Con la vacuna COVID en el horizonte, la presión para la vacunación obligatoria puede aumentar

Por Charlotte Cuthbertson
15 de Septiembre de 2020
Actualizado: 15 de Septiembre de 2020

WASHINGTON. Se están invirtiendo enormes recursos en el desarrollo rápido de una vacuna para COVID-19, mientras Estados Unidos entra al final de un cierre sin precedentes.

El presidente Donald Trump dijo que, aproximadamente, USD 10,000 millones en dinero de los contribuyentes se están invirtiendo en el desarrollo de vacunas, así como en terapias. Actualmente se financian con fondos públicos 45 ensayos clínicos.

Trump, quien denominó al proyecto Operación Cambio Veloz, ha dado instrucciones a los militares con el fin de que se preparen para la posible entrega de 150 millones a 200 millones de dosis de vacunas. La administración espera que haya una vacuna lista para fin de año, pero posiblemente llegue en octubre “para todos los que quieran obtenerla”, dijo Trump.

“No todo el mundo va a querer recibirla”.

Si bien algunos expertos dicen que la vida no puede volver a la normalidad sin una vacuna, otros dicen que es imposible crear una vacuna en meses, y mucho menos un producto seguro y eficaz. Los científicos no han logrado durante 20 años desarrollar una vacuna segura contra el coronavirus.

El Dr. David Heymann, quien dirigió la respuesta de la Organización Mundial de la Salud (OMS) durante la epidemia de SARS, dijo a The Guardian: “Ni siquiera sabemos si una vacuna puede producir una respuesta inmune que proteja contra futuras infecciones”.

Los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) afirman que “las vacunas son una de las mejores formas de poner fin a los efectos graves de ciertas enfermedades”.

El director de los CDC, el Dr. Robert Redfield, dijo en junio que, al menos, el 70 por ciento de los estadounidenses necesitarían vacunarse o tener inmunidad natural para lograr el objetivo de la “inmunidad colectiva”, que luego proporcionaría al resto de la población una medida de protección contra la enfermedad.

Redfield envió una carta a los gobernadores el 27 de agosto instándolos a acelerar el establecimiento de sitios de distribución de vacunas para que estén completamente operativos antes del 1 de noviembre.

El Departamento de Salud y Servicios Humanos (HHS) ha prometido USD 1200 millones a la compañía farmacéutica AstraZeneca, con sede en el Reino Unido, para la compra anticipada de 300 millones de dosis de su vacuna, las cuales se entregarán en Estados Unidos a partir de octubre.

La compañía detuvo su tercera fase de ensayos clínicos el 8 de septiembre, después de que un participante en el Reino Unido desarrolló una enfermedad “potencialmente inexplicable”. AstraZeneca comenzó a reclutar 30,000 participantes en Estados Unidos durante el mes de agosto. Miles de personas en Gran Bretaña, Brasil y Sudáfrica también forman parte del ensayo.

Moderna y Pfizer también están realizando ensayos de etapa final a gran escala, en Estados Unidos, para vacunas que funcionan de manera diferente a las de AstraZeneca. Moderna y Pfizer han reclutado aproximadamente dos tercios de los participantes necesarios.

El HHS es la agencia coordinadora por encima de la Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA), los CDC y los Institutos Nacionales de Salud (NIH).

El presidente Donald Trump, flanqueado por funcionarios y líderes empresariales, anuncia una emergencia nacional con respecto al coronavirus, en el jardín de rosas de la Casa Blanca, en Washington, el 13 de marzo de 2020. (Charlotte Cuthbertson/The Epoch Times).

Durante las etapas iniciales de la pandemia, los principales funcionarios de salud dijeron que las medidas de cierre eran para “aplanar la curva” y ganar tiempo para que los hospitales se prepararan. Más recientemente, el Dr. Anthony Fauci, director del departamento de enfermedades infecciosas de los NIH, dijo que el desarrollo de una vacuna es “una necesidad absoluta” para volver a una situación de normalidad como la que se vivía antes de la pandemia.

El número de estadounidenses que han muerto con COVID-19 es de casi 195,000 personas, al 15 de septiembre, según la Universidad Johns Hopkins. El CDC informó que, en el 94 por ciento de los casos fatales, las personas sufrieron un promedio de 2.6 condiciones de salud adicionales, mientras que el 80 por ciento de las muertes se produjeron entre adultos de 65 años o más.

La mayoría de las personas con el virus experimentan síntomas leves, parecidos a los de la gripe, y desarrollan de forma natural anticuerpos para inmunizar contra una nueva infección, aunque se desconoce por cuánto tiempo. Es raro que los niños contraigan la enfermedad.

Haciendo obligatorias las vacunas

También se están gestando conversaciones sobre la posibilidad de hacer obligatoria una vacuna, o al menos implementar medidas punitivas que dificulten evitar la aplicación de una. Algunos estados ya están tomando medidas en esa dirección.

El 19 de agosto, Massachusetts ordenó la vacuna contra la influenza para los niños de 6 meses o más que asisten a la guardería, preescolar, jardín de infantes, jardín de infantes a 12º grado y universidades. Los funcionarios estatales de salud pública dijeron que los estudiantes deben vacunarse antes del 31 de diciembre para poder continuar con el año escolar 2020-2021.

“El requisito de la nueva vacuna es un paso importante para reducir las enfermedades relacionadas con la gripe y con el impacto general de las enfermedades respiratorias durante la pandemia de COVID-19”, declaró el departamento de salud pública.

Los estudiantes que se educan en sus hogares están exentos de la nueva regla, al igual que los estudiantes de educación superior que están completamente fuera del campus y solo participan en el aprendizaje remoto. Los estudiantes de primaria y secundaria que asisten a clases solo por Internet no están exentos. Se prevén algunas exenciones por razones médicas o religiosas.

Cientos de personas protestan contra una ordenanza, del gobernador de Massachusetts, que exige que todos los niños reciban una vacuna contra la gripe para asistir a la escuela durante el año 2020-2021, frente a la Casa del Estado de Massachusetts, en Boston el 30 de agosto de 2020. (Joseph Prezioso/AFP a través de Getty Images)

En Virginia, el comisionado de Salud del estado, el Dr. Norman Oliver, dijo el 21 de agosto que usaría su autoridad para ordenar las vacunas COVID-19.

“[El virus] está matando gente ahora, no tenemos un tratamiento para ello, y si desarrollamos una vacuna que pueda evitar que se propague en la comunidad, salvaremos cientos y cientos de vidas”, dijo Oliver a 8News.

Posteriormente, la oficina del gobernador de Virginia, Ralph Northam, le dijo a 8News que el gobernador no planea imponer una vacuna COVID-19 en todo el estado.

Todos los estados ya tienen algún tipo de calendario de vacunación obligatorio para que los niños asistan a la escuela. Y los estados probablemente tendrían la autoridad legal para exigir una vacuna en sus poblaciones durante una emergencia de salud pública o un brote de una enfermedad contagiosa. Generalmente, el poder lo tiene el gobernador o el funcionario de salud estatal.

En todos los estados, se pueden proporcionar exenciones por razones médicas. Todos los estados, excepto California, Nueva York, Missouri, West Virginia y Maine también prevén exenciones religiosas, y algunos también prevén exenciones filosóficas.

La sección de leyes de salud, de la Asociación de Abogados del Estado de Nueva York, emitió un informe en mayo que recomienda las vacunas COVID-19 obligatorias para todos los neoyorquinos, excepto para aquellos con una exención médica.

En Ohio, tres profesores de la Facultad de Medicina de la Universidad Case Western Reserve abogaron por las vacunas obligatorias para todos los estadounidenses en un artículo de opinión publicado en USA Today, el 10 de agosto.

“Para ganar la guerra contra el nuevo coronavirus… la única respuesta es la vacunación obligatoria, para todos”, escribió el Dr. Michael Lederman, profesor de medicina; Maxwell J. Mehlman, profesor de derecho; y el Dr. Stuart Youngner, profesor de bioética.

El trío escribió que las vacunas COVID-19 deben ser gratuitas, no se deben otorgar exenciones religiosas y se deben imponer sanciones a las personas que se niegan a cumplir.

“Será necesaria una amplia inducción de inmunidad en la población mediante la inmunización para poner fin a esta pandemia”, escribieron los autores. Enumeran formas de castigar a quienes se niegan, incluida la pérdida de créditos fiscales, la negación de beneficios gubernamentales no esenciales, la sujeción a primas de salud más altas, la negación de la entrada en el transporte público y comercial y la evidencia de inmunización para ingresar a los auditorios públicos y privados.

El multimillonario tecnológico Bill Gates, quien es un gran defensor e inversor en vacunas, está utilizando su fundación para trabajar con “todos los grupos que realizan diagnósticos, terapias y vacunas para asegurarse de que se prioricen los esfuerzos correctos”, escribió en una sesión de preguntas y respuestas de Reddit en marzo.

“Para el mundo en general, la normalidad solo regresa al haber vacunado, en gran parte, a toda la población mundial”, dijo Gates durante una entrevista en abril con el Financial Times.

“Con el tiempo, tendremos algunos certificados digitales para mostrar quién se ha recuperado o se ha hecho pruebas recientemente, o cuando tengamos una vacuna, quién la ha recibido”, escribió en la sesión de Reddit.

“Está bastante claro que el impulso [de las vacunas] va a ser [algo] extremadamente difícil”, dijo Mary Holland, consejera general de Defensa de la Salud Infantil. Ella ha luchado contra las vacunas obligatorias para los niños, especialmente para aquellos que son médicamente frágiles.

“Creo que, si las personas obtienen información completa, y es voluntaria, y cumple con el requisito fundamental de la medicina ética del consentimiento previo libre e informado, no tengo objeciones si las personas realmente saben en lo que se están metiendo y luego aceptan los riesgos asociados con eso. No tengo ninguna objeción a eso, ese es el derecho de un individuo a tomar esa decisión”.

El entusiasmo público por recibir una vacuna COVID-19 ha disminuido en los últimos meses. Una encuesta realizada en mayo encontró que alrededor del 50 por ciento de los estadounidenses dijeron que recibirían una inyección de la vacuna COVID-19, mientras que el 20 por ciento dijo que no, y el 30 por ciento estaba indeciso. La encuesta, realizada por The Associated Press-NORC Center for Public Affairs Research, refleja opiniones similares con respecto a la vacuna contra la influenza de 2019.

Una encuesta más reciente de CBS News, publicada el 6 de septiembre, encontró que el 21 por ciento recibiría una vacuna gratis lo antes posible, mientras que otro 21 por ciento dijo que no lo haría, y el 58 por ciento dijo que consideraría una vacuna, pero esperaría para ver cómo había funcionado para otros.

Decisión de la Corte Suprema del año 1905

La decisión de la Corte Suprema que se utiliza como precedente en la mayoría de los casos de vacunación obligatoria en la actualidad es el caso de 1905, Jacobson v. Massachusetts. En ese caso, la Corte Suprema confirmó un mandato de vacunación contra la viruela en Massachusetts y permitió que se impusiera una multa de USD 5 al acusado, que se negó a vacunarse.

Al mismo tiempo, el tribunal advirtió que tales mandatos podrían derivar en el abuso de los poderes policiales, pero confirmó la decisión porque las decisiones de vacunación se tomaron a través de las legislaturas estatales, lo que permitió a los ciudadanos un proceso democrático.

Sin embargo, desde 1905, divisiones de agencias federales han sustraído a los ciudadanos del proceso y muchos estados simplemente adoptan las recomendaciones de los CDC o NIH, sin celebrar audiencias, dijo Holland.

Citó un caso de sarampión de 2019 en Nueva York.

“En junio de 2019, se derogó la exención religiosa a la vacunación debido a los brotes de sarampión que se dieron en los miles de casos. Ciertamente no fue en todo el estado, ningún niño murió, un puñado fue hospitalizado”, dijo Holland.

“Pero no hubo un solo debate en la legislatura. [La exención religiosa] simplemente fue derogado sin una sola audiencia”.

Holland dijo que continuará luchando contra las órdenes de vacunación obligatorias en los tribunales, incluida una posible orden de vacunación obligatoria para COVID-19.

“Nunca ha sido lícito participar en la vacunación forzosa, o participar en la exclusión social de facto y el exilio interno de personas que no están vacunadas, privándolas de la capacidad de ir a la escuela, ir a lugares de trabajo, de subir a un autobús o a un avión”, dijo. “Para mí, eso es una grave violación de la Constitución de Estados Unidos”.

Holland dijo que hacer que una vacuna sea obligatoria, al tiempo que se otorgan indemnizaciones a las compañías farmacéuticas, es “muy injusto”.

Según la Ley de Preparación Pública y Emergencia (PREP), cualquier empresa que desarrolle, fabrique, pruebe, distribuya o utilice un tratamiento durante una emergencia de salud pública nacional no puede ser fácilmente considerada responsable de ningún daño que pueda causar. Las víctimas de los efectos secundarios y las lesiones tendrían que demostrar que la empresa mostró “mala conducta intencional” y los juicios se llevarían a cabo en privado.

Etapas de desarrollo de la vacuna

El CDC afirma que las vacunas generalmente se someten a extensas pruebas de laboratorio durante varios años antes de que se prueben en personas. “Una vez que comienzan las pruebas en las personas, pueden pasar varios años más antes de que se completen los estudios clínicos y se autorice la vacuna”, afirma el CDC en su sitio web.

Sin embargo, las vacunas que se están desarrollando actualmente para el SARS-CoV-2, el virus que causa el COVID-19, tienen una autorización de vía rápida, lo que les permite pasar a ensayos clínicos en humanos en cuestión de meses, a menudo omitiendo la etapa de prueba en animales.

Las vacunas no están sujetas a estudios de tipo, doble ciego, que incluyen placebos, los cuales se consideran los más rigurosos científicamente.

El CDC describe seis etapas para el desarrollo de una vacuna: exploratoria, preclínica, desarrollo clínico, revisión y aprobación regulatoria, fabricación y control de calidad.

Después de que los investigadores prueban nuevos tratamientos o procedimientos en el laboratorio y en animales, los tratamientos más prometedores se trasladan a ensayos clínicos, según los NIH. Durante el desarrollo del ensayo clínico, la vacuna se prueba progresivamente en más personas durante tres fases.

Luego, si la FDA determina que una vacuna es segura y eficaz, y que los beneficios superan los riesgos, autorizará el uso de la vacuna. El comisionado de la FDA, Dr. Stephen Hahn, dijo en julio que su agencia daría luz verde a una vacuna, siempre que sea segura y tenga al menos un 50 por ciento de efectividad.

A nivel mundial, actualmente se están probando 62 vacunas o tratamientos para COVID-19 en humanos, según el sitio web de ensayos clínicos de los NIH.

El 1 de julio, la firma de biotecnología alemana BioNTech y el gigante farmacéutico estadounidense Pfizer dijeron que su vacuna ha mostrado potencial y se encontró que era bien tolerada en ensayos con humanos durante la etapa inicial.

La empresa de biotecnología Moderna anunció los resultados de sus ensayos en humanos de fase uno el 18 de mayo, citando “datos clínicos provisionales positivos”.

Moderna no dio a conocer sus datos para una revisión independiente, pero dijo que el 17 por ciento de sus sujetos de prueba habían desarrollado anticuerpos que pueden protegerlos del COVID-19. El ensayo se llevó a cabo en 45 personas, de las cuales cuatro sufrieron reacciones adversas de grado 3, que el HHS describe como “graves o de importancia médica, pero que no ponen en peligro la vida de inmediato”.

La compañía señaló que la FDA nunca ha aprobado un producto que utilice la tecnología de ARN mensajero que utiliza en su vacuna. El propósito del ARNm es dirigir al cuerpo para que produzca ciertas proteínas. Entonces se supone que el sistema inmunológico responde a esas proteínas emitiendo una respuesta protectora si encuentra el virus COVID-19.

Un técnico de laboratorio supervisa la producción y el suministro a gran escala de una vacuna candidata COVID-19, en la planta de fabricación de productos biológicos Catalent, en Anagni, al sureste de Roma, el 11 de septiembre de 2020. (Vincenzo PINTO/AFP a través de Getty Images).

Vacunas contra el coronavirus y la influenza

Después de la pandemia de SARS de 2002, los científicos intentaron desarrollar diferentes vacunas. Ninguno pudo pasar de la fase de experimentación con animales, uno causó hepatitis en hurones y otros causaron graves complicaciones pulmonares en ratones. Una preocupación con las vacunas para dichos virus es que los anticuerpos producidos por la vacuna pueden hacer que el sujeto se enferme aún más si se infecta en el futuro (lo que se conoce como “mejora inducida por anticuerpos”).

Aunque nunca se ha desarrollado con éxito una vacuna para un coronavirus, la comparación más cercana disponible es la vacuna contra la gripe, que los CDC recomiendan anualmente para todas las personas mayores de 6 meses.

La Dra. Sherri Tenpenny, una médica certificada con sede en Ohio, ha pasado 20 años investigando problemas con las vacunas. Ella analizó 19 años de datos sobre la influenza de los CDC y encontró que la agencia ahora análiza más de 600,000 hisopos de personas que tienen síntomas similares a los de la gripe cada año.

De los 600,000 hisopos, un promedio del 15 por ciento son positivos para el virus de la influenza, que es para lo que se desarrollan las vacunas contra la influenza.

“El resto, el 85 por ciento de las veces, lo que te enferma es algún otro virus, no la influenza”, dijo Tenpenny. Los coronavirus son atribuibles a alrededor del 40 por ciento de ese 85 por ciento, dijo.

“Hay 36 coronavirus conocidos, cuatro que causan habitualmente el 40 por ciento de las enfermedades año tras año, y tres cepas que se etiquetan como cepas pandémicas: la que causó el SARS, la que causó el MERS y ahora, la que causó la CoV del SARS. 2”, dijo Tenpenny a The Epoch Times. “Creemos que hay algunas proteínas en la superficie de este virus que lo hacen un poco más virulento, pero todavía pertenece a la misma familia de coronavirus”.

El CDC dice que la vacuna contra la gripe puede reducir el riesgo de contraer la gripe entre un 40 y un 60 por ciento durante las temporadas en las que la vacuna se adapta bien a la mayoría de los virus de la gripe circulantes.

“Durante los años en los que la vacuna contra la influenza no se adapta bien a los virus de la influenza en circulación, es posible que se observe poco o ningún beneficio de la vacunación contra la influenza”, afirma la agencia en su sitio web.

Un estudio reciente, que aún no ha sido revisado por pares, encontró que una vacuna COVID-19 necesitaría tener una eficacia de, al menos, el 70 por ciento para “prevenir o extinguir en gran medida” una epidemia sin otras medidas como el distanciamiento social.

Antes de aceptar una vacuna, Tenpenny anima a las personas a informarse sobre los efectos secundarios frente a los riesgos de contraer o transmitir COVID-19.

“Porque si tomo la vacuna, asumo todos los riesgos de esa inyección”, dijo.

El CDC dijo que recibe alrededor de 30,000 informes de lesiones por vacunas cada año. El sistema de informes es voluntario y las estimaciones sugieren que captura alrededor del 1 por ciento de todos los efectos adversos, según un informe de Harvard Pilgrim Health Care, Inc.

La mayoría de los informes son de efectos secundarios leves, pero los CDC dicen que entre el 10 y el 15 por ciento de las reacciones adversas incluyen discapacidad permanente, hospitalización, enfermedad potencialmente mortal o muerte.

Los CDC no respondieron a una solicitud de The Epoch Times para comentar si recomendaría que los estados hicieran obligatoria la vacuna COVID-19.

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