Tren Maya impulsa zonas arqueológicas ignorando alerta de amenazas al patrimonio del sureste (Parte 1)

Por Blanca Téllez
30 de noviembre de 2023 10:13 PM Actualizado: 14 de diciembre de 2023 1:07 PM

Las obras en la ruta del Tren Maya, próximo a inaugurarse, incluyen el relanzamiento de las zonas arqueológicas del sureste del país, entre protestas de especialistas, para quienes este proyecto insignia del sexenio amenaza y daña al patrimonio cultural de la región.

El Tren Maya es impulsado por el presidente Andrés Manuel López Obrador como uno de los proyectos prioritarios para detonar el desarrollo económico de la región sureste del país, la más rica en vestigios arqueológicos y atracción turística internacional.

Esta obra, que fue anunciada en 2018 por López Obrador y arrancó en 2020, se ha desarrollado en medio de polémicas y controversias entre los objetivos del presidente y las reacciones de especialistas, quienes alertan sobre los impactos a los vestigios históricos en las zonas arqueológicas y al patrimonio subterráneo ligado a la naturaleza excepcional de la zona maya.

En 2019 el coordinador federal del INAH, Pedro Francisco Sánchez Nava, declaró que en el área de influencia del Tren Maya existían 30 zonas arqueológicas abiertas al público, así como 15 áreas naturales protegidas. Afirmó que cuando la institución conociera el proyecto del tren, lo acompañaría con un proyecto de salvamento arqueológico.

Con la presentación del Programa de Mejoramiento de Zonas Arqueológicas (Promeza) en junio de 2022, el INAH anunció acciones en 21 sitios, que en 2023 subieron a 27 zonas arqueológicas, en adición al salvamento arqueológico realizado por las obras del Tren Maya.

A continuación se presentan estas acciones, así como algunas de las advertencias de especialistas sobre la preservación de este legado cultural.

Impulso a las zonas arqueológicas en la ruta del Tren Maya

Para atender el aumento de visitantes esperado con la apertura del Tren Maya, el gobierno federal, a través de la Secretaría de Cultura, y en específico con la participación del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), impulsa las zonas arqueológicas de cinco estados del sureste del país en la ruta del Tren Maya, informó el pasado 21 de junio Diego Prieto Hernández, director del INAH.

El aporte del Tren Maya considera mejoras, obras de infraestructura y servicios complementarios en zonas y sitios arqueológicos del sureste, la creación de 2 museos de sitio, en Chichén Itzá y en la ruta Pucc, así como la investigación, salvamento y conservación de vestigios arqueológicos en 21 sitios patrimoniales en la península de Yucatán.

El INAH anunció que las áreas de visita de El Palomar se abrieron al público en la zona arqueológica de Uxmal, Yucatán, en el marco de las obras del Tren Maya. (Erudito081194/CC BY-SA 4.0 DEED)

Las zonas arqueológicas impulsadas con estas obras en los 7 tramos de construcción del Tren Maya son las siguientes:

Tramo 1 – Palenque, en Chiapas; El Tigre, en Campeche y Moral-Reforma en Tabasco.

Tramo 2 – Edzná e Isla de Jaina en Tabasco.

Tramo3 – Dzibilchaltún, Uxmal y otros sitios de la Ruta Pucc: Kabah, Xlapak, Sayil, Oxkintok, Chacmultún y Labná.

Tramo 4 – Ek’ Balam y Chichén Itzá, donde se amplía el circuito de visita y se abrió al público la zona Chichén Viejo.

Tramo 5 – Norte: El Meco, en Cancún; Sur: ruta Tulum-Tankah vinculada al Parque Jaguar, Cobá y Muyil, en Quintana Roo, tramo que ha generado más polémica.

Tramo 6 – Kohunlich, en Campeche.

Tramo 7 – Calakmul, en Campeche, antigua ciudad maya considerada Patrimonio Mundial, incluye investigación, conservación e infraestructura.

Fotografía de Chichen Viejo o Grupo de la Serie Inicial, área reabierta al público el 22 de septiembre de 2023 en la zona arqueológica de Chichén Itzá, en Tinum, Yucatán, México, como parte del Programa de Mejoramiento de Zonas Arqueológicas (Promeza), derivado del Tren Maya. (EFE/Lorenzo Hernández)

En los 621 km de los tramos 5, 6 y 7, las 12 zonas arqueológicas cercanas al Tren Maya incluyen 35,380 bienes inmuebles registrados y preservados, 199,965 tiestos cerámicos, 106 entierros humanos y el Corredor Ecoarqueológico Paamul II, indica el informe del INAH del 7 de agosto .

Estas cifras aumentaron a «más de 54 mil bienes inmuebles, entre caminos, albarradas, plataformas, unidades habitacionales, áreas residenciales, basamentos piramidales y otros edificios, así como más de un millón 220 mil fragmentos de cerámica», de acuerdo al boletín del 31 del mismo mes.

Este boletín incluyó más de 1900 bienes muebles, entre vasijas, platos, cerámica, metates, instrumentos de piedra, herramientas, navajillas y puntas de flecha, más de 1300 piezas en restauración, más de 850 vasijas y más de 640 enterramientos humanos.

Otros hallazgos incluyen esculturas de un cautivo en Ek Balam, de un atlante y un marcador de juego de pelota con relieves y glifos en Chichén Itzá, así como una canoa prehispánica encontrada en el cenote principal del sitio arqueológico San Andrés, en Yucatán.

Segun el informe del titular del INAH, otros sitios patrimoniales de Quintana Roo, como Muyil, Cobá y Xel-Há, tendrán más turistas con la operación del Tren Maya por su cercanía con el Aeropuerto Internacional de Tulum Felipe Carrillo Puerto, que el presidente anunció inaugurará este 1 de diciembre.

El Corredor Ecoarqueológico Paamul II y las mejoras y conservación en la zona de Xel-Há, llevaron a modificaciones en la ruta del tren, así como a la construcción del puente atirantado Garra de Jaguar.

Otras zonas arqueológicas de Quintana Roo consideradas son: Oxtankah, Dzibanché-Kinichná y Chacchoben, y para 2024 se prevé abrir al público la Zona Arqueológica de Ichkabal.

El impulso a estas zonas arqueológicas se realiza igualmente con Promeza, y la aplicación de 4906 millones de pesos, que incluyen la creación de Centros de Atención a Visitantes con más de 248 millones de pesos destinados al salvamento arqueológico del proyecto Tren Maya.

Las acciones abarcan los bienes arqueológicos, históricos y paleontológicos localizados en los sitios a lo largo de la ruta del Tren Maya, “así como el patrimonio vivo de las comunidades en el entorno”, ha indicado el director federal del INAH.

Vista de la zona arqueológica de Palenque, Chiapas. (Martin Mariano Hernandez Tena/Pixabay)

Antes de asumir la presidencia del país, López Obrador anunció en 2018 la realización del tren Maya, y en marzo de 2019 Pedro Francisco Sánchez Nava, coordinador federal del INAH, declaró que cuando la institución conociera el proyecto de la obra, podría acompañar los trabajos del tren con un proyecto de salvamento arqueológico.

El funcionario del INAH informó en esa ocasión que en el área de influencia del Tren Maya existían 30 zonas arqueológicas, entre las que Palenque, Chichén Itzá y Calakmul son patrimonio cultural de la humanidad, además de 3024 sitios arqueológicos registrados y 15 áreas naturales protegidas.

Declaró que, aunque las zonas arqueológicas tienen poligonales de protección, “no quiere decir que no haya patrimonio fuera de ellas”. El funcionario también comentó que desde la primera reunión con el equipo del Proyecto Tren Maya, el 2 de octubre de 2018, se estableció que el INAH tiene amplia experiencia en el acompañamiento de estas grandes obras de infraestructura.

Sin embargo, este megaproyecto que el gobierno federal considera prioritario entre las obras del sexenio, ha generado repercusiones y advertencias de especialistas en la preservación del patrimonio cultural, expresadas incluso antes del inicio de obras, que no habrían sido consideradas en las intervenciones de la zona.

Advertencias de arqueólogos ante riesgos y daños por el Tren Maya

Los informes del impulso del gobierno federal a las zonas arqueológicas del sureste del país contrastan con las advertencias y denuncias sobre los impactos y riesgos para el patrimonio de la zona maya, así como los daños a los sitios culturales explorados y estudiados con recursos del INAH, por parte de especialistas, entre ellos el arqueólogo Fernando Cortés de Brasdefer .

El Dr. Cortés ha manifestado públicamente su desacuerdo con las obras del Tren Maya, que al cruzar cerca de varios sitios arqueológicos, los expone al saqueo. Uno de ellos es Chakanbakán, sitio arqueológico estudiado por el arqueólogo durante 30 años, el cual quedó a unos 500 metros del trazo del tren.

Con estas obras el INAH ha participado en “la afectación de los monumentos”,  así como el «acarreo de materiales pétreos, arqueológicos”, expresó el especialista en una entrevista de agosto de este año a Reforma.

También advirtió la destrucción y saqueo de “los sitios y monumentos arqueológicos que estén en el trayecto” del Tren Maya, explicando acerca de la venta de piedra como uno de los problemas que enfrentan los vestigios prehispánicos en las comunidades locales.

El arqueologo Cortés, reconocido gracias a que «en su larga carrera, ha descubierto los sitios arqueológicos de Chakanbakán, Ichkabal y Bahía de Chetumal», entre otros, mencionó lo ocurrido en Chakanbakán, donde con la apertura de un camino local a su paso destruyó monumentos arqueológicos.

Fotografía con fecha del 26 de septiembre de 2023 de los trabajos de construcción de las instalaciones del Tren Maya en los Tramos 5, 6, y 7 que comprenden las ciudades de Cancún, Playa del Carmen, Tulum y Chetumal, en Quintana Roo, México. (EFE/José Méndez)

No obstante, estas declaraciones derivaron en la emisión de dos actas administrativas en su contra por parte del Centro INAH Quintana Roo, por considerarlas perjudiciales para el Instituto, así como el pronunciamiento del Consejo de Arqueología del país.

“Entregué una carta al responsable de la Coordinación Nacional de Arqueología donde aceptaba trabajar, pero que me permitiera salvar, intervenir el tramo que me correspondiera, antes de que las máquinas o los ingenieros empezaran a trabajar, pero nunca se nos permitió”, expresó el arqueólogo.

Y mencionó la importancia de la colaboración de los arqueólogos locales, ya que, dijo, “nosotros podemos saber por dónde pueden pasar las vías, las carreteras, donde perjudiquen menos”, pero esta fue rechazada.

“No tengo por qué encubrir lo que sucedió y lo que va a suceder, porque no quiero ser cómplice”, declaró el especialista ante las reacciones de la institución encargada de la protección del patrimonio cultural del país. “No quiero que la historia me juzgue [como uno] de los que participaron en la destrucción o afectación trabajando dentro de la institución que tiene la obligación de hacer todo lo contrario: proteger”, expresó.

Agregó que las autoridades del INAH rechazaron su ofrecimiento de participar en el diseño de la ruta del Tren Maya con el propósito de que no afectara al patrimonio arqueológico de la región, y que declinó participar con la ruta ya predefinida del tren.

“Si nos hubieran invitado no solamente a nosotros, sino que hubiera habido un proyecto con anticipación, estoy seguro de que no habría los problemas que se dieron o que se están dando. Se hubieran desviado las vías, lo cual no sucedió”, añadió.

Por su parte, el Consejo de Arqueología declaró sobre la participación del INAH, en respuesta a las críticas y advertencias del arqueólogo Cortés:

“Contrario a lo que el arqueólogo ha expresado en textos, entrevistas y apariciones públicas, la práctica arqueológica en México está regulada; gracias a ello, existen procedimientos académicos y jurídicos sólidos, por lo que resulta falso que exista saqueo o destrucción del patrimonio en el Proyecto de Salvamento Tren Maya pues, precisamente un proyecto de salvamento evita la pérdida de nuestra memoria arqueológica».

El informe oficial de 2020 indicó que el trazo de tren pasaba por unos 3034 sitios arqueológicos inscritos en el Registro Público de Monumentos y Zonas Arqueológicas e Históricas del INAH, que incluían materiales y sitios gráfico-rupestre, monumentos arqueológicos y paleontológicos, además de las zonas de monumentos arqueológicos.

El arqueólogo Fernando Cortés de Brasdefer fue uno de los firmantes de la carta (pdf) abierta titulada «Por qué nos oponemos al Tren Maya», dirigida al presidente López Obrador en abril de 2022, que expuso una serie de preocupaciones por las obras del Tren Maya, reiterando la petición de noviembre de 2018 enviada al presidente antes de los inicios de las obras.

En la carta se menciona que el Tren Maya se ha realizado sin consultar a los expertos y pide detener las obras, permitir el diálogo, evaluar los impactos generados por las obras, financiar la restauración de la zona e incorporar a las comunidades locales que, consideran los firmantes, no fueron consultadas debidamente para la recuperación cultural de la región.

Alerta además sobre la afectación de las edificaciones, vestigios y sitios arqueológicos por las obras, y su vulneración o transformación, “por su conversión en mercancías de atracción turística”, lo que destruiría no solo “su valor histórico”, también “la posibilidad de encontrar en ellos las claves culturales de larga duración de la civilización maya y los sentidos presentes que tienen para los mayas contemporáneos”.

“En nuestro país el territorio está plagado de vestigios que todavía muchos solamente son conocidos por las personas de las localidades”, expresó por su parte el arqueólogo Miguel Covarrubias Reyna, quien menciona haber participado en trabajos y estudios de arqueología con los que se han obtenido 2300 registros arqueológicos en Yucatán.

También se han realizado otros 900 registros en Campeche y 600 en Quintana Roo, estado que considera es uno de los menos explorados del área Maya. Estos vestigios arqueológicos tendrían que inscribirse en el Registro Público de Monumentos y Zonas arqueológicas del INAH para poder iniciar su protección, agregó.

Advirtió que el Tren Maya requería realizar un salvamento previo al inicio de las obras con un gran número de arqueólogos para poder hacer trabajos de la mayor calidad en el menor tiempo posible antes del fin del sexenio.

Sin embargo, el salvamento comenzó en 2020, a la par que las obras en un proyecto que no precisaba el trazo de las vías, y si bien preveía el uso de derechos de vía existentes, no indicaba los cambios en el trazo de la ruta.

Ejemplificó el desvío del trazo de la vía Mérida-Valladolid, antes de Izamal, para un nuevo trazo hacia la carretera Mérida-Cancún, en vez de seguir sobre las vías antiguas hacia Valladolid, cuando Izamal es una de las ciudades prehispánicas más grandes e importantes de la península con múltiples vestigios arqueológicos.

Trabajadores en las vías del Tren Maya en Maxcanú, Yucatán, México. Imagen de Archivo (EFE/Cuauhtémoc Moreno)

Además de que se contrató a insuficientes especialistas, dijo Covarrubias, este proyecto ha tenido “total opacidad”, y en la reunión oficial de noviembre de 2018 no se informó por dónde pasaría el tren, quién haría la obra, el proyecto ejecutivo, por lo que consideró que “todo se ha ido armando sobre la marcha”.

Expresó que aportar al salvamento arqueológico en la zona maya requiere tiempo y superar múltiples obstáculos no considerados, y sugirió que el Tren Maya sea un proyecto transexenal.

Mencionó que la protección de los vestigios arqueológicos enfrenta dificultades y conflicto de intereses en los lugares donde se encuentran. Los lugareños, por temor a la expropiación de sus terrenos, en ocasiones impiden el paso de los arqueólogos e incluso destruyen los vestigios o los venden como piedra.

“El INAH, encargado de velar por ese patrimonio nacional, no tiene capacidad para cumplir cabalmente sus funciones sustantivas”, explicó, porque “no hay suficiente dinero”, aunque el instituto “tiene patrimonio propio y presencia en todos los estados”.

Las obras del Tren Maya han entrado en su fase final y, a la fecha, los trabajos del INAH en el marco de esta mega obra están concentrados en las zonas arqueológicas indicadas en los informes de gobierno. Sin embargo estos no mencionan la protección a los sitios arqueológicos y paleontológicos subacuáticos alertados por los especialistas, así como tampoco a su contexto natural formado por el singular sistema de ríos, cenotes y cuevas subterráneas, que se expondrán en la Parte 2 de esta entrega.


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