Tiempos desesperados

Perder una batalla no significa perder la guerra

Por Jeff Minick
26 de mayo de 2023 10:05 PM Actualizado: 26 de mayo de 2023 10:05 PM

Cuando recientemente abrí un libro de meditaciones que me dio un amigo, esta línea saltó de la página: «La desesperación es mejor que perder la esperanza».

Al principio esta comparación me confundió, ya que tanto la desesperación como perder la esperanza parecen sinónimos de desesperanza. Pero mientras lo pensaba, la distinción entre los dos se hizo clara para mí. La desesperanza es la pérdida total de la esperanza. La noche es negra, no hay rastro de la luz de la luna y el amanecer nunca llega. El hombre o la mujer verdaderamente desesperados ha llegado al final de un camino del que no hay vuelta atrás, y el camino a seguir se ha desvanecido en un bosque oscuro e impenetrable.

La desesperación es hermana de la desesperanza, la ausencia de esperanza, pero con una diferencia significativa. Los que están desesperanzados se han rendido por completo a las fuerzas oscuras que los han oprimido. Los desesperados luchan a pesar de sus heridas y armas rotas, siempre con una pizca de esperanza en sus corazones.

La historia proporciona ejemplos de esta distinción. Después de la caída de Francia en la Segunda Guerra Mundial, por ejemplo, Winston Churchill, su gobierno y el pueblo británico se enfrentaron solos al Tercer Reich de Adolf Hitler, aferrándose a un hilo de esperanza mientras luchaban contra probabilidades que parecían insuperables.

La película de 2017 “Darkest Hour” (La hora más oscura) nos lleva adentro de este espíritu de desafío. En una escena, Churchill sube a un tren en el metro de Londres y entabla una conversación con los demás pasajeros. En un momento pregunta cómo están «soportando» el bombardeo nazi. Expresan sus desafíos, aunque uno de los pasajeros agrega: «Algunas personas dicen que es una causa perdida». Churchill responde de inmediato: «Las causas perdidas son las únicas por las que vale la pena luchar».

Es la voz de un hombre cuya causa es desesperante pero que nunca cederá a la desesperanza.

La mayoría de nosotros hemos experimentado momentos en los que nos sentimos desesperados. Un matrimonio en ruinas, un negocio que se hunde, un niño adicto a los opioides; cuando estas y otras tormentas caen sobre nosotros, podemos sentir que escapar, y mucho menos tener un resultado exitoso, es imposible.

Sin embargo, existen herramientas que pueden ayudarnos cuando todo parece perdido, si decidimos usarlas. Primero, debemos tomar la firme determinación de no ceder nunca ante la desesperanza. Abandone toda esperanza y estará perdido. Nil desperandum, la antigua etiqueta latina para “nunca desesperanzar”, debería estar estampada en nuestro estandarte en esta lucha.

A continuación debemos dar un paso atrás en este campo de batalla y hacer todo lo posible para verlo con la mayor frialdad y calma posible. Los tiempos desesperados exigen medidas desesperadas, sí, pero antes de hacer nuestras apuestas y tirar los dados, debemos evaluar con tanta objetividad como podamos reunir lo que estamos tratando de lograr. Al menos, esto significa escribir en blanco y negro las causas de nuestros problemas y luego hacer una lista de tácticas con las que podríamos combatirlos.

A veces, también se hace necesario aceptar la derrota —el matrimonio fallido, el negocio fallido— para reagruparse y emprender el camino en una dirección diferente. Si salimos del lío en el que nos encontramos con una pizca de esperanza intacta, y si hemos dado una buena batalla, al menos podemos emprender esa nueva aventura como viajeros veteranos, curtidos por las pruebas que hemos soportado. Como el fracaso, la desesperación puede ser maestra si prestamos atención en su aula.

Finalmente, para ayudarnos a sobrevivir a esta prueba, me viene a la mente otro adagio latino, una versión más positiva del anterior. Es el lema tácito de todos aquellos que alguna vez se han negado a abandonar la lucha: «Dum spiro, spero» o «Mientras respiro, tengo esperanza».

Es una consigna que nos consolará durante muchas noches oscuras.


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