«Confía en Dios, pero ata tu camello» un proverbio de fe y responsabilidad

Lo antiguo y lo moderno se unen en este dicho para dejarnos valiosas enseñanzas

Por Angelica Reis
08 de junio de 2024 5:50 PM Actualizado: 08 de junio de 2024 5:50 PM

Si se encuentra leyendo esto, es probable que no tenga un camello. Un saludo a los lectores que lo tengan.

Este proverbio tan antiguo se presta a una humilde reflexión. Plantea la cuestión de dónde termina la fe y dónde empieza la irresponsabilidad.

Es posible que la mayoría de nosotros no se plantee estas cuestiones hoy en día, ya que muchas personas, sean creyentes o no, se limitan a hacer las cosas como el resto del mundo y no esperan que haya una mano divina importante en acción, en sus asuntos cotidianos. Sin embargo, a veces, la fe puede empezar a desbordar el ámbito de la negligencia, y esta línea es una cuestión realmente delicada.

Estas son las mismas cosas que aborda «confía en Dios, pero ata tu camello».

¿Cómo llegamos a este dicho en particular?

«Confía en Dios, pero ata tu camello» nos llega de —lo has adivinado— el antiguo mundo árabe. Sin embargo, su sabiduría se ha popularizado en muchos idiomas y culturas a lo largo del tiempo.

¿Cuál es tu camello proverbial que hay que atar? ¿Es su vehículo? ¿Su cuerpo? ¿Sus dientes? ¿Su casa? ¿Sus relaciones? Al fin y al cabo, todo tiene que estar «atado», por así decirlo —hay que cuidarlo, administrarlo y mantenerlo a salvo. ¿Y no es eso en última instancia respetuoso con lo que lo divino ha creado y dado?

Es difícil averiguar cómo llegó la expresión al inglés. La primera referencia conocida a un proverbio similar en la literatura inglesa se remonta a un poema de William Blacker de 1834, en el que el estadista británico (entonces general) Oliver Cromwell dice a sus soldados: «Poned vuestra confoanza en Dios, muchachos y mantened seca la pólvora». Esta frase se abrevia a veces como «Confía en Dios y manten tu pólvora seca», o simplemente «Manten tu pólvora seca, para que pueda dispararse correctamente.

Cromwell se esforzó por reclutar soldados temerosos de Dios, pero al mismo tiempo fue meticuloso con su disciplina y entrenamiento. Esto encarna la máxima «Confía en Dios, pero…»

Otra deuda con Ben Franklin

Una versión similar y quizá más popular de este concepto es «Dios ayuda a los que se ayudan a sí mismos». Una idea de esto es: Pon de tu parte, y quizás toma la iniciativa, y puede que recibas ayuda divina.

He aquí un divertido epigrama escocés que ilustra la idea:

Era un ladrón robusto y fuerte,
Que sostenía, «Seguramente no puede estar mal,
Abrir baúles y estantes de rifles,
Porque Dios ayuda a los que se ayudan a sí mismos».

Pero cuando llegó ante el Tribunal,
y audazmente se levantó para alegar lo mismo,
El juez respondió: «Eso es muy cierto;
Te has ayudado a ti mismo» —¡Ahora que Dios te ayude!.

Las expresiones de esta idea variaron antes del siglo XVIII. John Baret, en su obra «An Alvearie» de 1580, afirma que «Dios ayuda en sus negocios a los que son laboriosos». Y el clérigo George Herbert, en su «Jacula Prudentum» de 1640, aconseja: «Ayúdate a ti mismo y Dios te ayudará».

Sin embargo, no fue hasta el «Poor Richard’s Almanack» de Benjamin Franklin, de 1736, cuando se registró la formulación moderna del proverbio: «Dios ayuda a los que se ayudan a sí mismos».

Una creencia antigua y universal

Los escritos antiguos a veces también hacían hincapié en la idea de que la ayuda divina depende de nuestra voluntad de actuar. Por ejemplo, la fábula de Esopo «Hércules y el carretero», de alrededor del año 570 a.C., ilustra vívidamente este concepto. En el cuento, un carretero encuentra su carro atascado en un camino fangoso y, en lugar de resolver el problema por sí mismo, invoca al poderoso Hércules para que le ayude. Hércules se presenta ante él y ordena al carretero que se esfuerce poniendo el hombro detrás de la rueda e impulsando a sus bueyes hacia delante. Hércules, en una severa reprimenda, advierte al hombre que no vuelva a pedir su ayuda si antes no lo ha intentado seriamente por su cuenta.

Varios idiomas europeos contienen proverbios similares que transmiten también la esencia de la autoayuda frente a la confianza divina. Los franceses dicen: «Dios nunca nos construye puentes, pero nos da manos», y los españoles advierten: «Mientras esperas el agua del cielo, no dejes de regar».

Otro punto de vista

Así que, aunque de todos estos dichos o proverbios se desprende claramente que tenemos que asumir nuestra responsabilidad personal y no limitarnos a tener fe, algo que también pueden reflejar es la siguiente creencia: Todas las cosas que hacemos, o dejamos de hacer, son observadas desde lo alto. Y también pueden reflejar que, en cierto modo, tal vez «tengamos que ganárnoslo»—debemos actuar bien mientras estemos en este mundo, y cuando esto se observe, recibiremos ayuda y recompensas celestiales.

Así pues, «confía en Dios, pero ata tu camello». Sigue confiando, y sigue atando. Ambos son actos valiosos y dignos.


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