Las actitudes hacia China se endurecen en todo el mundo

Por Sreeram Chaulia
22 de octubre de 2020 4:11 PM Actualizado: 22 de octubre de 2020 4:11 PM

Opinión

Si China fuera una acción, la gente del mundo no la compraría. Una encuesta reciente de catorce países desarrollados realizada por el Pew Research Center muestra que las opiniones desfavorables hacia China se han elevado a niveles históricos. Un enorme 73 % de los encuestados en cuatro continentes —Australia, Asia, Europa y América del Norte— tienen percepciones negativas respecto a China.

La aversión por China ha aumentado a doble dígito en comparación con el año pasado en Australia, Reino Unido, Alemania, Países Bajos, Suecia, Estados Unidos, Corea del Sur y España. En Japón, no menos del 86 % de los encuestados dijeron que tenían una mala opinión de China. Cuando se le preguntó si la gente confiaba en que el líder de China, Xi Jinping, «haría lo correcto en los asuntos mundiales», solo el 19 % de los países encuestados asintió positivamente.

También en los países en desarrollo, la palabra «China» evoca emociones de disgusto y ansiedad. Si bien la última encuesta de Pew no evaluó la opinión pública en el Sur Global, la evidencia indica que China se está ganando un mal nombre allí. En la nación democrática en desarrollo más poblada, India, una encuesta de Indo-Asian News Service y CVoter en junio de 2020 encontró que el 68.3 % dijo que China representaba una amenaza mayor que su rival tradicional Pakistán.

Incluso antes de que la pandemia de coronavirus se originara en China y se propagara para devastar el mundo, la sensación de que China era peligrosa se había duplicado a casi el 40 % en la segunda democracia más poblada de Asia, Indonesia, según el Instituto de Encuestas de Indonesia (LSI). Dado el resentimiento popular hacia China como incubadora imprudente de la catástrofe de Covid-19, el cual ha provocado un sufrimiento humano y un colapso económico sin precedentes, es probable que las encuestas futuras muestren un empeoramiento adicional de la imagen de China.

En dieciocho países de África, donde China históricamente ha obtenido mejores resultados en las encuestas de opinión debido a sus proyectos de ayuda en infraestructura, las encuestas realizadas por Afrobarometer antes del alcance total de la destrucción del Covid-19 le dieron a China un promedio saludable del 59 % de aprobación. A medida que se desarrolla el desastre del virus, también aquí se puede esperar que China sea reevaluada desfavorablemente. El eslogan «China mintió, la gente murió» también resuena en América Latina, que está geográficamente lejos de China e históricamente vio a China bajo una luz relativamente benigna.

Además de la tragedia del coronavirus, existen otras razones para la grave caída de la reputación de China a los ojos de la gente común en muchas partes del mundo. En Asia, donde varias naciones se enfrentan a la agresión militar y el expansionismo chino, la sensación de que Beijing ha cruzado todas las líneas rojas y se está apoderando de territorio y recursos naturales al presionar a los países más débiles mientras luchan con la emergencia de salud pública de la pandemia, ha provocado alarmas.

El intento de China de imponer su voluntad a los adversarios cuando ellos son vulnerables recuerda a la gente los poderes imperiales del pasado y evoca miedo en lugar de respeto.

En los países occidentales, el atroz historial de derechos humanos de China ha horrorizado a la gente en la calle. La impunidad con la que el estado policial ha reprimido a los musulmanes uigures en Xinjiang, los budistas en el Tíbet y los jóvenes activistas a favor de la democracia en Hong Kong, ha creado una imagen de China como una trituradora implacable de la vida y la libertad humanas.

La China comunista siempre se ubicó en la parte inferior del mundo en calificaciones de libertades civiles y políticas. Pero la forma en que Beijing ha desatado la vigilancia y la intimidación para destripar el disenso entre sus propios ciudadanos es aterradora.

Los occidentales se preguntan si permitir que un estado tan duro se convierta en dominante en el mundo es equivalente a permitir que el proverbial zorro cuide al gallinero. El llamado modelo de capitalismo autoritario del «Consenso de Beijing», que el régimen chino ha tratado de exportar al resto del mundo como superior al «Consenso de Washington», simplemente no es lo suficientemente atractivo para la gente común que teme el riesgo personal y la inseguridad si China acumula más poder. Las preocupaciones sobre el robo de tecnología y las prácticas comerciales desleales son motivos adicionales para que la gente occidental le dé la espalda a China.

Los cínicos podrían sostener que China tiene un régimen tan insensible y hambriento de poder que, por mucho que se derrumbe su imagen extranjera, no moderará su comportamiento autoritario e interferente.

Pero si a China no le importa lo popular que es en el extranjero, ¿Por qué gasta billones de yuanes en propaganda para pulir su reputación financiando Institutos Confucio, programas de televisión, periódicos impresos estatales y «diplomacia médica» en todo el mundo?

Los presupuestos que asigna China para defender su imagen internacional y promover una imagen optimista de sus acciones son enormes. Implican que Beijing prioriza la configuración de la narrativa global sobre China. Quiere que se le vea haciendo el bien para que no se acumule una mayor resistencia contra su impulso hegemónico.

Pero no importa cuánto dinero se invierta en el problema, la gente en muchos países parece estar viendo los proyectos de China y desafiándolos. Cuanto más poder duro persigue China con obsesiva crueldad, peor se vuelve su poder blando.

Las élites chinas habían previsto que los años 2000 a 2020 serían un «período de oportunidad estratégica» para mejorar el poder nacional integral en un clima internacional favorable. Sin embargo, de 2020 a 2030, prevén una «década de preocupación» en la que aumentaría la resistencia a China. Xi ha reconocido este giro poco acogedor con una nueva frase —»período de turbulencia». El endurecimiento de las actitudes públicas internacionales, así como el retroceso económico y geopolítico de los gobiernos afectados, indican que la ventana de China para un crecimiento sin restricciones se ha cerrado.

Sreeram Chaulia es profesor y decano de la Escuela de Asuntos Internacionales de Jindal en Sonipat, India. Su libro más reciente es «Trumped: Emerging Powers in a Post-American World».


Apoye nuestro periodismo independiente donando un «café» para el equipo.


Descubra

La cronología del encubrimiento del COVID-19 hecho por el régimen chino

Las opiniones expresadas en este artículo son propias del autor y no necesariamente reflejan las opiniones de The Epoch Times

Cómo puede usted ayudarnos a seguir informando

¿Por qué necesitamos su ayuda para financiar nuestra cobertura informativa en Estados Unidos y en todo el mundo? Porque somos una organización de noticias independiente, libre de la influencia de cualquier gobierno, corporación o partido político. Desde el día que empezamos, hemos enfrentado presiones para silenciarnos, sobre todo del Partido Comunista Chino. Pero no nos doblegaremos. Dependemos de su generosa contribución para seguir ejerciendo un periodismo tradicional. Juntos, podemos seguir difundiendo la verdad.