Comunidad médica está haciendo la vista gorda ante extracción forzada de órganos en China: Expertos

Por Cathy He
27 de Octubre de 2020
Actualizado: 27 de Octubre de 2020

Entre los primeros pacientes del cirujano de trasplantes abdominales Dr. Alexander Toledo, en el Centro Médico UNC, se encontraba una madre de 41 años con un diagnóstico cáncer de hígado que tenía 3 hijos.

La única esperanza de supervivencia de la mujer era un trasplante de hígado. Pero esta no era una opción porque no cumplió con los criterios de trasplante, una conclusión validada en otros centros médicos. Los tratamientos no curativos podrían prolongar su vida de seis a nueve meses.

Pero dos meses después, la mujer regresó a la clínica con un hígado nuevo. Ella había volado desde Carolina del Norte a China para recibir un trasplante de hígado.

“Ella había recibido un trasplante de hígado esencialmente a pedido, lo que, por supuesto… planteó preguntas sobre la fuente de los órganos”, recordó Toledo sobre el caso de 2008, durante un panel por Internet, organizado por el Centro de Bioética de la UNC (Universidad de Carolina del Norte), el 26 de octubre.

En los procedimientos médicos normales, la fuente principal de un trasplante de hígado es de un donante fallecido o, en algunos casos, de un donante vivo. En el caso de la cirugía de trasplante de la mujer en China, “no se proporcionó información significativa sobre el donante a la familia, aparte de que el donante era joven y saludable”, dijo.

Estimulado por este misterio, Toledo comenzó a excavar. Encontró pruebas alarmantes de que el régimen chino estaba sustrayendo órganos de presos de conciencia para venderlos en el mercado de trasplantes.

En ese momento, China no tenía un programa oficial de donación de órganos pero había comunicado que los órganos para trasplantes provenían de prisioneros ejecutados. Las investigaciones sobre este tema encontraron que se estaban ejecutando presos de conciencia por sus órganos. Estos prisioneros eran practicantes de Falun Gong, una práctica espiritual perseguida por el régimen chino.

Falun Gong, una práctica de meditación con enseñanzas morales centradas en los principios de “verdad, compasión y tolerancia”, se hizo popular en la década de 1990, y las estimaciones del gobierno en ese momento indicaban que había entre 70 y 100 millones de practicantes a finales de la década. Al considerar esto una amenaza, el Partido Comunista Chino (PCCh) lanzó, en 1999, una campaña de persecución expansiva. El Centro de Información de Falun Dafa estima que, durante las últimas dos décadas, millones de practicantes han sido llevados a campos de trabajo, prisiones, centros de detención y centros de lavado de cerebro, donde a menudo son torturados.

En 2019, un tribunal popular independiente, después de una investigación de un año, concluyó más allá de toda duda razonable que el régimen ha estado matando durante años a presos de conciencia, predominantemente practicantes de Falun Gong, por sus órganos. Esto ha estado sucediendo “en una escala significativa” y continúa hoy, dijo el tribunal.

En 2015, el régimen chino estableció un programa de donación de órganos y ha afirmado que desde entonces dejó de usar órganos de prisioneros ejecutados.

A pesar de los hallazgos surgidos a lo largo de los años sobre la sustracción forzada de órganos en China, la comunidad médica e internacional “sigue luchando con su respuesta a esto”, dijo Toledo.

David Matas, un abogado canadiense de derechos humanos, que ha pasado más de una década investigando este tema, dijo durante el panel con el Dr. Toledo que la comunidad internacional de trasplantes no ha tomado medidas concretas sobre el tema.

Como resultado, dijo, la comunidad médica se enfrenta a “dos realidades”: primero, el asesinato masivo en China de presos de conciencia por sus órganos, y la segunda “es el hecho de que demasiados en la profesión mundial de trasplantes están decididos a hacer la vista gorda ante esta primera realidad”.

Matas agregó que solo una “pequeña minoría de los profesionales de trasplantes a nivel mundial están dispuestos a hacer algo sobre el abuso de los trasplantes en China”.

Algunos en la comunidad mundial de trasplantes han aceptado el engaño de la propaganda china, repitiendo acríticamente los puntos de discusión del Partido Comunista Chino que buscan desacreditar la evidencia sobre la cosecha masiva de órganos, según Matas.

“Se hicieron eco de la línea del Partido de que la investigación no es verificable, aunque es verificable y verificada más allá de cualquier duda razonable”, dijo.

Por ejemplo, una conferencia de 2017 sobre tráfico internacional de órganos y turismo de trasplantes, organizada por la Pontificia Academia de Ciencias del Vaticano, generó controversia cuando invitó al Dr. Huang Jiefu, entonces jefe del organismo de trasplantes del régimen chino, a asistir. Huang había negado sistemáticamente la sustracción forzada de órganos en China. En respuesta a las protestas contra la invitación de Huang, el rector de la academia dijo en ese momento que la conferencia era un “ejercicio académico y no una repetición de afirmaciones políticas polémicas”.

Mientras tanto, los investigadores sobre el abuso de trasplantes en China no fueron invitados a la conferencia.

A principios de 2016, el entonces presidente de la Sociedad de Trasplantes (The Transplantation Society – TTS), el Dr. Francis L. Delmonico, dijo en una audiencia del Congreso de EE.UU. sobre el abuso de trasplantes de órganos en China que “no estoy aquí para verificar. Ese no es mi trabajo… Solo estoy aquí para decir que la comunidad internacional ha reconocido esta terrible práctica en China y desea cambiarla”. Delmonico continuó expresando su optimismo de que las reformas se llevarían a cabo dentro del sistema de trasplantes de China bajo la dirección de Huang y su protegido, Wang Haibo.

Matas dijo que el liderazgo de la TTS y los organismos nacionales de trasplantes deben cambiar su posición sobre este tema y hablar en contra del abuso de trasplantes por parte del régimen chino. Al mismo tiempo, deberían introducir normas éticas para garantizar que los profesionales médicos extranjeros no sean cómplices de estos abusos. Sugirió 12 normas, entre ellas que los médicos no remitan a los pacientes trasplantados a otros países para someterse a una cirugía, a menos que puedan determinar, más allá de toda duda razonable, que el donante del órgano dio su libre consentimiento. Además, que no se acepten para su presentación o publicación estudios en los que participen receptores de órganos de presos de conciencia.

Un estudio de 2019 encontró que más de 400 artículos de investigación sobre trasplantes de órganos en China, publicados en revistas revisadas por pares en inglés entre 2000 y 2017, pueden haber involucrado órganos extraídos arbitrariamente a presos de conciencia. Estos estudios no informaron si los donantes habían dado su consentimiento, en violación de los estándares éticos.

El TTS no respondió de inmediato a una solicitud de comentarios.

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