impulso de la política y la retórica.

En febrero, Lingling Wei, del Wall Street Journal, escribió que, según más de una docena de personas del régimen chino, una de las principales razones por las que el PCCh canceló la oferta pública inicial de Ant Group en noviembre de 2020, en Shanghái, se debió al “creciente malestar en Beijing por la compleja estructura de propiedad de Ant, y por las personas que más se beneficiarían de la que habría sido la mayor oferta pública inicial del mundo”.

Según Wei, entre los posibles interesados que “salían ganando” se encontraban los que tenían vínculos con Jiang Zemin, el antiguo líder del PCCh que fue secretario general de 1989 a 2002, pero que “sigue siendo una fuerza entre bastidores”.

Muchos de los funcionarios purgados en la campaña anticorrupción de Xi han estado conectados con la facción de Jiang, incluidos decenas de cuadros de alto rango del Partido y altos generales del Ejército Popular de Liberación (EPL).

Ming, el profesor emérito de la NTU, dijo que incluso las represiones en la industria del entretenimiento tienen relación con la disputa entre Xi y Jiang, dada la influencia de Zeng Qinghong, exvicepresidente chino y aliado cercano de Jiang, sobre las oficinas gubernamentales que gestionan la industria del entretenimiento.

La lucha entre facciones en el PCCh ha llegado a un punto crítico mientras Xi se prepara para el XX Congreso del Partido que se celebrará a fines del próximo año. Si bien se espera que Xi tome un tercer mandato que rompa las normas como secretario general, los analistas de SinoInsider creen que enfrenta desafíos para llevar a cabo ese esfuerzo.

“Xi se ha agregado muchos enemigos nuevos en los últimos nueve años con su campaña anticorrupción y con otras políticas intransigentes”, escribió la consultora de riesgos en un artículo del 15 de septiembre. El artículo señala que los nueve años del líder en el poder han generado muchos reveses para el régimen, como la pandemia de COVID-19 y la movilización de naciones democráticas para oponerse a Beijing y apoyar a Taiwán, y pocas victorias que Xi podría reclamar como “logros políticos legítimos”.

Sin tomar medidas más contundentes, Xi podría ver comprometida su candidatura a un tercer mandato, según el artículo.

Las recientes medidas de la Comisión Central de Inspección Disciplinaria (CCDI) del PCCh han apuntado a más afiliados de Jiang en el aparato de seguridad del régimen.

El 2 de octubre, la CCDI anunció una investigación a Fu Zhenghua, ministro de justicia retirado y ex vicejefe del Ministerio de Seguridad Pública (MPS), la fuerza policial de China. El medio estatal Xinhua acusó a Fu de “ambición política desmesurada y muy pobre integridad política”, diciendo que había difundido críticas infundadas a la política del Partido, así como rumores políticos.

Apenas dos días antes, el PCCh expulsó del Partido a Sun Lijun, también exdirector adjunto del MPS, al cual las autoridades lo acusaron de “mantener discusiones inapropiadas sobre el gobierno central”, así como de “formar pandillas para tomar el control de departamentos clave”, a lo que se agregan las mismas acusaciones formuladas contra Fu.

Radio Free Asia señaló en su informe sobre Fu que las purgas se basan en la sentencia de Bo Xilai y Zhou Yongkang, dos poderosos miembros del Politburó con conexiones en el estado de seguridad. Los cuatro funcionarios deshonrados son aliados de Jiang.

Si bien la mayoría de los funcionarios han sido acusados oficialmente de corrupción, el Partido ha insinuado ocasionalmente delitos más graves. Por ejemplo, el artículo de la RFA señaló que Liu Shiyu, regulador de valores chino, dijo en 2017 que figuras importantes del régimen habían “conspirado abiertamente para usurpar el liderazgo del partido”.


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