Doctrina de Biden: Una apuesta audaz contra los dictadores globales

Por Anders Corr
15 de junio de 2021 6:47 PM Actualizado: 15 de junio de 2021 6:47 PM

Comentario

«Nosotros estamos en una contienda, no con China per se, sino contra los autócratas de todo el mundo, sobre si las democracias pueden competir con ellos en un siglo XXI que cambia rápidamente», dijo el presidente Joe Biden a la opinión pública mundial el 13 de junio.

Biden y el G7 están impulsando una iniciativa de desarrollo internacional liderada por la democracia para contrarrestar la iniciativa de China de la Franja y la Ruta. Pero, con Biden llevando el mensaje a la OTAN, la cual publicó una declaración el 14 de junio calificando a China de «problema sistémico«, donde la contienda no es solo económica, sino que cada vez más militar.

La reacción de China a la declaración de Biden contra la autocracia no se hizo esperar. Esta fue usada para calificar los motivos de Biden como algo «siniestro«, una afirmación que ahora tendrá más peso entre los dictadores del mundo. Al dirigirse no solo a China, sino a otros autócratas, Biden hizo al menos a corto plazo, que la lucha de Estados Unidos contra China sea mucho más difícil.

Muchos dictadores tenían antes una razón perfecta para aliarse con Estados Unidos en contra de China. A Rusia le preocupa la inmigración e influencia china en su vulnerable extremo oriente. Se puede apelar a Arabia Saudita por la represión de China contra el Islam y el genocidio contra los uigures musulmanes. Vietnam está inmerso en un tenso enfrentamiento militar con China por el Mar de la China Meridional. El uso de estos temas por parte de Estados Unidos para atraer a los dictadores de estos países contra Beijing será ahora más difícil, ya que piensan que Estados Unidos también irá contra ellos.

Por otra parte, la llamada de atención de Biden contra la dictadura es fiel a los valores estadounidenses y a los valores de las democracias que tienen la mayor parte del poder económico del mundo. Los europeos, japoneses, indios, brasileños y canadienses creen profundamente en la democracia y, junto con los estadounidenses, componen nueve de las diez economías más importantes del mundo. Ellos necesitan escuchar algo tan explícito como el llamado a «competir» contra la autocracia en orden de unificar y rechazar la influencia de China a nivel internacional, y desde sus propias sociedades.

La lucha contra la autocracia ya no es solo la batalla militar de la Segunda Guerra Mundial o las guerras a pinceladas contra la Unión Soviética. Ahora, debido al éxito económico de China, incluye la lucha a puerta cerrada contra la influencia política de Beijing en nuestras propias capitales.

El que Estados Unidos se oponga a la dictadura de forma inequívoca, sin hipócritas sesiones de fotos con autócratas saudíes ni besos a Vladimir Putin y Kim Jong-un, animará a los luchadores por la libertad de algunas autocracias para democratizar sus sociedades, a defenderlas contra la influencia maligna de China y a convertirlas en aliados más fiables contra China.

El primer ministro del Reino Unido, Boris Johnson, y el presidente de Estados Unidos, Joe Biden, posan durante la cumbre del G-7 en Carbis Bay (Cornualles), Reino Unido, el 11 de junio de 2021. (Leon Neal/WPA Pool/Getty Images)

Biden y el primer ministro británico Boris Johnson insinuaron algo de esto en su declaración conjunta en el G7, la «Nuevo Estatuto Atlántico«, que revitaliza explícitamente la Carta Atlántica original de Franklin Roosevelt y Winston Churchill, firmada en un acorazado en 1941.

La Nueva Carta Atlántica afirma gran parte de la Carta Atlántica original, incluido el apoyo a la democracia, el libre comercio y la libertad de los mares, pero añade una advertencia contra algo nuevo, apuntando explícitamente a la Iniciativa de la Franja y la Ruta (BRI) de China. La nueva carta afirma que Estados Unidos y Gran Bretaña «se oponen a la interferencia que usa la desinformación u otras influencias malignas, incluso en las elecciones, y reafirmamos nuestro compromiso con la transparencia, la sostenibilidad y la buena gobernanza de la reducción de la deuda».

No obstante, la Nueva Carta Atlántica no adopta una posición explícita contra la autocracia.

Aquí es donde la declaración de Biden, hecha el 13 de junio en la Cumbre del G7 en Inglaterra, rompe el molde, no solo el de la era Trump, que buscaba cooperar con países como Rusia, Corea del Norte y Arabia Saudita, sino con los líderes europeos de hoy, quienes se apresuraron a suavizar el lenguaje de Biden, y con toda la estrategia de la Guerra Fría contra la Unión Soviética, en la que Estados Unidos apoyó a los dictadores del tercer mundo cuando ellos eran «nuestros» dictadores.

La declaración de Biden contra la autocracia en general es tan audaz que merece un nuevo nombre: la Doctrina de Biden.

En el pasado, Estados Unidos prefería las democracias de mercado, pero si se veía obligado a elegir entre apoyar a una dictadura anticomunista o dejarla débil para que acabe siendo derrocada por rebeldes comunistas, con lo que gravitaría sobre el bloque soviético, nosotros elegíamos lo primero. Apoyamos a los dictadores anticomunistas a pesar de sus abusos de los derechos humanos y de las reclamaciones de hipocresía que se nos hicieron, porque pensábamos que los necesitábamos en la lucha contra los soviéticos, la amenaza autoritaria más grave e inmediata del mundo.

El líder chino Xi Jinping (C) y otros miembros de alto rango del gobierno se sirven té durante la tercera sesión plenaria de la Asamblea Popular Nacional en el Gran Salón del Pueblo en Beijing el 12 de marzo de 2019. (Kevin Frayer/Getty Images)

Ahora China ha tomado el lugar de los soviéticos en una Nueva Guerra Fría, pero Biden cambió la estrategia por completo. Él se está aliando explícitamente contra la autocracia como forma de gobierno y, por implicación, Estados Unidos se está aliando con las poblaciones locales prodemocráticas de todo el mundo.

Esa oposición generalizada a la autocracia es una amenaza existencial para «nuestros» dictadores y una que China utilizará para intentar atraerlos como «países de la Franja y la Ruta» o a su incipiente sistema de alianzas, la Organización de Cooperación de Shanghai (OCS). China podría incluso utilizar la Doctrina de Biden para apelar a las democracias que prefieren un sistema internacional no ideológico, señalando que países democráticos como India son miembros de la OCS, y que la BRI se ofrece a países democráticos y autocráticos por igual.

El contraargumento de Estados Unidos es férreo: que el mundo tiende a la autocracia y que hay que adoptar una postura explícita contra ella, ahora o nunca. Cuanto más esperemos, más difícil será defender la democracia.

Si Biden sigue su doctrina, podría significar el apoyo a las fuerzas prodemocráticas de Vietnam, Arabia Saudita y Rusia. Es probable que ya lo hagamos, de forma sutil y discreta para no perjudicar nuestros intentos de aliarnos con estos países contra China y Rusia. Pero ahora que nuestra oposición a las autocracias es explícita, los movimientos democráticos de estos países podrían exigir nuestra ayuda, cuya falta será calificada de hipocresía.

Estados Unidos ha pasado de la realpolitik al idealismo y a la «contienda» contra los autócratas, respaldada por su fuerza económica y militar. Es audaz, arriesgado y podría terminar en un desastre diplomático si nuestros aliados se adhieren a la oferta de China de un mundo no ideológico, o se adhieren a una dura lucha global de las democracias contra las dictaduras. Nuestros anteriores aliados autocráticos podrían verse desgarrados por revoluciones democráticas, algunas de las cuales podrían fracasar y conducir a su alianza con China.

La lucha no será trivial, ya que los autócratas suelen elegir la guerra civil e internacional antes que renunciar a su poder dictatorial. Ellos se sienten con el derecho a su poder, con el que gestionan sus países de forma eficiente, a diferencia de Estados Unidos, dicen. Ellos no verán con buenos ojos la «intromisión» estadounidense que les podría significar un violento caos como en Siria e Irak. Estos serán los argumentos que China utilice contra nosotros, con más fuerza ahora que la Doctrina de Biden es explícita.

Miren a Tailandia. Tras el golpe de Estado de 2014, el presidente Barack Obama protestó y los funcionarios del Departamento de Estado arremetieron contra el deterioro de los derechos humanos en el país. Obama recortó la ayuda y redujo los ejercicios militares anuales de Estados Unidos con el país, lo que dio a China y a Rusia la oportunidad de ampliar su presencia e influencia en el aliado regional más antiguo de Estados Unidos. El acceso de Estados Unidos a todo el sudeste asiático quedó en peligro, ya que la mayoría de los demás países de la región ya eran prochinos.

Las fuerzas de seguridad se reúnen detrás de una barricada en llamas durante la represión de las protestas contra el golpe militar en Rangún, Birmania, el 17 de marzo de 2021. (STR / AFP vía Getty Images)

Con la nueva declaración de Biden, China tendrá otro argumento que dar a los generales de Tailandia y Myanmar. Este último también sufrió un golpe de Estado, en febrero. Estados Unidos está en contra de los autócratas y a favor del derrocamiento de sus gobiernos de forma democrática, dirá Beijing. Esto reafirmará lo que los generales tailandeses y birmanos ya creen. Pero los estudiantes que protestan por la democracia en estos países se verán reforzados.

Los diplomáticos estadounidenses en lugares como Vietnam y Arabia Saudita sin duda ya están recibiendo llamadas de preocupación de sus anfitriones. Los activistas por la democracia en esos países buscarán de nuevo el apoyo estadounidense. Nuestros diplomáticos tendrán un trabajo dinámicamente complicado para equilibrar estos intereses y los intereses estadounidenses en las autocracias aliadas. Será difícil compaginar la Doctrina de Biden con los intentos de mantener a los dictadores proestadounidenses de su lado.

Pero hay un resquicio de esperanza en los sulfurosos nubarrones diplomáticos que están a punto de estallar por el cambio tectónico global de la Doctrina Biden. El mundo ha escuchado de nuestro Presidente, en términos inequívocos, que Estados Unidos está a favor de la democracia y en contra de la dictadura. Los defensores de la democracia de todo el mundo se verán inspirados por la doctrina, y tratarán de ayudar a la idea de Estados Unidos, y redoblarán sus propios esfuerzos democráticos, para la victoria final de las personas que creen en la libertad. Hoy es un día de orgullo para esta idea y de esperanza para la democracia en todo el mundo.

Anders Corr es licenciado/máster en Ciencias Políticas de la Universidad de Yale (2001) y doctor en Gobernación de la Universidad de Harvard (2008). Es director de Corr Analytics Inc., editores de Journal of Political Risk, y ha llevado a cabo extensas investigaciones en Norteamérica, Europa y Asia. Es autor de «The Concentration of Power» (de próxima aparición en 2021) y «No Trespassing», además es editor de «Great Powers, Grand Strategies».

Las opiniones expresadas en este artículo son las del autor y no reflejan necesariamente las de The Epoch Times.

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