Joven con obesidad relata en historieta cómo logró aceptarse: «Asociar gorda con fea no es real»

Por Celeste Armenta
14 de noviembre de 2021 12:39 AM Actualizado: 14 de enero de 2022 10:37 PM

El sabio consejo de una amiga, y dibujar, fueron determinantes para que una joven emprendiera un camino hacia la aceptación de su físico y la construcción de su autoestima. Su testimonio está llegando a miles de personas a través de sus historietas, donde narra la parte más dolorosa de su infancia y adolescencia, y cómo encontró una luz que iluminó y transformó su vida.

«El detonante fue mi padre, quien me dijo en un restaurante cuando tenía 22 años: ‘Creo que has comido lo suficiente'», compartió Marie-Noëlle Hébert en una entrevista al medio canadiense ARTV.

En este punto, la joven originaria de Quebec, Canadá, tenía el cuerpo adolorido por el esfuerzo físico que le implicaba el ejercicio diario. En ese momento estaba delgada, como nunca antes, y tenía novio, pero aún no podía satisfacer a las personas a su alrededor.

Eso la alertó. Escuchar a su padre le hizo preguntarse qué otras frases la habían llevado a seguir patrones de comportamiento obsesivos hacia su cuerpo y su apariencia externa.

«¿La gente vio que mi cuerpo era un problema antes que yo?», se cuestionó Hébert.

Matilda, la mejor amiga de Hébert, era la única persona que sabía la fuerte depresión y pensamientos suicidas de la joven. También fue determinante para que la joven tomara terapia y entendiera la relación de rechazo que hasta ese momento había tenido con su cuerpo.

Imagen ilustrativa (freepik)

«Ha sido una persona preciosa en mi vida durante diez años. Nuestra amistad ha evolucionado. Ella es una amiga de toda la vida. Y ella es muy libre», relató Hébert.

«Yo, soy muy realista, tengo miedo de lo que la gente dice, de lo que la gente piensa, de salir de la caja; ella es todo lo contrario», agregó.

Cuando Hébert tenía solo 11 años, recuerda que fue el momento en que se dio cuenta que era «gorda y fea», o al menos era lo que escuchaba todo el tiempo. Eso la hizo despreciar su cuerpo y desarrollar el hábito de comer compulsivamente cuando se sentía triste, lo que agravaba el problema, dijo en entrevista a la BBC.

La joven pasó su infancia y adolescencia escuchando comentarios desagradables sobre su cuerpo, de parte de compañeros, amigos y familiares.

«Sufrí mucho, tenía asquerosidad hacia mí misma. Antes de que me rechazaran, yo lo hacía conmigo misma», recordó Hébert, de acuerdo a ARTV.

Cuando decidió seguir el consejo de Matilda y tomar terapia, al mismo tiempo incursionó en lo que se convertiría en la pasión y centro de su vida: dibujar.

La joven había llegado a la conclusión que, aunque había bajado de peso, eso no la llenaba o hacía feliz. Así que sin proponérselo, inició un viaje hacia su infancia, sus recuerdos y su ser interno, a través de la creación de una historieta con sus memorias.

Luego de tomar un curso de ilustración publicitaria y estudiar historia del cine, la canadiense pudo crear su historieta, donde las imágenes se desplazan y no solo son «imágenes fijas», sino escenas.

«Pasé por un gran lío, con papeles por todas partes, como si estuviera en una búsqueda. Tuve que limpiar para poder hacer una historia, y esta historia en relación al cuerpo, me permitió entenderlo mejor, entender cómo llegué allí», recordó Hébert.

Así nació La grosse laide (La gorda fea), un libro narrado en forma de historieta, con ilustraciones que la misma Hébert realizó completamente en lápiz de grafito.

En el proceso, la joven descifró que «no era consciente que me odiaba» por ser gorda, y entendió que eso no era normal.

«Me di cuenta de que no era gorda y fea y que en realidad nadie lo es. Uno puede pensar que es gorda y fea, pero no es real», explicó a la BBC.

«Es difícil verse perfecto. Yo soy gorda, pero no soy fea. Es duro identificarse como una persona gorda, porque siempre hemos asociado eso con la fealdad», agregó.

Por su parte, Matilda la alentó como solo lo puede hacer una mejor amiga: «Me dio el derecho a pensar que era hermosa, a moverme y a ser ridícula. […] Ella me trajo la libertad», agregó.

Aún después de plasmar su historia, Hébert confesó que sique siendo un trabajo constante aceptarse tal como es y no regresar al desprecio hacia su cuerpo.

«Pero hay que decirse que no es verdad, que tienes derecho a ser como eres, de encontrarte bella. Lo importante es saber que en el mundo hay una gran diversidad de cuerpos», reflexionó.


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