Una malvada idea llegó a China: el comunismo

Por James Gorrie
14 de Octubre de 2019 Actualizado: 14 de Octubre de 2019

Comentario

El 1 de octubre se celebró el 70º aniversario de la toma del poder de China por parte del Partido Comunista. Como suele suceder, el Partido Comunista Chino (PCCh) observa este hito de manera desprovista de humanidad, y que solo refleja la vulgaridad de la mafia del Partido Comunista. La riqueza de la cultura china no se ve por ninguna parte, solamente aparecen las sombras de su memoria.

Autoadulación e ilusión en el desfile

Sin embargo la celebración se destaca, por su desfile militar bien planificado, coordinado por los miembros del Partido y con la intención de halagar al PCCh, especialmente a los líderes principales. Compuesto por 15.000 soldados, 160 o más aviones militares y casi 600 sistemas de armas de 59 unidades militares, así como sus sistemas estratégicos de misiles nucleares y el muy peligroso Misil Balístico Intercontinental DF-41, la exhibición del armamento militar del PCCh es realmente digno de los regímenes totalitarios más ruines del siglo XX.

¿Pero vale la pena celebrar este 70 aniversario que conmemora la imposición del “socialismo de características chinas” a 1400 millones de personas?

Una China despojada de su patrimonio cultural

A pesar de la afirmación del PCCh de que su sistema comunista tiene “características chinas”, la realidad es muy diferente. El régimen comunista chino tiene más similitudes con los sistemas totalitarios de la Rusia soviética y la Alemania nazi que con la China tradicional. Incluso hasta la personalización del Estado en una figura política de culto, China se asemeja al totalitarismo europeo, o incluso a una dictadura teocrática, más que cualquier tipo de gobierno tradicional chino.

Lamentablemente, desde la Revolución Cultural, la sociedad china ha visto cómo, década tras década, fue despojada de sus raíces culturales y su patrimonio histórico. En su guerra primero contra los nacionalistas y luego contra su propio pueblo, Mao eligió el comunismo como su ideología rectora, y no escatimó en cometer atrocidades para destruir a quienes se le resistieron.

De hecho, la monótona chaqueta gris maoísta que Xi Jinping llevaba simbólicamente mientras veía pasar su desfile, era realmente la única “característica china” que diferenciaba a la China de hoy de los regímenes tiránicos del siglo XX. Evidentemente, la antigua sabiduría libertaria del filósofo chino Lao-tzu, que sabiamente aconsejó “gobernar un gran país como si se tratara de cocinar un pequeño pescado” (en otras palabras, no exagerar), en los líderes del PCCh está perdida.

La esperanza fallida de Sun Yat-sen

Recordemos que fue el nacionalista chino y aliado estadounidense Sun Yat-sen quien intentó modernizar el gigante asiático, no desechó la riqueza de la cultura china de la manera en que Mao y los comunistas terminaron haciéndolo, sino reviviéndola y restaurándola. En ese espíritu y en su respeto por la antigua sociedad de su nación, Sun deseaba hacer avanzar a toda China, sin sacrificar su alma cultural.

Desafortunadamente, China solo pudo ver durante las siguientes décadas una tragedia después de otra y una atrocidad tras otra, desde la Revolución Cultural hasta la política de un solo hijo, pasando por el desplazamiento masivo de personas y la institución del trabajo esclavo. A lo largo de su existencia, el PCCh aprovechó la ideología occidental más destructiva e inhumana para gobernar con puño de hierro y eliminar las normas y tradiciones culturales de la sociedad china.

El nuevo nacionalismo de China

Consideremos la evaluación del Ministro de Relaciones Exteriores de China, Wang Yi, sobre China y su posición actual. En una publicación del Diario del Pueblo del Partido Comunista, Wang dijo que las relaciones de China con el mundo han experimentado cambios históricos en los últimos 70 años, con su posición global elevada a un nuevo nivel y su activismo diplomático ampliamente reconocido.

Ese es el lenguaje del nuevo y robusto nacionalismo de China. Hoy en día, China es una nación hipernacionalista con ambiciones globales. Y no es porque China se considere la vanguardia del proletariado. El celo religioso por el comunismo internacional -una vez era un gran asunto de interés entre las élites intelectuales del mundo- está muerto desde hace ya mucho tiempo, mucho tiempo antes de la caída de la Unión Soviética en 1991.

Según el diplomático de más alto rango de China, Yang Jiechi, las ambiciones de China son tan militaristas como parecen:

“Nuestra determinación y resolución son tan firmes como el hierro cuando se trata de defender nuestros intereses nacionales y nuestra dignidad en cuestiones relativas a Taiwán, asuntos marítimos, Xinjiang, Tíbet, Hong Kong, así como las diferencias comerciales. Nadie debería esperar que China se trague el amargo fruto que perjudicaría nuestros propios intereses”.

¿A qué intereses se refiere exactamente Yang? ¿El PCCh o el de China? Los dos son casi mutuamente excluyentes y siempre lo fueron. En los años 50, 60 y 70, unos 50 millones de chinos perdieron la vida a causa del “Gran Salto Adelante” de Mao, su Revolución Cultural, y las hambrunas y la violencia que resultaron por ello.

El número real de vidas destruidas a manos del PCCh probablemente sea aún mayor. Sin embargo, la cuestión no puede ser más clara. Lo que beneficia al PCCh no suele beneficiar al pueblo chino.

En resumen, China está celebrando el 70º aniversario de la adopción de la peor idea de Occidente y luego la denomina como idea china. Es como si el PCCh no pudiera admitir que el comunismo es una idea occidental porque necesita condenar a Occidente por humillar a China en el siglo XIX y amenazarla en el XXI.

Por supuesto, esa afirmación escandalosa se contradice con los cientos de miles de millones de dólares de inversión directa que Occidente, incluido Estados Unidos, invirtió en China en los últimos 40 años. No es Occidente lo que realmente está dañando a China hoy en día, es el PCCh.

¿Qué poder occidental, o una combinación de ellos, podría convertir a China en un Estado totalitario desalmado y asesino de masas en el que se trasformó?

¿Qué enemigo extranjero podría tener tanto éxito en degradar la existencia natural del país, de tal manera que gran parte de él fue reducido a una tierra desolada tóxica, vacía de vida, y de hecho, peligrosa para la vida?

No, la realidad más precisa y desesperada por lo tristeza que produce es que octubre de 2019 marca el 102º aniversario de un contagio ideológico de origen occidental que comenzó en Rusia en 1917 y que, hasta ahora, ha causado más de 100 millones de muertes en China y la miseria de por vida de miles de millones de personas en todo el mundo.

Por cuanto concierne a los costos humanos y la vasta destrucción de su cultura y el medio ambiente -respecto a lo que hizo el PCCh y que sigue haciendo- las injusticias del colonialismo occidental en China palidecen en comparación. Que el fin del PCCh llegue pronto; muy, muy pronto.

James Gorrie es un escritor y conferencista radicado en el sur de California. Es el autor de “La crisis de China”.

Los puntos de vista expresados en este artículo son las opiniones del autor y no reflejan necesariamente los puntos de vista de La Gran Época.

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