No es suficiente con estar a favor de la libertad; también debemos ser activamente anticomunistas

Por Trevor Loudon
31 de Agosto de 2019 Actualizado: 10 de Septiembre de 2019

Comentario

Un reciente informe de la NBC criticando a The Epoch Times enfatizó de manera reiterada que la publicación es anticomunista, con la clara insinuación de que esta postura es anacrónica, paranoica o injustificada. Desafortunadamente, tales puntos de vista son habituales en el Occidente de hoy en día, ciertamente en la izquierda, pero también en gran parte de lo que se considera la “derecha”.

El artículo de la NBC incluía este sorprendente párrafo: “En 2005, The Epoch Times lanzó su mayor munición, publicando los ‘Nueve Comentarios’, una serie de editoriales anónimos del largo de un libro y amplia difusión que, según afirma, exponían los ‘crímenes masivos’ del Partido Comunista Chino y los ‘intentos de erradicar toda la moral tradicional y las creencias religiosas’”.

Múltiples fuentes de renombre, incluyendo el famoso “Libro Negro del Comunismo”, escrito principalmente por excomunistas académicos, afirman que el Partido Comunista Chino (PCCh) es responsable de al menos 65 millones de muertes durante sus 70 años de sangriento régimen. Esto se suma a la cifra total de muertos del comunismo, que según los autores es de al menos 100 millones.

En el primer capítulo, titulado “Introducción: Los crímenes del comunismo”, el académico Stéphane Courtois afirma que “los regímenes comunistas convirtieron el crimen masivo en un sistema de gobierno completo”. En comparación, el nazismo, aunque sus crímenes también son condenables, fue “claramente menos asesino que el comunismo”, con unos 25 millones de muertes de inocentes.

Actualmente, 100 millones de ciudadanos chinos se identifican como cristianos, y hay muchos otros que son budistas tibetanos, musulmanes uigures o practicantes de Falun Dafa. Estos grupos son objeto de una persecución continua e intensa bajo el régimen del PCCh.

The Epoch Times tiene el mérito de ser una de las pocas publicaciones en Estados Unidos que no es solo “prolibertad” sino también activamente anticomunista, una distinción muy importante que salió a colación en una conversación que tuve con uno de los integrantes senior de Epoch Times. Él me contó que algunos periodistas de Epoch Times habían asistido a una reunión conservadora en Washington y se sorprendieron al ver que no todos los recibían bien.

Hubo algunos comentarios de que la presencia de gente de Epoch Times, conocido por su oposición al Partido Comunista de China, “podría dañar nuestras relaciones comerciales con China”.

Tenga en cuenta que muchos de estos críticos eran veteranos de la presidencia de Reagan. Habían visto cómo la dura postura anticomunista de Reagan había forzado a la Unión Soviética a una gran retirada (no a un “colapso”, sino a una retirada estratégica), algo que décadas de apaciguamiento y comercio Oriente-Occidente con los presidentes anteriores no había logrado.

Para estos líderes “conservadores”, el libre comercio entre las naciones y la libertad en su propia casa lo era todo. Sin embargo, la idea de que deberían oponerse al “comunismo” hoy en día es completamente extraña para muchos de ellos.

¿Qué es el comunismo?

Esta perspectiva surge de la incapacidad de comprender que el comunismo no es solo otro sistema político. El comunismo es una forma de crimen organizado justificado por el culto al marxismo-leninismo. Es básicamente la combinación de una inclinación delictiva sumado con un poder político no controlado.

Como todo crimen, el comunismo es parasitario. No produce nada de valor por sí mismo; debe depender de la fuerza, la propaganda, la tortura, la intimidación, las amenazas y el espionaje para sobrevivir. Al igual que el cáncer, el comunismo consume a su portador. Excepto que en el caso del comunismo, este solo morirá cuando se consuma todo el planeta.

¿Debemos dejar que las cosas lleguen a ese punto?

No es suficiente con abogar por la libertad

La mayoría estaría de acuerdo en que no basta con meramente abogar por una sociedad con Estado de derecho. Una sociedad también debe trabajar activamente para reprimir el crimen y castigar a los criminales.

La mayoría de las personas estaría de acuerdo en que no es suficiente con abogar por una población saludable. Cuando el cáncer aparece, por ejemplo, hay que privarlo de nutrientes y removerlo lo más pronto posible de su huésped.

Del mismo modo, no basta con simplemente abogar por la libertad. No basta con apoyar el libre mercado, el Estado de Derecho, la libertad de expresión y de religión y la propiedad privada. La libertad no estará asegurada a menos que hombres y mujeres de buena voluntad luchen contra aquello que la amenaza.

Mientras sigamos siendo seres imperfectos, siempre tendremos con nosotros alguna versión del comunismo. El comunismo es la maligna destilación politizada de la maldad que hay en todos nosotros. Marx, Lenin, Mao y otros líderes comunistas vieron esta falla en el hombre y trataron de organizarla y legitimarla, otorgando a sus malvadas ideas una apariencia científica.

El comunismo es la expresión más alta de la maldad organizada que este mundo haya visto jamás.

¿Cómo va a dar buenos resultados alimentar a esta bestia?

Historia

Antes de la Segunda Guerra Mundial, los simpatizantes nazis en Estados Unidos y Gran Bretaña trabajaron para evitar que sus gobiernos se enfrentaran a Hitler. Las grandes empresas en muchas naciones occidentales hicieron fortunas alimentando la máquina de guerra nazi.

Durante la Guerra Fría, los izquierdistas de Occidente presionaban constantemente para hacerle un lugar a la Unión Soviética, a pesar de que se había tragado gran parte de Europa, África y Asia. Algunas grandes empresas occidentales estaban más que felices de llenarse los bolsillos con rublos manchados de sangre.

El nazismo terminó con una enorme pérdida de vidas, después de que años de apaciguamiento fracasaron.

En la década de 1980, Reagan evitó la guerra al empujar a la Unión Soviética a una retirada total a través de una enorme presión económica. Si esa presión se hubiera mantenido hasta que la KGB fuera completamente removida del poder, ahora podríamos ser amigos de una Rusia libre en lugar de enfrentarnos a las armas nucleares de un régimen neosoviético superior que nos enfrenta ahora.

Estados Unidos tiene una opción similar con China. Podemos hacer miles de millones comerciando con China (mientras aniquilamos nuestra propia base industrial), luego gastar billones defendiéndonos del monstruo que hemos creado cuando llegue la inevitable guerra, sin mencionar las millones de bajas y la posibilidad muy real de derrota y ocupación comunista en los 48 estados continentales y Hawaii.

O podemos aislar económicamente a China hasta que el Partido Comunista sea destruido por presiones internas y surja un nuevo gobierno, o gobiernos. Esa es nuestra única esperanza tanto para una China libre como para un Estados Unidos libre.

Recientemente, el presidente Donald Trump dijo en un tuit que a las empresas de EE.UU. “se les ordena que comiencen inmediatamente a buscar una alternativa a China, incluyendo traer sus empresas a CASA y fabricar sus productos en EE.UU.”.

No hay duda de que Trump tiene la autoridad para pedir una cosa así.

Según la Ley de Poderes Económicos Internacionales de Emergencia (IEEPA según las siglas en inglés), firmada en 1977 por el presidente demócrata Jimmy Carter, el Presidente tiene el poder de restringir el comercio una vez que se declara una “emergencia nacional”.

Según el Washington Examiner:

“El Presidente puede imponer un embargo virtual a una nación bajo la IEEPA”, dijo John Yoo, director del programa de derecho y políticas públicas de la Universidad de California en Berkeley y exfuncionario de la Oficina de Asesoría Jurídica de George W. Bush.

“La ley fue utilizada en el pasado para sancionar a regímenes hostiles como Cuba, Irán, Corea del Norte y Siria. La administración de Trump ahora está sugiriendo su uso como una herramienta de negociación comercial. El domingo, el Secretario del Tesoro Steven Mnuchin dijo que China era un ‘enemigo’ de Estados Unidos en el comercio”.

China es el enemigo de Estados Unidos en todos los frentes, Secretario Mnuchin, no solo en el comercio.

Esperemos que Trump esté dispuesto a utilizar el IEEPA no solo como una “carta de negociación”, sino como el primer paso para hacerle a la China comunista lo que Reagan le hizo a la Unión Soviética.

La única manera pacífica de lograr un cambio real en China, y de frenar el comportamiento criminal del régimen y sus políticas de expansión exterior y militar, es utilizar la ventaja económica de Estados Unidos.

El presidente Richard Nixon y el “mejor amigo de Estados Unidos” de la China comunista, el exsecretario de Estado Henry Kissinger, abrieron el comercio entre Estados Unidos y China en la década de 1970 en un intento extremadamente equivocado de poner a la Beijing de mando comunista contra la Moscú de mando comunista. Eso sería el equivalente moral y práctico de que el FBI se aliara con la mafia italiana para derrotar a la mafia rusa.

Si Estados Unidos y Occidente hubieran bloqueado económicamente a la Rusia soviética y a la China comunista desde el principio, ambos regímenes criminales habrían colapsado en un tiempo relativamente corto. Se habrían salvado millones de vidas y Occidente podría haberse ahorrado billones de dólares en defenderse de los monstruos a los que apoyaba económicamente.

El estado actual de las cosas

Hoy en día, la Rusia fuertemente armada con armas nucleares y dirigida por el FSB (KGB) se encuentra en una alianza militar formal (la Organización de Cooperación de Shanghai) con la China dirigida por los comunistas, que ahora es la segunda economía más grande del mundo. El comunismo ahora está más cerca de destruir este planeta que nunca.

El comunismo es la plaga de nuestro tiempo. Después de un revés en la era de Reagan, los partidos comunistas y cuasi-comunistas ahora gobiernan Rusia, China, Vietnam, Laos, Corea del Norte, Cuba, Nepal, Sudáfrica, Namibia, Mozambique, Congo, México, Nicaragua, Venezuela, y solo medio en broma, California.

La ideología comunista ha penetrado profundamente en todas las naciones occidentales, y en Estados Unidos domina las universidades, los sindicatos, Hollywood y el nuevo Partido Demócrata. Y aun así, la mayoría de los conservadores y libertarios occidentales se niegan a convertirse en anticomunistas activos.

Cualquier fuerza por la libertad que no se oponga activamente al comunismo está condenada al fracaso. Es tan impotente como un santo que no se opone al pecado, un pastor que no condena al diablo, un policía que no arresta a los criminales, o un médico que no lucha contra las enfermedades.

The Epoch Times es una de las pocas publicaciones a favor de la libertad en Occidente que trabaja activamente para exponer y oponerse al comunismo. Nunca derrotaremos completamente al comunismo, pero si nos negamos a oponernos a él, inevitablemente nos derrotará. Si no estás luchando contra el comunismo, estás en efecto permitiendo su eventual terrible victoria.

The Epoch Times se enorgullece de ser activamente anticomunista. Todos los que amamos la libertad, independientemente de nuestras creencias espirituales, debemos apoyar a The Epoch Times en este noble esfuerzo.

Trevor Loudon es un autor, cineasta y conferencista de Nueva Zelanda. Durante más de 30 años, investigó los movimientos de izquierda radical, marxista y terrorista y su influencia encubierta en el ámbito político en general.

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Las opiniones expresadas en este artículo son propias del autor y no necesariamente reflejan las opiniones de La Gran Época

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