¿Por qué perdió Xóchitl Gálvez en México?

Por Gerardo De la Concha
08 de junio de 2024 2:47 PM Actualizado: 08 de junio de 2024 2:49 PM

Opinión

La derrota de Xóchitl Gálvez como candidata de la oposición oficial fue contundente. Y al mostrarse en el recuento de los votos del 60% de las casillas que la enorme diferencia entre la ganadora Claudia Sheimbaum y ella se mantiene, incluso el mítico fraude cibernético cubano-ruso queda en descrédito.

Y la necesidad de un análisis sobre este resultado surge cuando se contrasta con el hecho de que en quince grandes capitales de estados del país, la coalición opositora ganó las presidencias municipales. Incluso en nueve estados gobernados por Morena.

Esto muestra un fenómeno: voto dividido. El electorado en esos lugares eligió mayoritariamente al candidato opositor local, mientras su voto se lo negó a la candidata opositora a la presidencia.  En esas plazas ganó Claudia Sheinbaum, entonces rechazaron a Morena local pero apoyaron  a su candidata a la presidencia.

¿Por qué no ganó ahí también Xóchitl Gálvez? La única explicación consistente es que la campaña presidencial opositora fue muy mala. Esta versión es más cercana a la realidad que otras especulaciones, o el hecho evidente de que hubo abusos por parte del gobierno federal al adelantar tiempos, financiar una costosa precampaña y, sobre todo, mantener una grosera y abierta intervención presidencial.

Pero ese intervencionismo no fue suficiente, e incluso habría victimizado a su favor a la candidata opositora si es que ésta hubiera tenido una campaña a la altura del desafío asumido. La realidad es que no fue así.

Cuando Xóchitl Gálvez tuvo todos los reflectores encima —luego de que retara al Presidente Andrés Manuel López Obrador sobre que no estaba en contra de los programas sociales— en lugar de aprovechar denunciar  la violación a la dignidad de los beneficiarios de programas sociales —a quienes se presiona vía los ilegales “Servidores de la Nación”, a que rindan culto a la personalidad del presidente y voten por Morena, otra ilegalidad—, Xóchitl comenzó en cambio la campaña de difusión de su historia personal, con la anécdota de que vendió gelatinas y tamales.

Los expertos propagandistas del gobierno tomaron el tema y difundieron en las capas sociales desfavorecidas, que había una señora opositora quien decía que “se había hecho millonaria vendiendo gelatinas”. El encono y la burla fueron épicos.

Y la campaña oficial de Xóchitl Gálvez —que comenzó atropelladamente con sus asesores publicistas y ex funcionarios de Alfredo del Mazo:  Carlos Mandujano, Aldo Campuzano y Pico Covarrubias, con la super estrella, Roberto Trad, recién traído de ser el consultor de la “brillante” campaña de Alejandra del Moral, señalada de haber sido manipulada precisamente por el último gobernador priista de Edomex para entregar la plaza—, escogió como tema para el primer anuncio precisamente… el de las gelatinas.

A partir de ahí los altibajos de esta campaña pueden ser analizados para demostrar cómo no se hace una campaña política: el desorden, la falta de estrategia, de mensaje, de manejo de temas sustantivos, de conexión con el sentir de las grandes masas, de debate político, de desvinculación con los grupos influyentes, de falta de disciplina de la candidata, fueron realmente patéticos.

A la candidata la vimos bailotear, cocinar, decir expresiones folklóricas, divagar. Pero también vimos una Xóchitl que parecía poder emerger de pronto como una líder para oponerse a un gobierno con demasiados negativos en aspectos decisivos para la vida colectiva, como la seguridad, la salud y la educación.

Fue la Xóchitl que despertaba esperanzas, en tres momentos: 1. Cuando al comenzar su campaña en Fresnillo, Zacatecas, abrazó con evidente empatía a la madre de un desaparecido. Esa foto debió ser emblemática de su campaña y no la tomaron en cuenta. 2. Cuando pronunció un discurso de buena retórica con los postulados de Vida, Verdad, Libertad. 3. O en el segundo debate.

Pero esos buenos momentos eran enterrados rápido. Y la campaña caía de nuevo en la típica campaña electoral de muy bajo nivel, asesorada por publicistas, mercadólogos o consultores sin capacidad alguna para enfrentar a los poderosos equipos nacionales e internacionales de estrategas contratados por el gobierno.

Y hubo otros detalles delicados como el hecho que Xóchitl Gálvez se reivindicara como una candidata ciudadana y estuviera rodeada por los mismos de siempre, figuras políticas en gran parte ya desgastadas.

Y en la oposición existen personajes también con trayectoria, pero sin ese desgaste. Aunque no hubo nadie nuevo, ningún ciudadano. Ella no aplicó lo que le sucedió para entrar a la política: ser descubierta. Su campaña no descubrió a nadie y eso la perjudicó.

Lo peor y extraña que nadie se lo hubiera dicho, pero fue mala idea suya nombrar en puestos de campaña a sus hijos. Aquí y en China eso es nepotismo. Y con ese antecedente se denunciaba a los hijos del presidente, involucrados en los negocios de gobierno.

Una campaña sin estrategia, sin temas centrales, coincidiendo con la propaganda negra del gobierno de que sólo se buscaba el regreso del pasado que la sociedad ya rechazó; sin conexión con  las franjas de la población que se han conformado con un gobierno que algo les da y punto; sin propuestas, sin extender las emociones de los segmentos activos de la clase media que apostaron por ella y que ahora han sido decepcionados.

Algunos presidentes municipales, especialmente los de quince capitales importantes del país, la entusiasta nueva gobernadora de Guanajuato, o el senador de la entidad, el enclave de resistencia de Aguascalientes, los senadores opositores de Chihuahua, los alcaldes de Miguel Hidalgo o Benito Juárez en la Ciudad de México y sus campañas callejeras, ahí van a estar listos a continuar la lucha disidente, mientras que esta campaña presidencial tristemente no estuvo a la altura de lo que se requería.

Me parece que la sociedad civil —más que el INE—, que entregó tiempo y ánimo, que se manifestó con emotividad y esperanza, tiene derecho a exigir que se haga una auditoría a las campañas de los tres partidos y a la campaña específica de Xóchitl Gálvez.

Se trata en conjunto de $1,900 millones de pesos. Como ciudadanos hay ese derecho. Frente a un gobierno opaco y con una campaña en la que no se vieron aplicados recursos de ese tamaño, los organismos de la sociedad civil que apoyaron a Xóchitl Gálvez deben formar una comisión especial para que se haga esa auditoría. El buen juez por su casa empieza.


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Las opiniones expresadas en este artículo son propias del autor y no necesariamente reflejan las opiniones de The Epoch Times

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