Guardar y compartir buenos recuerdos es fácil, saludable y divertido

No importa lo rápido que la vida parezca pasar, los recuerdos nos mantienen conectados a los días felices de antaño

Por Jeff Minick
07 de abril de 2023 6:46 PM Actualizado: 07 de abril de 2023 6:47 PM

Créeme amigo cien años pasan más rápido de lo que crees,
Así que no parpadees

Escrito por Casey Beathard y Chris Wallin, ese es el estribillo del conmovedor éxito country «Don’t Blink» interpretado Kenny Chesney. La balada habla de un hombre de 102 años que celebra su cumpleaños en televisión y que, cuando le preguntan por el secreto de la vida, responde:

No parpadees, porque así como así tienes 6 años
Y tomas una siesta
Y te despiertas y tienes 25
Y tu novia de la secundaria se convierte en tu esposa.

No parpadees, es posible que te pierdas
a tus bebés creciendo como lo hicieron los míos
Convirtiéndose en mamás y papás

Lo siguiente que sabes es que tu media naranja de 50 años está ahí en la cama
Y estás rezando para que Dios te lleve en su lugar

La mayoría de nosotros, incluso los jóvenes, hemos experimentado la revelación de que el tiempo pasa a nuestro lado, tan rápido y furioso como el viento en marzo. Una mujer de veintinueve años besa la rodilla amoratada de su hija y, de repente, recuerda a su madre haciendo lo mismo por ella después de tropezar y caerse en el jardín, y se sorprende al ver lo rápido que han pasado los años desde su infancia.

Y, sin embargo, aunque no podemos detener el tiempo, al igual que aquella joven madre, afortunadamente podemos regresar, si así lo deseamos, a días pasados más felices a través de esa cápsula del tiempo de la mente: la memoria.

Tal como éramos

«Nada se pierde realmente para nosotros mientras lo recordemos», escribió L.M. Montgomery, autora de “Ana de las tejas verdes” en “La chica de los cuentos”.

Por eso miramos con conmiseración a nuestros seres queridos que atraviesan el calvario de la demencia, siendo testigos de su confusión y de la pérdida progresiva de sus facultades. De innumerables maneras, el ser humano está hecho de recuerdos, y cuando esos recuerdos comienzan a desvanecerse, también olvidamos a la persona.

Las personas anhelan evitar que su recuerdo se desvanezca preservando el presente, especialmente los momentos asociados a la alegría o los logros, esto puede verse en todas partes. Faraones y reyes han dejado monumentos como signo de su gloria para que otros puedan recordarlos. Escritores y pintores suelen incluirse a sí mismos o a las personas y lugares que han conocido en su arte.

El resto de nosotros tomamos fotografías o grabamos videos con la esperanza de capturar esos efímeros placeres de una graduación o una boda, y más tarde disfrutamos recordando con las imágenes. Algunas personas llevan un diario para anotar el primer paso de su hijo, el día que aprendió a montar en bicicleta y su primer baile en la escuela secundaria. Guardamos estos recuerdos no solo como registros de una celebración, sino también como chispas para encender las llamas de los recuerdos.

Y aquí hay algunas otras formas de mantener encendidas esas llamas.

Entrevistas

Una mañana de primavera de hace casi cuarenta años, me senté en  la mesa del  comedor y le pregunté a mi madre por su árbol genealógico, A medida que ella hablaba iba anotando su información. Era bastante bueno, pero debería haberle preguntado más detalles de su vida. ¿Cuál era su dulce favorito de niña? ¿Su juego favorito? ¿Cuándo y dónde conoció a mi padre? ¿Cuál era su mayor sueño cuando tenía dieciséis años?

Sé mucho sobre mi madre y se lo he transmitido a mis hijos, pero perdí la oportunidad perfecta de saber mucho más.

Con la ayuda de algún dispositivo electrónico o incluso simplemente con lápiz y papel, haga preguntas a los integrantes de su familia y anote sus respuestas. Si tiene dieciséis años y tiene una relación cercana con su abuelo, dedique una hora a descubrir su pasado y anote lo que le diga. Sus respuestas pueden sorprenderlo. Los abuelos pueden invertir este proceso haciendo preguntas similares a sus hijos. En cualquier caso, el resultado es una cápsula del tiempo, fragmentos del pasado y del presente para ser reabiertos y atesorados en el futuro.

La alegría del tarro

Los tarros de recuerdos —pequeñas cajas decorativas también sirven— son fáciles, brindan diversión para la familia e incluso pueden darle el ánimo que necesita en un mal día.

El concepto es simple. Tome un tarro grande y limpio con tapa, decórelo a su gusto y colóquelo en mostrador de la cocina o en la mesa del comedor, donde no pase desapercibido. Junto a él, coloca algunos bolígrafos, lápices y hojas de papel para anotar los recuerdos. Cortar algunas tarjetas de tres por cinco pulgadas por la mitad por razones de espacio funcionan perfectamente.

Después,  decida cómo utilizar el tarro. Algunas personas hacen del tarro de recuerdos parte de alguna ocasión especial: cumpleaños, aniversarios, navidades. Los presentes escriben un comentario sobre el acontecimiento o la persona en cuestión y lo colocan en el tarro. Con el mismo propósito, algunas personas crean un tarro de recuerdos para el funeral de un ser querido. Otros realizan esta actividad una vez a la semana e invitan a toda la familia a escribir  acerca de un acontecimiento que quieran recordar. Puede ser tan importante como pasar la prueba para el equipo de baloncesto o tan trivial como hornear un pastel con mamá. Unas pocas palabras suelen bastar para refrescar la memoria.

Si tienes tu propio tarro o caja de recuerdos, a veces sacar uno de los recordatorios escritos puede traer un torrente de pensamientos dulces o una sonrisa necesaria. Los comentarios depositados en un tarro de recuerdos en honor a un familiar fallecido, pueden traer tiernos recuerdos, cuando se leen más tarde. Si el tarro contiene notas de toda la familia, una comida compartida es el momento perfecto para que dos o tres personas saquen una nota, la lean en voz alta y luego pidan a la persona que la escribió que cuente la historia que hay detrás de la nota.

Estas ayudas a la memoria pueden provocar risas y lágrimas, así como conexiones más profundas con nuestros seres queridos. Lo que nos lleva a una de las mejores formas de saborear el pasado y mantenerlo vivo.

Tiempo de historias

A las personas les encanta oír hablar de las aventuras y percances de la infancia de sus padres y abuelos, como romper accidentalmente una ventana mientras jugaban al béisbol. (Biba Kayewich)

¿Quién no disfruta con una buena historia?

Si desea mantener vivos los recuerdos de su infancia, cuénteselos a sus hijos y nietos. Sabemos que a los niños les encanta oír hablar del querido sabueso de la abuela cuando era adolescente o de la vez que papá bateó un jonrón jugando al béisbol  pero rompió la ventana de un vecino, porque siguen volviendo y pidiendo más. Y si quiere recordar mejor las historias de aventuras o momentos graciosos de sus hijos, cuénteselas a sus amigos o a otros familiares.

Busque en Internet «el poder de contar historias a los niños sobre nuestro pasado» y encontrará una docena o más de beneficios derivados de esta actividad, desde el desarrollo de una mejor capacidad para escuchar en la escuela hasta una mayor capacidad para emitir juicios morales. Pero lo mejor de todo es que está dejando una parte de si mismo en sus hijos, quienes recordarán y saborearán esos cuentos de su infancia mucho después de que usted haya dejado este mundo. Un ejemplo: Mi tío y mi padre contaban algunas historias salvajes sobre mi bisabuelo Clark. Tanto mis hijos como mis nietos se han divertido con estas joyas familiares, pero las historias también los conectan con un antepasado nacido hace ciento cincuenta años y perdurarán en ellos y quizá en sus descendientes.

Sea cual sea el medio que utilicemos —fotografías, diarios, cajas de cuentos o narración de historias—, transmitir nuestros recuerdos, especialmente los buenos, enriquece a quienes nos rodean, mantiene nuestros momentos especiales como una parte vibrante de lo que somos y nos reconecta con nuestro patrimonio.


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